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SOLDADOS DE SALAMINA

Ed. TUSQUETS. Madrid, 02/2001.
AUTOR: Javier Cercas

HABLANDO DE LOS GRIEGOS

por Leopoldo de Trazegnies Granda

      Soldados de Salamina es como el cuaderno de campo de un biólogo que va anotando lo que le interesa a medida que lo va descubriendo. Javier Cercas nos cuenta la manera como ha ido recopilando los datos para ese trabajo posterior que podría haber sido una novela o un ensayo que no llegó a escribir. Es como si García Márquez hubiera escrito Vivir para contarla, mostrándonos los escenarios y la forma como averiguó todo lo relativo a su familia en Aracataca, sin antes haber escrito una línea de Cien años de soledad, o como si fuéramos al teatro y en lugar de ver la representación de la obra nos enseñaran la tramoya.

      Tal vez se trate de un género nuevo, un diario literario, en el que se cuenta el trabajo previo a la redacción de una novela que no se escribe. Es un formato novedoso que permite evitar la precisión necesaria de un ensayo, y que por otro lado no nos obliga a fabular acontecimientos reales o de ficción como en una novela. "Esto es lo que me he ido encontrando", dirá el escritor, como el ciego que describía un elefante por la cola y al toparse con las orejas decía "y esto también es elefante" incapaz de abarcar la totalidad de la forma.

      Si la materia a analizar es un hecho histórico y se hace con rigor científico podría ser interesante, pero si se realiza superficialmente como si se tratara de periodismo de sucesos se puede caer en imprecisiones aberrantes que distorsionan la realidad. Un episodio bélico, sin incardinarlo en la situación del conflicto y sus causas, puede sugerir deducciones erróneas a los que no vivimos esa guerra, de forma parecida a cuando representantes políticos de la derecha española manifiestan que tienen la obra de Azaña como libro de cabecera. Entonces ya nos da igual que la batalla de Salamina la ganaran los griegos o los persas. Es la ceremonia de la confusión. Se termina sin saber cuál era el proyecto de la república, quiénes eran los militares golpistas, porqué andaban los republicanos huyendo por los montes de Francia, qué defendían unos y qué atacaban los otros, en esa república española que se anticipaba a enfrentarse en solitario a la barbarie del nazismo y del fascismo que estaba a punto de masacrar a Europa.

      Soldados de Salamina tiene un precedente en Días y noches de Andrés Trapiello, que utiliza el mismo método de ir anotando en una especie de diario todo lo que le sucede durante la guerra, en este caso escrito por Justo García, un soldado de ficción. Hay más precedentes de esta ingenuidad literaria aparentemente apolítica, donde haciendo uso de la ambigüedad, paralipsis, litotes y todo tipo de raros recursos políticamente correctos se disimula el origen ilegal del levantamiento de unos generales felones contra el gobierno de una república democrática y progresista.

      En la novela de Cercas no se encuentra emoción vital alguna, ni en el dramático suceso que trata de desentrañar (el fusilamiento en un bosque de Cataluña de unos falangistas entre los que se encontraba Rafael Sánchez Mazas fundador de Falange Española y padre del prestigioso novelista Rafael Sánchez Ferlosio, que sobrevivió,) ni en sus diálogos domésticos contándonos sus pueriles aventuras sentimentales con la escatológica Conchi, mientras se dedicaba a la tarea de recabar datos, ni siquiera nos transmite alguna emoción en la narración de los contactos que establece con descendientes o familiares de los protagonistas de los hechos. Al contrario, por momentos la novela adquiere un aire de burla chocarrera de la personalidad o urbanidad de algunos de los que le suministran la información.

      La tercera parte del libro es la única que despierta cierto interés, porque la primera no es más que el planteamiento de lo que el autor se propone investigar y la segunda trata de la biografía de Rafael Sanchez Mazas, pero en la tercera, "Cita en Stockton" surge la anécdota literaria a raíz de una entrevista que hace Cercas al escritor chileno Roberto Bolaño, en la que éste le cuenta la vida novelesca de un exiliado republicano, llamado Miralles, al que conoció en un camping veinte años atrás. Curiosamente, este personaje resulta siendo uno de los soldados que participaron en el fusilamiento del fundador de la Falange, sin que se llegue a dilucidar si fue realmente el que le perdonó la vida.

      La Guerra Civil ha servido de escenario para muchas novelas. Algunas claramente tendenciosas y otras intrascendentes. Durante la dictadura franquista no se pudo escribir con libertad, ahora que ya han pasado más de sesenta años de la guerra y más de veinticinco de la muerte del dictador, creo que se puede pretender que los historiadores hagan su trabajo con honestidad y los novelistas aspiren a hacer buena literatura, nada más. No creo que esta novela de Cercas cumpla ninguna de las dos condiciones, porque como decía inicialmente Soldados de Salamina es un híbrido que nos relata unos hechos desordenados sobre un fusilamiento fallido y su posterior fuga. Pero Javier Cercas tiene el mérito de haber logrado ser políticamente correcto con tirios y troyanos, tal vez involuntariamente.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 27/9/2004