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BULEVAR PROUST
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones del Abaco Roto. Sevilla, 2003

Maricucha

La historia que te voy a contar la encontrarás triste y a veces alegre. En el verano de 1914 ingresaron en el hospital del Cristo Pobre, situado en el barrio de El Carmen Alto, camino del cementerio, a un negro canoso y distinguido, con fama de buen cajonero y mejor compañero: don Federico Marañón. Venía apoyándose en un bastón por un lado y en una niña de siete años por el otro. Fue tratado de unas fiebres palúdicas durante quince días, pero su avanzada edad y debilitamiento impidieron su curación por la quinina. La niña, que no se había despegado de su cama en ningún momento, asistió en silencio a su muerte. El único dato que se tenía del difunto era que había venido de Pisco.

La niña dijo llamarse María. El personal del hospital intentó averiguar quién era su madre y el resto de la familia que pudiera corresponderle, sin conseguirlo. Al llegar la noche, María permanecía sin llorar al lado del colchón a rayas que había dejado vacío don Federico.

Mi abuelo, que por entonces dirigía el hospital, se la llevó temporalmente a su casa de la calle Polvos Azules. En los días y meses siguientes no se pudo encontrar a su familia. Maricucha se quedó al servicio de mis abuelos y creció entre sus ocho hijos, ocupándose principalmente de mi madre que tenía tan sólo cinco años cuando ella llegó. La adoptó como la única muñeca que había tenido en su vida y desde entonces la llamó la Ñaña.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 5/2/2003