"Ágata ojo de gato",
Barral Editores, S.A. Barcelona, 1974.
José Manuel Caballero Bonald

Mapa Imaginario               
Mapa imaginario de España
ARGÓNIDA

por Leopoldo de Trazegnies Granda

        Mapa Imaginario
        En el extremo sur del Coto de Doñana, en la antigua Onuba, se encontraba la mítica laguna de Argónida que a lo largo de los últimos milenios se fue convirtiendo en las actuales marismas de Malcorta y Salgadera. La comarca fue originariamente poblada por tartesos y luego por tribus procedentes de Africa, sin que dejaran huellas reconocibles en la superficie porque los cienos y densos lodos marismeños se encargaron de disimular el brillo de sus primitivos tesoros.

        Las extensas playas atlánticas, que siguen nombrándose como costas de Matafalúa y de los Moriscos, se rompen en caños salinos que hunden sus dedos claros entre matorrales y lucios señalando ciénagas de lindes imprecisos, como espejismos, capaces de reflejar los comportamientos más irracionales de hombres y bestias. La comarca era un mundo de ambiguas formas, sin casi referencias espaciales ni humanas, donde habitaban en sorda pugna las pasiones de los hombres y la lujuria de la naturaleza.

        En esa franja costera, al medio día, el cielo se blanquea en tal grado que se abren puntos ciegos en el horizonte, como túneles de luz que atraviesan las aves migratorias, dejando las charcas en penumbra. En tanto que de noche los esteros se cubren con una pesada negrura a ras de tierra, cual lenta marea de caparazones de artrópodos y ceniza que se enrosca en las piernas de los viandantes errabundos; algunos han contado que al cruzar aquel desértico paraje no eran capaces de distinguir los cordones de sus alpargatas, aunque eso no les impidiera divisar las estrellas.

        Entre los extraordinarios habitantes solitarios que pulularon por esas tierras bajas, uno de ellos fue conocido como El Normando, extraño ser encerrado en el duro mutismo de las peñas que apareció un día sin que se supiese de dónde provenía y desapareció probablemente transmutado en fango.

        Malcorta era el pueblo frontera de tierras más altas y escenario de tratos mercantiles, paritorio de mujeres de la marisma y lugar donde dirimían sus pleitos los hacendados. Situada entre la breña y el vado del caño Cleofás, hacía funciones de aduana y mercado a todo lo ancho de las ciénagas porque era paso obligado para el que viniera del norte con intención de adentrarse en los pantanosos páramos. Principalmente los que allí recalaban eran braceros y temporeros para las faenas del mimbre, pero esporádicamente llegaban arúspices, nigromantes, orífices, hierofantes, supuestos intérpretes de los misterios del mundo y algunas hetairas trashumantes que se desplazaban por la comarca ofreciendo placeres más físicos e inmediatos.

        En el lado oriental de la comarca se hallaba el otro polo de actividad comercial, Zapalejos, situado al borde del sumergido litoral de la laguna de Argónida, en la desembocadura del llamado río Salgadera, la gran vía fluvial a medias navegable. El hecho de encontrarse el puerto en un recodo al abrigo de la mar gruesa, lo hizo beneficiarse de gran actividad pesquera tanto de las almadrabas costeras como de la pesca de altura en latitudes africanas que atrajo abundante y variada inmigración haciendo de él una pequeña urbe bulliciosa y cosmopolita, que contrastaba con la soledad de los humedales del interior. De este pueblo era originaria la muchacha mestiza de calabrés y morisca que, a su pesar, El Normando la llevara por compañera durante los tenebrosos años que se hundió por las marismas alienado en sus telúricas obsesiones y con la que instauró en los médanos la insólita casta de los Lambert, familia que sufrió durante tres generaciones toda suerte de prodigios afortunados y desastrosos.

        Existen además otras dos pequeñas poblaciones o aldeas en el perímetro septentrional de la mágica laguna argonidense, estas son la Tabla del Condado y Los Albarranes. Una ruta periférica enlaza estos poblados con Benalmíjar y los montes de Alcaduz, y se estrecha en los esteros sureños convertida en simple trocha para atravesar los páramos y ciénagas, abruptamente ayuntados, que mueren en el puerto de Zapalejos.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 15/1/2006

 

 

 

 

 

 

 

 

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