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(Mario's dream)                

EL SUEÑO DE MARIO

Leopoldo de Trazegnies Granda          

PRELIMINARES DE LA NOVELA (30/12/2008)

EL SUEÑO DEL CELTA

AUTOR: Mario Vargas Llosa
Alfaguara. Madrid, 2010

          Indudablemente cuando Mario Vargas Llosa abandonó a su maestro, el historiador peruano Raúl Porras Barrenechea, para dedicarse al periodismo y a la literatura, el mundo perdió a un magnífico historiador y ganó a un novelista de éxito.

          En vísperas de Navidad y después de recibir el premio Nobel de Literatura, MVL, ha presentado al fín su última novela "El sueño del celta". Lo primero que llama la atención es la minuciosa documentación de la que hace gala, sin duda, vestigios de su primeriza vocación, aunque eso recargue la novela con detalles innecesarios que el lector avisado se salta sin menoscabo del argumento.

          El reciente premio Nobel ha querido sumergirse en ese infierno de atrocidades que fueron las colonias europeas en África y Asia y en este caso concreto en el Congo Belga de principios de siglo y en las explotaciones caucheras del Amazonas. Vargas Llosa ha repetido en múltiples ocasiones que el novelista escribe lo que le hubiera gustado vivir. En esta novela no parece cumplirse ese postulado, más bien parece una denuncia de la crueldad, injusticia y voracidad del colonialismo europeo, que seguramente a él no le hubiera gustado vivir como lo hizo su protagonista Roger Casement.
     
 

Mario Vargas Llosa acompañado
del ultraderechista Aznar y de su sucesor
Rajoy en la entrega del premio FAES.

          Es verdad que África era un infierno: un infierno de hambre, de enfermedades, de ignorancia, de violencia, de crueldad entre las distintas tribus... y como si esto fuera poco Europa la colonizó en el siglo XIX para explotarla inponiendo a los indígenas un régimen de casi esclavitud. Lo paradójico es que Europa justificaba la colonización con el pretexto de suprimir la venta de esclavos que continuaba desarrollándose desde que la instauraran en el siglo XVI los "negreros" portugueses, ingleses, holandeses y españoles para llevar mano de obra barata a América. El objetivo era transmitir la civilización y misericordia cristianas a un continente tan revuelto y ensangrentado por enfrentamientos tribales. Pero parece ser que nada de esto le interesaba a las codiciosas empresas privadas que descubrieron en el caucho una forma rápida de enriquecerse a costa de la salud, vida y costumbres de los indígenas. Y todo esto sucedió con el beneplácito de los gobiernos implicados.

          Roger Casement, aunque de origen irlandés, es el cónsul británico en plaza. Este funcionario, al conocer la auténtica realidad del Congo Belga se afana en preparar un informe sobre los horrores cometidos por los caucheros en Africa, informe dirigido al gobierno de su Majestad Británica para que detenga las barbaridades que se están cometiendo bajo la anuencia de las autoridades. Para completar su informe viaja por el territorio hasta el Alto Congo donde se ha llegado a límites inconcebibles de deshumanidad.

          Aunque la novela narra las experiencias del funcionario británico en tercera persona, está escrita en el estilo rígido y protocolario que tanto le gusta a Vargas Llosa y que ensayó en novelas anteriores como eran los "partes" del capitán Pantoja en "Pantaleón y las visitadoras". De esto se desprende que el lector por momentos pierda la noción de que está leyendo una novela y le parezca estar leyendo un tenebroso informe sobre la colonización de África.

          Pero el autor poco a poco nos va introduciendo en la ficción desvelándonos aspectos ocultos del protagonista. A base de certeras pinceladas nos descubre las primeras inclinaciones homosexuales de Roger ante los musculados muchachos de raza negra que trabajan acarreando bultos y también su paulatina conversión al nacionalismo irlandés, hasta terminar en el primer caso en supuestas aberraciones sexuales pedófilas y en el segundo en un activista traidor al Imperio Británico colaborando con los alemanes. De forma muy sutil, MVL, nos muestra el aspecto detestable de su protagonista que sin embargo tuvo el rasgo humanísimo de preocuparse por los trabajadores esclavizados del Congo en la primera parte de su vida, y del Amazonas, en la segunda.

          Durante toda la novela, el Bien y el Mal juegan como una interrogación que no termina de despejarse, lo que no evita que por momentos sea una historia entre buenos y malos que a veces cae en un maniqueísmo superficial. Por ejemplo, al referirse a dos ciudades casi vecinas como son Leopoldville y Brazaville, la Leopoldville belga era la "mala", donde se cometían abusos intolerables, en cambio Brazzaville, la francesa, era la "buena" donde el angustiado Roger podía ir a buscar serenidad para sus angustias existenciales. Pero no sólo contrapone las dos capitales de las colonias del Congo, hay también un contrapunto permanente entre la maldad de los belgas y la bondad de los británicos, como si los aventureros de la pérfida Albión hubieran sido unos angelitos en sus colonias.

          Mientras los belgas explotaban el llamado Congo Belga, los franceses dominaban un extenso territorio conocido como la "Françafrique". Una de las herencias que dejaron los franceses en esos territorios fueron las guerras entre tutsis y hutus que han constituído uno de los mayores genocidios perpetrados en la historia de África donde murieron 937.000 (novecientos treintaisiete mil) tutsis a manos de los hutus, por el que el gobierno francés fue acusado formalmente ante la ONU. Y no estamos hablando del siglo XIX, sino del XX.

          Pero si hablamos de las colonias británicas se nos pone el vello como escarpias al conocer los detalles de la forma que en el siglo XIX los británicos introdujeron el opio en China desde sus colonias en la India para crear un millonario mercado de drogadictos en Asia. El intento del gobierno chino de evitar la corrupción de su pueblo a través del opio indo-británico dio lugar a la llamada guerra del opio entre la Compañía Británica de las Indias Orientales y el Imperio chino. La victoria británica permitió sojuzgar comercialmente el amplio territorio asiático por los británicos que aprovecharon para introducir libremente el opio creando uno de los mayores desastres sociales en una población de muchos millones de habitantes, y quedarse como botín la ciudad de Hong Kong y unos suculentos beneficios económicos a costa de la salud de los chinos.

          Roger Casement parecía ignorar los abusos perpetrados por los súbditos de su Majestad Británica en lugares no muy apartados de donde él desarrollaba su función consular. Para él "el Imperio británico estaba a la vanguardia de Europa y había que sentirse orgullosos de ser parte de él y del trabajo que cumplían en la Elder Dempster Line", a pesar de que su padre, el capitan Casement había luchado a bayoneta calada con las tropas británicas coloniales en Afganistán para invadir y someter el territorio afgano que después de varias encarnizadas guerras pasó a ser un protectorado británico que duró hasta 1919.

          Está claro que la aparente campaña "civilizadora" de los países europeos en Asia y África fue un desastre y sólo sirvió para que se lucraran con las riquezas de sus colonias sin respetar a sus habitantes, tratándolos en la mayoría de los casos como simples animales y dejando tras de sí hambruna y muerte.

          En la primera parte de "El sueño del celta", MVL, emulando a Conrad, concentra su atención en la actividad abusiva de los caucheros en una de las márgenes del río Congo. En la segunda parte, lo hará en las orillas del río Putumayo en la Amazonía peruana donde fue destinado el ya veterano Roger Casement.

          Si en el Congo, Roger Casement, se había escandalizado viendo cómo los europeos hacían trabajar a latigazos a los africanos, permitiendo -si no fomentando- la rivalidad para sobrevivir y la violencia entre ellos como si fueran bestias salvajes, en la selva peruana le esperaban horrores aún más infernales perpetrados por los propios peruanos. En Putumayo vio cómo castigaban a los indios cortándoles las manos, las orejas, las narices y sus miembros viriles, cómo los mataban por pura diversión haciendo tiro al blanco sobre ellos, como hacían "razzias" en los poblados de indios que se negaban a trabajar para la Peruvian Amazon Company. El castigo consistía en meter a los indios maniatados en sacos terreros, rociarlos con gasolina y prenderles fuego para que ardieran como teas. La mayoría morían asfixiados, algunos lograban apagar el fuego arrastrándose por la tierra y salvaban la vida pero quedaban marcados por terribles quemaduras, otros se tiraban al agua del río y morían ahogados.

          El protagonista de la novela de Vargas LLosa aunque no advierta la nefasta labor "civilizadora" de Gran Bretaña en África y Asia, empieza a tomar conciencia paulatinamente de la injusticia que supone el trato británico vejatorio a su pueblo irlandés. Es decir, descubre que "el corazón de las tinieblas" no sólo está en el Congo Belga sino también frente a las propias costas británicas: en Irlanda. Al igual que los belgas abusan de los africanos en el Congo, los británicos abusan de los irlandeses de su isla vecina. Es una ecuación un poco forzada, pero se convierte en el germen de su nacionalismo celta que lo llevará a una cárcel británica y a enfrentarse con una condena a muerte por traición. Es entonces cuando empieza la novela "El sueño del celta".

          No creo que se pueda considerar esta obra como la mejor novela salida de la pluma del escritor peruano, parece más bien una novela de "corta y pega" de acontecimientos muy alejados de la esfera del autor, de situaciones buscadas más en función de sus planteamientos políticos internacionales que de su literatura. Carece de la autenticidad de algunas de sus obras anteriores. Sólo en la segunda parte de "El sueño del celta" que sucede en la Amazonía peruana parece cobrar la historia mayores visos de realidad, tal vez porque el autor conoce bien las circunstancias en esas latitudes amazónicas que describió admirablemente en otras novelas.

          A la novela le sobran por lo menos doscientas páginas, es decir, toda la primera parte. Si Vargas Llosa se hubiera limitado a contar lo que sucedía en la Amazonía peruana hubiera quedado como el Conrad de Latinoamérica, pero repetirnos la historia del Congo que ya fue magistralmente contada por Conrad es redundante. En el mejor de los casos hubiera podido hacer referencias a lo vivido por Roger Casement en África pero en mi opinión no justificaba dedicarle la mitad del libro, a no ser que fueran exigencias del editor para que la obra llegara a las cuatrocientas páginas.


PRELIMINARES DE LA NOVELA (30/12/2008)

          Mario Vargas Llosa anuncia a sus lectores una nueva novela que llevará el título de "El sueño del celta" que versará sobre el Congo Belga y en su artículo "La aventura colonial" publicado en el diario El Comercio (Lima, 28/12/2008) tiene la cortesía de exponer a sus lectores cuál es su visión sobre el África subsahariana que él honestamente declara desconocer todavía y que tiene intención de visitar próximamente.

          Con esta novela el escritor peruano pretende internacionalizar sus temas ya que con excepción de "La guerra del fin del mundo" que sucede en un país limítrofe al Perú y la novela sobre el dictador dominicano, su narrativa se ocupa principalmente de temas auténticamente peruanos. Tal vez piense que esta circunstancia le ayudará a convencer a los miembros de la Academia Sueca porque el sueño de Mario es ganar el Premio Nobel.

          La colonización del Congo por los belgas es un tema que al escritor peruano le viene preocupando desde hace varios años. Ya en 2001, a raíz de la invasión de Afganistán por los norteamericanos, escribió otro artículo titulado "Viaje a las tinieblas" en su prestigiosa columna "Piedra de toque" que aparece en varios periódicos del mundo. En dicho artículo, parafraseando a Joseph Conrad, Mario Vargas Llosa intentaba responsabilizar de la situación afgana a los países colonialistas europeos. No le podemos quitar la razón cuando culpa a los europeos de un comportamiento inhumano en sus colonias, de la degradación cultural a la que las sometieron y de su explotación económica sin beneficiar a la población autóctona, pero es dudoso que esa situación inadmisible en África sea la causa del terrorismo islámico en Asia. MVL ilustra su teoría poniendo como ejemplo la colonización realizada por Bélgica que como Portugal, Francia, Italia, Holanda y España mantuvieron territorios en otros continentes, pero sorprendentemente se "olvida" del más grande Imperio colonial de los siglos XVIII y XIX, que entre otras cosas invadió Afganistán en tres ocasiones para asegurar estratégicamente sus colonias en la India y lo abandonó definitivamente en 1921 dejando un territorio dividido y turbulento.

          El escritor palestino Edward W. Said también se refiere en parecidos términos a la invasión afgana por los Estados Unidos, pero en lugar de plantearse las causas en un "choque de civilizaciones" al estilo de Huntington, la enfoca como como un "choque de ignorancias". Said le dedica un párrafo a Conrad sólo para demostrar "que las distinciones entre el Londres civilizado y 'el corazón de las tinieblas' se venían abajo a toda velocidad en situaciones extremas". Es decir, que los "civilizadores" pueden convirtirse en más bárbaros que los indígenas a civilizar. En cambio MVL, en un alarde retórico, intenta desviar el curso del río Congo de Africa Central y llevárselo a Asia para hacerlo pasar nada menos que por Afganistán y desentierra a un rey con posesiones privadas en Africa de hace dos siglos para presentarlo como un fanático sanguinario que sólo piensa en su enriquecimiento personal y que al fin y a la postre es el auténtico responsable del enfrentamiento entre el mundo Árabe y Occidente, es decir, el culpable del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.

          El argumento así expuesto es bastante forzado porque la colonización de África por los países europeos poco tiene que ver con la realizada en Asia por Gran Bretaña. Pero parece que el autor de "La guerra del fin del mundo" en su afán por buscar las raíces del terrorismo islamista se pierde en las "tinieblas londinenses" de Joseph Conrad y no alcanza a atravesar el smog político. Por un lado, parece no percibir que no sólo los belgas se portaron en sus colonias como verdaderos salvajes, sino también todos los paises colonialistas incluídos los anglosajones; pero además, lo que considera reprobable en el pasado no lo aplica al presente y acepta la invasión armada de Afganistán e Irak por parte de Norteamérica como algo necesario o inevitable. Es una visión bastante sesgada e incompleta la que nos presenta el novelista peruano.

          Es obvio que las claves de la situación árabe actual no se encuentran en el libro de Joseph Conrad que describió la situación paupérrima de los africanos bajo una colonia europea, sino, en todo caso, en el colonialismo británico de la India, Pakistán, Afganistán, Sudán o Birmania en donde no sólo se cometían las mismas atrocidades que en Africa sino que además se decidía la formación de los pueblos de forma artificial, mediante migraciones masivas entre ellos para dividirlos y separarlos de sus raíces creando una situación política sólo sostenible a través de una tiranía extranjera, que al desaparecer los ha convertido en auténticos polvorines.

          Pero MVL parece que pasa por alto estos "detalles", no percibe las condiciones en las que el más grande imperio colonial de la historia, Gran Bretaña, mantenía a los pueblos que explotaba. La mayoría de los conflictos étnicos y religiosos que se han producido en el mundo árabe en los últimos años tiene su origen en los guetos creados por los británicos con la población autóctona que oprimían. Este "olvido" del escritor peruano dice mucho y bien de él ya que no quiere herir los sentimientos del país donde reside y se gana la vida, pero evidencia la sistemática parcialidad de su pensamiento en razón de sus propios intereses.

          En su tenebroso análisis del conflicto afgano, el candidato al Premio Nobel de literatura, ignora también el colonialismo bélico y económico que se está llevando a cabo en nuestros días por parte de Norteamérica en su intento de sustituir al Reino Unido en sus antiguos dominios árabes. Un ejemplo claro ha sido el armamento que Estados Unidos le proporcionó a Irak para emplearlo contra Irán, la colaboración de Bin Laden con la CIA y posteriormente la invasión de Irák sin el consentimiento de la ONU alegando dos razones falsas: la fabricación de armas de destrucción masiva en suelo irakí y el apoyo al terrorismo de Al-Qaeda por parte de Saddam Hussein.

          Aunque al pensamiento vargasllosiano pro globalización norteamericana le cueste reconocerlo, quien ha desatado la ira islamista sin lugar a dudas ha sido el moderno heredero del Imperio Británico, país que él tanto admira en su versión "maiamera" y no las antiguas colonias europeas de África como pretende demostrar. La miseria y el abandono de África es escandaloso y se debe al colonialismo europeo, pero el terrorismo islamista asiático no tiene ninguna conexión con los africanos sub saharianos que jamás han mostrado agresividad contra Occidente, sino muy al contrario se han adaptado a las culturas que han encontrado en sus migraciones. Por el contrario, el islamismo tiene raíces étnicas y religiosas, de raza y cultura oprimida. No es extraño que el odio fundamentalista del terrorismo islamista se concretara en la destrucción de las Torres Gemelas del centro de Nueva York como símbolo de la civilización que consideran opresora.

          Si "El sueño del celta" de Mario Vargas Llosa desarrolla los planteamientos de los dos artículos mencionados, como nos tememos, se trataría de una novela de tesis que cargaría la mayor responsabilidad de las consecuencias del colonialismo a Europa y eximiría al mundo anglosajón de toda responsabilidad: por una parte al principal Imperio colonialista que fué Gran Bretaña y por otra a los actuales Estados Unidos que han demostrado actuar en Viet Nam, Corea, Afganistán, Irán e Irak con las mismas técnicas diabólicas que antiguamente empleaba el Imperio Británico. Esperemos que no.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 12/11/2010