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Noviembre - Diciembre 2007 Nº 01         Director: Juan Ortiz B.         Revista Bibliográfica Anticuaria Internacional               ◊




ENTREVISTA A Fernando de Trazegnies Granda.
Amante de Libros Antiguos

 
 

Fernando de Trazegnies es un bibliófilo y coleccionista dedicado, sus libros son sus hijos y su biblioteca es su hogar.  Ama el papel antiguo y disfruta de su compañía.  Es así como mediante esta entrevista nos introduce a su universo en el cual el tiempo no se ha detenido.

1. ¿Cómo es que nace su interés en coleccionar libros antiguos?

Mi padre era un gran lector y un gran amante de los libros, categorías que no se identifican pero que deberían siempre complementarse. Él me enseñó a ahorrar mis propinas para comprar libros, a organizar mi primera biblioteca -bastante infantil- cuando tenía 12 años. Todavía conservo el "catálogo" que yo mismo escribí. (Ver reproducción al final de la entrevista).

2. ¿Qué significa para usted ser bibliófilo?

Significa, en primer lugar, tener muchos y muy interesantes amigos. Yo entro a mi biblioteca, paseo la vista por mis libros y los siento vivos, encuentro que me están mirando y que quieren reanudar su conversación conmigo. Me digo que cada uno representa lo mejor de la personalidad de alguien que quiso comunicar algo que para él era importante. Y, como lector, le agradezco los esfuerzos que hizo para escribir y publicar lo que quería transmitirme. Pero, además, ser bibliófilo significa saber que un libro es también una obra de arte en sí mismo, es un objeto sensual que da un placer independiente de su lectura. Tomar una bella edición en las manos, sentir su peso, recorrer con suavidad sus páginas, es casi tan maravilloso como acariciar a una mujer o ensimismarse en la contemplación de un atardecer en el mar. El libro antiguo tiene, por otra parte, una sensualidad particular. Sus páginas ásperas, el olor a viejo, sus rústicas tapas de pergamino o esos empastes de un refinamiento insólito, los grabados, las letras capitales, las sugestivas marcas o divisas del impresor, los sofisticados frontispicios, colas y florones, crean una atmósfera evocativa e inquietante. Además, todo libro antiguo tiene su misterio, tiene una vida oculta al haber pasado de mano en mano quizá dejando huellas de su paso en el espíritu de los sucesivos lectores pero quizá también siendo marcado por las huellas de todos esos seres incógnitos del pasado, que lo amaron y que, muchas veces, dejaron una firma, algo resaltado que les llamó la atención, un comentario fugaz.

3. ¿Existe o existió una sociedad de bibliófilos en el Perú?

La verdad es que yo soy un "bibliófilo anacoreta": me encierro en mi biblioteca con mis amigos los libros y no tengo contacto con otros bibliófilos. Pero hace ya un buen número de años, ese gran librero que fue Sanseviero nos convocó a un grupo de "bibliófilos" para formar una asociación. La idea me pareció interesante porque, como en todo, siempre se aprende más a través del intercambio intelectual con otras personas que conocen el tema; y, a su vez, siempre se disfruta más cuando uno conoce más. Tuvimos algunas reuniones, pero creo que lamentablemente la idea no prosperó.

4. ¿Cuál es la temática que comprende su colección?

Reconozco que soy un lector y un coleccionista ávido y que, a diferencia de quienes hacen colección más con la razón que con la emoción, no me he limitado a un tema específico. En mi biblioteca tengo libros de filosofía como de matemáticas, de literatura y de astronomía, novelas y códigos de leyes, poesía y economía, teatro y política (estos dos últimos temas muchas veces se combinan muy bien…). Sin embargo, debido al tipo de investigación académica que realizo, creo que tengo más libros sobre historia, literatura y derecho.

5. ¿Cree usted que es importante difundir la cultura del libro antiguo en el Perú para generar más coleccionistas? ¿Por qué?

No creo que la bibliofilia pueda convertirse en una afición popular. Muchas personas que realizan trabajos muy importantes en campos científicos o técnicos o en materia de negocios, no requieren consultar muchos libros para ello; consecuentemente, no desarrollan ni desarrollarán nunca un amor apasionado (iba a decir enfermizo) por los libros. A lo sumo, llegarán hasta el estadio de comprar libros de empastes llamativos, por metros, a fin de decorar algún estante de la casa o de la oficina.
Sin embargo, es importante que existan coleccionistas en el Perú ya que, de otra manera, el libro antiguo existente en el país sólo encontrará mercado en las universidades de los países del Primer Mundo y en los coleccionistas extranjeros. Los coleccionistas (me refiero a los verdaderos, no a los comerciantes) salvan el material bibliográfico –y documental, en general- por dos razones. En primer lugar, porque evitan su salida del país al adquirirlos para sus bibliotecas en el Perú. Incluso yo he traído de regreso libros peruanos que he adquirido en el extranjero: Francia, Estados Unidos, Chile, Argentina y hasta Nueva Zelanda. En segundo lugar, porque, aún en los casos (como el mío) en que la colección no tiene una especialidad definida, el coleccionista tiende a agrupar de manera más o menos coherente libros que están sueltos por el mercado y así reconstituye una unidad colectiva de saber (la colección) que andaba desparramada por las calles. Muchas veces, cuando se trata de obras de varios tomos, el coleccionista va comprando tomos aislados conforme los encuentra, con la esperanza de reconstituir la obra en su integridad.

6. ¿Cómo busca nuevas piezas para su colección? (mediante Internet, visita librerías anticuarias)

Las piezas me buscan a mí… Los libros parece que supieran quiénes los aman y los convocan de diversas maneras. En una oportunidad, alguien me llamó por teléfono para decirme que era una persona muy mayor y que tenía libros antiguos que ya no iba a usar; por ese motivo, me invitaba a pasar por su casa para ver si los quería adquirir. Me enseñó un estante lleno de libros de medicina del S. XIX. Pero definitivamente los libros de medicina no me interesan: hay demasiados y su contenido no tiene vigencia alguna en la actualidad. Sin embargo, vi otra vitrina en el lado opuesto de la sala y pregunté qué contenía. Me contestó que eran periódicos y libros para niños, sin ninguna importancia. Por curiosidad me aproximé y terminé comprándome veinte volúmenes de libros de Julio Verne en su primera edición francesa y una colección perfectamente empastada en cinco tomos de la revista "L´Illustration" de París, que cubren toda la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

7. ¿Cuál es el libro más antiguo e importante de su colección? ¿Cómo lo consiguió?

Tengo varias joyas. Una es un libro sobre aguas termales publicado en Venecia en 1571, en el que, apenas a cuarenta años de descubierto el Perú, ya se habla de unas aguas en nuestro país que contienen oro y plata. Otro ejemplar fascinante es la edición de 1608 de El Quijote, por el mismo impresor de la primera edición: Juan de la Cuesta. Pero lo interesante es que el propio Cervantes revisó esta edición e hizo algunas pequeñas modificaciones en el texto. Este libro lo compré en Lima, por lo que es posible que haya llegado durante el Virreinato, entre los primeros ejemplares del Quijote que llegaron a nuestro país. Otro volumen interesante es la edición de 1590 de la Jerusalén Libertada, de Torcuato Tasso, publicada cuando el autor todavía vivía. En materia de libros peruanos, tengo la Gramática Quechua de Gonzalez Holguín, publicada por Francisco del Canto, que es un incunable peruano. También la segunda edición de los Comentarios Reales de Garcilaso de la Vega, la primera de La Florida del Inca, etc. etc.

8. ¿En el Perú se le considera al libro antiguo como una pieza de arte? ¿Por qué?

No todo libro antiguo es una pieza de arte. Pero indudablemente muchos libros antiguos fueron hechos con consciencia de no sólo transmitir un contenido sino además de transmitirlo bellamente, con arte.

9. ¿Cree que el libro es sólo una pieza de comercio o hay que valorar su contenido?

¿Cómo podría un amante de los libros considerar que éstos no son sino un objeto de comercio, como los pollos desplumados, los géneros, los kilos de carne de res colgadas de garfios en el mercado o incluso las acciones de empresas y otros títulos-valores que nacen para comprarse y venderse? Definitivamente, el verdadero coleccionista no compra por comprar (o por vender después a más precio). Es muy interesante tener un libro singular, raro, aun cuando el contenido no sea notable. Pero éstas son (o deben ser) las excepciones. El libro antiguo o nuevo tiene que ser valorado tanto por su contenido y como por su calidad como libro. Por ejemplo, en mis horas libres (que no son muchas) me he puesto a hacer resúmenes comentados de mis libros antiguos, con apreciaciones críticas o curiosas sobre su contenido y notas sobre su autor y sobre las condiciones de su publicación. Algún día publicaré esa colección de resúmenes, si consigo tener el tiempo de seguirla ampliando.


 

Fernando en su biblioteca

Fernando de Trazegnies en la biblioteca de su casa de Lima.
 

 

Vista de la biblioteca

Vista general de la biblioteca.
 

 

Galería superior

Galería superior.
 

 

Detalle superior

Detalle fondo superior.
 

 

Detalle lateral

Detalle lateral.
 

 

Algunas de sus joyas

Algunas de sus joyas.
 

 

Escalera del altillo

Escalera de acceso a la galería.
 

 

Quijote de 1608

El Quijote. Edición de 1608.


Primer catálogo (1948).

 

 



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