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LA VELOCIDAD DE LA LUZ

TUSQUETS Editores. Madrid, 2005.
AUTOR: Javier Cercas

El arte de mezclar café con cocaína

por Leopoldo de Trazegnies Granda

      No se puede vivir prisionero del pasado, pero tampoco se puede asesinarlo. Los fantasmas no se pueden matar, sobre todo si son siniestros, siempre estarán allí observándonos con el girasol de su ojo reventado por el tiempo, pero vivo, porque el hombre puede ser una serpiente venenosa pero le resulta imposible cambiar de piel.

      Hablando claro, el que una vez ha sido un hijo de puta integral nunca dejará de serlo, porque si reniega y se reconvierte en otra persona, no dejará de ser un hijo de puta superado. No me refiero a las ideas, que son libres, sino a los hechos.

      Por ejemplo, un soldado que entra en una aldea y viola a las mujeres ante la vista de sus hijos y luego ametralla a los niños ante sus madres violadas, y luego tortura y se burla de sus víctimas, aunque sea bajo los efectos del alcohol y de las drogas, será siempre un hijo de puta integral, aún si después decidiera meterse en el "Ejército de salvación" y se pusiera a entonar el mea culpa por las calles lluviosas de Nueva York.

      En su novela "Soldados de Salamina", sobre un episodio de la Guerra Civil Española, ya Cercas difuminaba la maldad en el tiempo, dándoles la misma categoría moral al verdugo que a la víctima. En esta nueva novela, "La velocidad de la luz", escrita con el mismo estilo "en proceso" que la narración anterior trata de hacer lo mismo pero en otro escenario, en Estados Unidos.

      Un soldado llamado Rodney participa en Vietnam, en unión de otros soldados como él, en masacres de poblaciones civiles indefensas, viola a las madres y mata a los hijos, realiza las mayores indignidades humanas, pero al cabo de los años se convierte en un excéntrico pero respetable profesor de una universidad norteamericana.

      El protagonista de "La velocidad de la luz", un español que es contratado como lector en la misma universidad donde imparte clases el infame ex combatiente de Vietnam, va poco a poco no sólo a comprender la manera de pensar de este despreciable sujeto, sino que llegará a identificarse con él a tal punto, que cuando su amigo Rodney desaparece intentará sustituirlo en su hogar, hacer suya a su esposa, convertirse en padre de su hija.

      Es un caso de mimetismo de culpa: todos hemos sido malos, pero todos podemos ser buenos. El argumento se basa en este discutible principio moral. Habría que distinguir primero entre qué es ser malo y qué es cometer una maldad. Todos podemos actuar mal y arrepentirnos, pero hay maldades que no se pueden redimir si no es volviendo a nacer, es una cuestión de grado de perversidad. Hay personas que han cometido delitos que jamás podrían redimir. No nos podemos imaginar por ejemplo a un Hitler como un bondadoso anciano en una residencia geriátrica, aunque hubiesen pasado mil años desde el holocausto. La actuación del soldado Rodney en la guerra del Vietnam es una de ellas, completamente distinta a los remordimientos que experimenta el protagonista español de la novela de Cercas, donde ni siquiera hay culpa, porque la muerte de su mujer e hija se produce debido a un accidente. Es el arte de mezclar el café con la cocaína: no se logra que la droga inocua del café sea considerada peligrosa, pero si se consigue crear la impresión de que la cocaína es una droga tan inocua como el café.

      La novela parte de una premisa falsa, desarrolla un argumento falso y concluye con una intención falsa. Cuando termino de leerla me viene a la cabeza la pregunta: ¿a quién le puede interesar una novela como ésta? Y la respuesta inevitable es: a alguien que quiera engañarse a sí mismo.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 14/10/2006