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BULEVAR PROUST
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones del Abaco Roto. Sevilla, 2003

Tacatá

-Nos vieron, Taca, nos chaparon- le dijo Carlos a la salida de la clase de literatura.

-¿Cómo lo sabes?

-El cura Galves quiere hablar con nosotros. Dice que ayer estuvo en la sala del billar buscando unos libros y que al salir por la puerta de la calle vió a dos alumnos del colegio entrando al Salón de Belleza. Quiere saber si éramos nosotros.

Javier no sabía si los labios le temblaban por la lectura de su "Bulevar Proust" que acababa de hacer en clase o por lo que le estaba diciendo Carlos:

-¿Y ahora qué hacemos?- Titubeó.

-¡Quién nos lo iba a decir! Taca nos salió poeta. Y de los buenos, carajo. Ha sacado la mejor nota de literatura-. César pronunció la frase sin burla, casi con admiración, mientras se les acercaba. Los demás compañeros rieron incrédulos, abriéndole paso; todos sabían que Javier siempre había sido un vago, pero acababan de presenciar algo inesperado: un Tacatá literato.

-Piqueras- le había dicho el padre Galves-, has escrito la composición más original de toda la clase sobre la influencia del grupo "Colónida" en las generaciones posteriores. Sal a la pizarra y lee tu trabajo por favor.

Javier se había puesto de pie mirando de reojo a Carlos, y entre incrédulo y orgulloso, había leído su redacción: "Bulevar Proust". Cuando terminó y se calmó el alboroto, Piqueras se sintió importante. Pero ante los comentarios de Carlos le volvió su inseguridad casi patológica.

-¿Y ahora qué hacemos? ¡Carajo!- Repitió.

-Nada- respondió Carlos-, no haremos nada. No te preocupes que no hablará. El cura no puede hacer nada contra nosotros, sólo quiere avisarnos que nos vió.

-Cada día te entiendo menos, Loca- articuló Javier sin que le dejaran de temblar los labios-. O sea que nos chapan entrando a un bulín y tú como si no fuera contigo. Cuando nos expulsen del colegio ya veremos qué hacemos.

-No nos van a expulsar, Taca, y no me obligues a decirte porqué. El cura Galves no nos puede acusar de nada y a ti te va a seguir poniendo buenas notas en literatura.

Kleishmann se arrepintió de haber dicho la última frase al ver que Javier levantaba la vista desconcertado.

-Bueno- matizó-, lo que te quiero decir es que no nos pudo ver la cara, porque era de noche y estábamos de espaldas, o sea que no pueden castigarnos y tú podrás seguir sacando buenas notas en literatura. No te preocupes, hombre.

Los focos de la cancha roja estaban encendidos para un partido de fulbito del campeonato interescolar. César, desde lo alto del muro que servía de tribuna, silbó metiéndose los dedos en la boca para llamar a sus amigos. El padre Galves miró en la dirección del silbido y divisó a Kleishmann hablando con Piqueras. César les decía por señas que les guardaba sitio en el muro.

También por señas, Carlos y Javier, le contestaron que se fuera a la mierda e hicieron ademán de entrar a los servicios pero en realidad salieron a la calle por el portón del garaje.

-¿Vamos a visitar otra vez a las Floritas, cumpa?- Preguntó Carlos matándose de risa.

-No seas animal, Loca. Vámonos ya para Miraflores.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 5/2/2003