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BULEVAR PROUST
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones del Abaco Roto. Sevilla, 2003

Lindbergh

Entre los incidentes que le ocurrieron a la familia en Europa, uno de los más recordados fue el viaje de Lindbergh desde Estados Unidos hasta Francia sin escalas. Cuando el célebre aviador llegó a París era de noche, Maricucha estaba recogiendo unas enaguas color hueso de mi abuela del tendedero de la pequeña azotea de la buhardilla. Nada más ver una luz en el cielo y oir el rugido del avión, bajó corriendo:

-Ñaña, Ñañita! el aviador americano ha llegado, me ha pasado por encima de la cabeza y después le ha dado una vuelta a la torre Eiffel.

Efectivamente, un poco antes de las diez de la noche de aquel día el Spirit de St. Louis apareció sobre los tejados de París y circunvoló la torre Eiffel, desde donde los turistas lo saludaron con pañuelos, para luego perderse en dirección a Le Bourget.

Al día siguiente la familia al completo se dirigió al aerodrómo en el Citroën que Daniel nunca dejó de conducir a trompicones. El gobierno francés había invitado a todo el cuerpo diplómatico a la recepción oficial de bienvenida a Charles Lindbergh.

Al finalizar la emotiva ceremonia el piloto americano se acercó a la tribuna de personalidades con la intención de invitar a alguien a subir a su avión. Al ver a mi madre y a Maricucha (tal vez le llamara la atención la juventud de ambas entre tantas autoridades, o quizás el contraste del pelo rubio de una sobre el moreno de la otra), se dirigió directamente a ellas. Mi madre se negó ofuscada pero Maricucha que ardía en deseos de subirse con el aviador a cualquier cosa, aceptó de inmediato. Lindbergh no llegó a sonreir, pero amablemente le señaló el camino hacia la aeronave. Ella empezó a andar intentando contonearse lo menos posible y sin dejar de mirar de reojo hacia atrás.

Cuando despegó el aparato se pudo ver a Maricucha con las trenzas rebeldes amarradas en lo alto de la cabeza saludando con la mano por la pequeña ventanilla lateral del Spirit of St. Louis. Nunca se imaginó que el avión se elevaría, ella pensaba que el apuesto aviador sólo le iba a enseñar la cabina. Por esta circunstancia, puede que Maricucha se haya convertido en la primera mujer que sobrevoló París en aeroplano, sin bien es cierto, muy asustada.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 5/2/2003