Ir a la página principal
Gregorio Gonzalez
A los leyenderos de Cervantes & Cía.

Autor: Leopoldo de Trazegnies Granda
Edición en rústica, 21 x 14 cm. 194 páginas.
Papel blanco de 80 gr.
Portada a todo color.

Primera edición: septiembre/2010
I.S.B.N.: 978-84-614-2720-8
Depósito legal: SE 5043-2010
BUBOK. Madrid, 2010.

Si desea leer la obra completa puede comprarla impresa o bajarla gratuitamente de BUBOK

 

El Buscón desengañado

LEOPOLDO DE TRAZEGNIES GRANDA

"Acaso nadie, fuera de su ostensible rival y secreto cómplice, Góngora,
ha paladeado el castellano, el peculiar sabor de cada palabra
y de cada sílaba como Francisco de Quevedo y Villegas".
J.L. BORGES

            Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-1645) no ha sido bien tratado por la crítica.
   
  Francisco de Quevedo

A Cervantes lo rescató la Generación del 98, a Góngora la del 27, pero de Quevedo, uno de los mejores poetas y narradores del Siglo de Oro, nadie se acordó. En "Claves de literatura española"(1) que fue "clave", valga la redundancia, para la crítica española de los años 60 e inspirador de muchos textos escolares, Vicente Gaos no le dedica ni una sola línea, y cuando lo menciona, lo hace indirectamente para decir frases lapidarias como:

            Creo que el autor de estos versos, en justicia, se merecería otro tratamiento:

            En El Buscón, Quevedo nos cuenta la pícara historia de don Pablos de una forma personal, casi intimista, como si fuese su propia vida. Pertenecía a una familia pobre y del hampa y por tanto familiarizado con el rico lenguaje llamado de la jacarandina que se utilizaba entre ladrones, mercaderes embaucadores, meretrices de las mancebías, alguaciles corruptos y vividores en general.

            Su padre era barbero, "sastre de barbas y tundidor de mejillas". Su madre hechicera, "reedificaba doncellas", labor propia de alcahuetas como la Celestina, para recomponer virgos. Su tío verdugo, encargado de azotar o ajusticiar a los presos según su condena, hombre celoso de su profesión llega al final a ejecutar a su propio pariente y padre de don Pablos.

            La vida de don Pablos es un continuo desastre del que trata de huir. Se escapó de su casa muy joven para irse a servir a la casa de don Diego Coronel, amigo suyo e hijo de un caballero notable. Irónicamente se justifica: "Yo que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito".

            Con su compañero y amo don Diego empiezan sus correrías. La primera vez que sale lo expresa con cierta ternura: "Salimos a la tardecita".

            Su amo es rico y esto le proporciona cierta seguridad. Se detienen en una venta y comen medio cabrito asado, dos pichones cocidos y lonjas de tocino. Al ágape se invitaron por su cuenta dos estudiantes, dos rufianes y unas "mujerzuelas" que por allí andaban. Es su primer contacto con las diversas clases sociales que convivían en España en extraño maridaje de hambre, corrupción, supersticiones religiosas y de acendrado sentido del honor.

            La novela picaresca suele apoyarse en refranes que están en boca del pueblo, pero la originalidad del Buscón está en que más que refranes, lo que hace Quevedo son agudos juegos de palabras basados en anfibologías y no exentos de humor compasivo que luego pasan a ser utilizados en el lenguaje coloquial. Por ejemplo, iba muerto de hambre limpiándose los bigotes y dice: "todos los que me veían me juzgaban por comido; y si fuera de piojos, no erraran". Cuando menciona algún refrán conocido suele advertirlo: "Dice el refrán..."

            Inicialmente don Pablos es un niño despierto e idealista, ávido de ver mundo y escapar a la pobreza, pero a lo largo de su vida evoluciona de manera fatal hacia la delincuencia. Las experiencias vividas lo van convenciendo de que la única manera de sobrevivir es haciendo trampas. Empieza sisando el dinero de la compra, luego engañando al ama de la pensión donde vive...

            La descripción de la pobreza que sufrían es brutal. En la escuela del licenciado Cabra comían tan poco que no necesitaban lugar donde "descomer". Se pasaba tanta hambre en esa casa que contaban que habían visto entrar dos caballos frisones y que a los dos días salieron ligeros, volando por los aires, y que entraron dos mastines pesados y a las tres horas verlos salir galgos corredores. Las sopas se hacían como infusiones utilizando un tocino que servía para varios días.

            El Buscón, después de haber estado en la lúgubre escuela del licenciado Cabra y más tarde en Alcalá vuelve a Segovia a buscar la herencia que le tiene guardada su tío, el verdugo y albacea de su padre. Recibe trescientos ducados que le sirven para intentar una nueva vida en Madrid.

            A pesar de sus intentos de llegar a ser un caballero, don Pablos está condenado a ser un pícaro y como todos los pícaros termina preso, experiencia que le sirve para regodearse describiendo la sordidez de la cárcel y la ingeniosidad de los presos.

            Don Pablos es "menudo de cuerpo" y feo, tal vez ese era el origen de su misoginia, proyectada de la del propio Quevedo. "Qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer." Aunque también dijera: "Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan."

            Nunca tuvo éxito con las mujeres, únicamente haciéndose pasar por rico hidalgo despertaba cierto interés en ellas.

            Como todos los pícaros tiene una capacidad excepcional para desempeñar cualquier trabajo con ingeniosidad. Se une a un grupo de cómicos con los que llega a la noble y rica ciudad de Toledo. Escribe y representa obras en la calle. Se dedica a componer versos para su venta.

            No duda en convertirse en "galán de monjas" cortejando especialmente a una de ellas, pero se harta de ese tipo de amores morbosos a través de las rejas de los conventos y decide irse a Sevilla sin ninguna razón concreta, únicamente para salir otra vez a los caminos y adquirir nuevas vivencias y probar suerte en otra ciudad. El pícaro no solamente persigue mejorar su estatus social sino también aspira a un ideal sentimental, el amor está muy presente en su vida aunque lo disimule o lo dé por imposible.

            En Sevilla, dedicado al juego y ejerciendo de fullero, conoce a una prostituta llamada la Grajales, los une su situación de considerarse dos seres marginados de la sociedad y deciden pasar a Indias con la esperanza de iniciar juntos una nueva vida, sin embargo "fueme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres". Con lo cual se cierra el ciclo fatalista de su vida de pícaro resignándose a su triste destino: "vine a resolverme a ser bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que todos".

(1) Claves de literatura española. Vicente Gaos. Ediciones Guadarrama. Madrid, 1971.

IR A LA PAGINA SOBRE LITERATURA PICARESCA
IR A LA PAGINA SOBRE GUZMAN DE ALFARACHE
IR A LA PAGINA SOBRE EL GUITON HONOFRE
IR A LA PAGINA SOBRE EL LAZARILLO
VOLVER A LA PAGINA DE BIBLIOFILIA
IR A LA PAGINA PRINCIPAL

PAGINA ACTUALIZADA EL 7/4/2007

PAGINA ACTUALIZADA EL 6/4/2007