Ir a la página principal
¿QUÉ HAY DESPUÉS DEL SÉPTIMO SELLO?
Este mundo es invivible y sus habitantes unos canallas. Esta es la tesis de la película El séptimo sello de Ingmar Bergman que me perdí cuando la estrenaron y que acabo de reencontrar en un cine-club cultural.
El protagonista es un caballero, Antonius Blovk, un frío Quijote sueco que vuelve en el siglo XIV de las Cruzadas de Oriente con su fiel escudero. Pero no es un loco como el ingenioso hidalgo manchego, es un Quijote trágicamente cuerdo. Europa se encuentra arrasada por la peste negra, los caminos llenos de asaltantes y malhechores, reina el fanatismo religioso y queman a las “brujas” en los pueblos. Sufrimiento medieval que se puede equiparar al de la sociedad de cualquier época. Actualmente lo que nos aflige es el cáncer, el SIDA, las isquemias cerebrales y cardíacas, el nacimiento de bebés con taras, la leucemia… y los abusos de los poderosos, la injusticia social, la insensibilidad ante la pobreza…
Pero Antonius Blovk no se rebela, no interviene, no intenta desfacer entuertos, únicamente se pregunta con perplejidad por la justificación de tanto dolor. Sabe que ayudar no sirve para nada, no aliviará ni evitará el drama fatal en que vivimos. Comprueba que el pánico atenaza a la humanidad y la lanza irracionalmente en brazos de las religiones monoteístas administradas fanática y frenéticamente por los sacerdotes. Los curas quieren salvarse a costa de sus fieles aterrorizados. La humanidad vive bajo la amenaza del puño inclemente de Dios.
El mundo es un asco, confirma el escudero, ante las atrocidades que presencian. La ausencia del dolor sólo es posible en circunstancias excepcionales, como la de los juglares que encuentra por los caminos y éstos sólo pueden disfrutarlo mientras bailan y cantan sobre los despojos del mundo. Los cómicos no se preguntan nada. Es el máximo de felicidad al que puede aspirar el ser humano.
Antonius Blovk recibe una visita en el camino de regreso a su castillo: la Muerte. Su única defensa es proponerle una partida de ajedrez para retrasar su desaparición, para ganar tiempo. La Muerte acepta y empiezan un combate lleno de trampas. Todos empezamos esta misma partida de Antonius Blovk contra la Muerte en el momento de nuestro nacimiento.
Fascinado por la proximidad de la muerte, el caballero andante se hace una única pregunta de forma obsesiva: ¿Qué hay después de la vida? ¿Existe un mundo de los espíritus? ¿El mundo posterior será tan horroroso como el que soportamos en la Tierra? ¿Estaremos sometidos al mismo sufrimiento, a los mismos terrores que aguantamos en el mundo de los vivos? ¿O después ya no existe absolutamente nada?
|
|
IR A LA PAGINA DE CRITICAS DE CINE
IR A LA PAGINA PRINCIPAL
PAGINA ACTUALIZADA EL 15/11/2011