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BULEVAR PROUST
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones del Abaco Roto. Sevilla, 2003

Manuela

A mi abuelo le gustaba oir por la radio las noticias de la una de la tarde y fumar puros habanos. Por eso le dijo a mi madre que encendiera la radio de la salita de la escalera. La llamó Ñañita, no Rosita como acostumbraba. Mi abuelo iba a cumplir entonces setentaisiete años.

Ese lunes, había venido a mi casa en su viejo Packard, con sus zapatos nuevos, los de los adornos y puntera blanca, olía menos a tabaco y más a una loción de flores. Escuchó atentamente los titulares: "Estados Unidos se preparaba para intervenir en la guerra de Corea... En España se casaba la hija del general Franco con el marqués de Villaverde... El Papa Pío XII proclamaba el dogma de la Asunción de la Virgen...". Al terminarse las noticias empezó a hablar él muy bajito, con la voz velada, carraspeando, y no pude enterarme de lo que conversaba con mi madre. Pero ella le respondía con exclamaciones "ˇPapá, eso no puede ser!" "ˇA tus años!" "ˇPero dónde la has conocido!", teniendo como fondo musical el bolero No me quieras tanto* en las voces del trío Los Panchos, porque mi madre en su ofuscamiento se olvidó de bajar el volumen de la radio.

Unos días después, mi abuelo se casó en secreto en la misma iglesia de las Reparadoras en la que se conocieron, donde ella un domingo le apartó el sombrero para que no se sentara encima. La ceremonia matrimonial duró poco y salió del templo como buscando alguna cara conocida entre los transeúntes. Manuela lo cogía de la mano con ternura. Sólo nosotros, en nuestras bicicletas, lo escoltamos desde lejos. Se fueron por la acera en sombra hasta su casa victoriana.

Mientras él abría una de las hojas de la puerta de entrada, ella se empinó para coger un ramito de jazmines sobre el muro. A la primavera siguiente, en el entierro, vi cómo fue necesario abrir las dos hojas de esa puerta; el jardín estaba lleno de parientes; mi hermano me advirtió que no sonriera, que iba a parecer que me alegraba de su muerte; mi tía Carmencita había pasado ese invierno en Italia y regresó con la dentadura blanca como una actriz de cine. También me di cuenta que las coronas de flores olían mal. Y Maricucha se vino esa noche a vivir con nosotros.

* Letra del bolero No me quieras tanto de Rafael Hernández:


Yo siento en el alma
Tener que decirte
Que mi amor se extingue
Como una pavesa
Y poquito a poco
Se queda sin luz.

Yo se que te mueres
Cual palido sirio
Y se que me quieres,
Que soy tu delirio
Y que en esta vida
He sido tu cruz.

Ay, amor ya no me quieras tanto,

Ay, amor no sufras mas por mi.
Si no mas puedo causarte llanto,
Ay, amor olvídate de mi.

Me da pena que sigas sufriendo
Tu amor desesperado,
Yo quisiera que tu te

encontraras
De nuevo otro querer.

Otro ser que te brinde la dicha
Que yo no te he brindado
y poder alejarme de ti
Para nunca mas volver.

Ay, amor ya no me quieras tanto,

Ay, amor no sufras mas por mi.
Si no mas puedo causarte llanto,
Ay, amor olvídate de mi.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 5/2/2003