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Elementos simbólicos y míticos en La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa

Claudia Macías Rodríguez

Universidad Nacional de Seúl

maciascl@snu.ac.kr  
 

La dictadura representa el mal

y el mal es mucho más fértil

como incitación literaria que el bien.

Mario Vargas Llosa


 

Al inicio del nuevo milenio, Mario Vargas Llosa entrega al público su segunda novela sobre la dictadura, La Fiesta del Chivo, que en su totalidad aparece orientada hacia una intencionalidad simbólica. No obstante que el tema y los datos que la alimentan provienen de la historia dominicana, tanto los elementos externos (paratextos) como internos (estructuras) se proyectan en una dimensión que el lector puede percibir más allá de los simples hechos históricos.

La novela, como toda obra literaria, se presenta rodeada de un aparato que completa y acompaña al texto, imponiendo o sugiriendo al lector –la mayoría de las veces– un modo de lectura y una interpretación conformes con un diseño del autor. Dicho aparato está constituido, siguiendo a Gérard Genette, por paratextos que se integran "en el todo formado por una obra literaria", a saber: "título, subtítulo, intertítulos, prefacios, epílogos, advertencias, prólogos, [...] epígrafes; ilustraciones; fajas, sobrecubierta, y muchos otros tipos de señales accesorias" (Genette, 1962: 11). Revisaré en este primer momento los paratextos y la estructura que presentan los capítulos en la novela, según aparecen en el orden del discurso.

Cubierta alegórica

La primera edición de La Fiesta del Chivo en Alfaguara, México, de febrero del 2000, presenta una cubierta con un fragmento de la Alegoría del mal gobierno, de Ambrogio Lorenzetti (1290-1348), quien con su hermano Pietro, pintores de la escuela de Siena, desarrollaron su trabajo en la primera mitad del siglo XIV. En sus experimentos con espacios tridimensionales, los hermanos –particularmente Ambrogio- anunciaban ya el renacimiento. Ambrogio, más imaginativo e influyente que Pietro, con un estilo más realista, es muy conocido por sus frescos Las alegorías del buen gobierno y del mal gobierno (1338-1339, Palazzo Pubblico, Siena), y es notable por sus retratos de personajes de la vida contemporánea en Siena y sus alrededores.

La alegoría de la cubierta sirve de guía para la entrada a la novela. A partir de ella se podría pensar que su lectura bien se puede orientar hacia la interpretación de la historia de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en términos de una alegoría mítica, por la presencia del demonio, los ángeles y algunos hombres desolados que parecen emitir súplicas o lamentos.

El título de El Chivo, apelativo con que se conocía también a Trujillo, se refuerza por la imagen del macho cabrío que aparece en la cubierta a los pies del demonio que ostenta los símbolos del poder. Y el tipo de Fiesta que el título evoca se puede imaginar en términos de la dinámica que podría establecerse al sumar los elementos alegóricos presentes en el grabado con la mayúscula que lo transforma en nombre propio.

Un título complejo

La Fiesta del Chivo es un título polémico y sugestivo. Una vez en circulación, se asoció al título de otra obra escrita también sobre el dictador Trujillo, La fiesta del rey Acab del chileno Enrique Lafourcade, publicada en 1959, dos años antes del asesinato del dictador(1). Incluso, se llegó a generar el rumor de un posible plagio por parte de Vargas Llosa. Lafourcade declaró en una entrevista a propósito de su libro: "Había prisa por publicarlo porque se organizaba un congreso de cancilleres en Santiago al que vino el canciller de Santo Domingo. Trujillo funcionaba todavía con todos sus poderes. Mario Vargas demoró más de 30 años en darse cuenta de esto y no sé por qué motivo le puso ‘La fiesta del chivo’ si el mío se llama ‘La fiesta del rey Acab’. Son coincidencias de temas, de títulos... pero nunca Vargas Llosa nunca se ha referido a mi libro" (Jouffé, 2003).

El título se relacionó también con el cuento La fiesta del Monstruo, escrito por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en 1947. El escritor peruano Leopoldo de Trazegnies afirma: "Mario Vargas Llosa, suele ser más discreto al escoger sus títulos, sin embargo La Fiesta del Chivo (Barcelona, 2000) coincide casi exactamente con un cuento poco conocido escrito por Jorge Luis Borges en colaboración con Adolfo Bioy Casares bajo el seudónimo que habitualmente utilizaban (H. Bustos Domecq): La fiesta del Monstruo (Buenos Aires, 1947). Teniendo en cuenta que en la mente de todos los lectores se asocia el Chivo dominicano a un monstruo, el título del escritor peruano significa casi lo mismo que el del maestro argentino. El cuento de Borges es una dura crítica del peronismo. Narra las crueldades cometidas bajo su régimen dictatorial. El Monstruo es Juan Domingo Perón, al igual que en La Fiesta del Chivo, el Chivo es Rafael Leónidas Trujillo" (Trazegnies, 2001)

Decíamos también que es un título sugestivo por la simbología que en él encierra. El Chivo fue el nombre que el pueblo le concedió a Trujillo, a espaldas de éste, por los excesos sexuales de los que él mismo hacía alarde y por la fama de su potencia viril que orgullosamente exhibía. Los conjurados generalmente se refieren a él como el Chivo. En la larga espera de la emboscada los alienta el pensamiento de tener a sus pies "el cadáver del Chivo cocido a balazos" (Vargas Llosa, 2000: 49, cito por esta edición). En la mitología y en la simbología del bestiario este singular animal tiene atributos particulares. El chivo es un animal trágico. Existe una relación directa entre el género de la tragedia y ese animal que le ha dado su nombre. Literalmente, tragedia significa ‘canto del buco’. La tragedia es en el origen un canto religioso con que se acompañaba el sacrificio de un cabro en las fiestas de Dionisos (Chevalier, 1991: 223).

En las Tablillas órficas el chivo es el símbolo del iniciado que al término de su vida se identifica con su dios:

Cuando tu alma haya abandonado la luz del sol, toma a la derecha, vigilando todos los detalles. ¡Sé feliz de sentir lo que sientes! ¡Tú has sentido lo que jamás sintieras! ¡Te has hecho Dios! ¡Chivo, has caído en la leche! ¡Ve con Dios, y que seas feliz! ¡Toma el camino de la derecha hacia las santas praderas y los bosques de Perséfone.(2)

Conviene señalar que entre las costumbres del dictador dominicano –siempre fiel y riguroso en su rutina- estaba el dar una caminata todas las tardes por la avenida Máximo Gómez, en la que lo acompañaba lo más selecto del trujillismo. Y en ellas siempre lo hacía por su derecha y hacia el este:

Apenas salió a la ancha Avenida –el ramillete de civiles y oficiales volvió abrirse- echó a andar. Divisaba el Caribe ocho cuadras abajo, encendido por los oros y fuegos del crepúsculo. Sintió otra oleada de satisfacción. Caminaba por la derecha, seguido por los cortesanos abiertos en abanico y grupos que ocupaban la pista y la vereda. (368)

Al mismo paso celero, avanzando siempre hacia el este por la parte ceñida al mar. (376, cursivas mías)

Según la leyenda tebana, Dionisos es transformado en cabritillo por su padre Zeus para ocultarlo a la cólera de Hera quien lo entrega a las Ninfas para que cuiden de él. Así pues, el chivo está particularmente consagrado a Dionisos, es su víctima escogida. Además, se le consideraba como un animal de naturaleza ardiente y prolífica. El chivo solía designar a los poderosos, por el dinero o por el renombre, que arrastraban a los débiles por un mal camino. Todos los atributos antes mencionados se encuentran en la novela, ya sea en la persona misma de Trujillo o en sus descendientes y colaboradores.

El término Fiesta aparece destacado con mayúscula en el título, lo cual puede remitir al concepto de ‘gran fiesta’ que ocurre en un tiempo y espacio propicios para celebrar nada menos que la muerte del tirano y la "orgía sanguinaria" que atrae consigo. La relación entre tortura y fiesta no es una novedad. La literatura mexicana cuenta con el clásico relato "La fiesta de las balas" en El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán, una fiesta orgiástica donde los verdugos gozan con la sangre y la tortura. El mismo Vargas Llosa había trabajado, aunque sin llegar al esplendor de fiesta, la relación tortura-orgía en su primera novela de dictadura, a través de la figura de Hipólito, el verdugo de los presos políticos (cf. Vargas Llosa, 1969: 146).

En La Fiesta del Chivo se hace alusión expresa al término "orgía sanguinaria". Durante las salvajes torturas que Ramfis ordena y preside contra los asesinos de su padre, el narrador recuerda otro periodo semejante de brutal represión contra los miembros del Movimiento 14 de Junio: "Era la misma voz con altibajos discordantes de la orgía sanguinaria, luego del 14 de junio, cuando perdió la razón y el Jefe tuvo que mandarlo a una clínica psiquiátrica de Bélgica." (425). Durante las dos torturas que se narran hay siempre risas y voces ebrias; tanto en la tortura del general Román Fernández (cf. 424 y 525), como en la tortura de Salvador Estrella Sadhalá (cf. 433).

En la novela aparecen también otras fiestas. Doña María, la esposa de Trujillo, vive sumergida en un mundo bohemio de fiesta y recitales poéticos. Sus hijos, según los describe su padre: "Bohemios, haraganes sin carácter ni ambición, buenos sólo para la parranda." (32). Está la fiesta de Ramfis y sus amigos que desemboca en la tragedia de Rosalía Perdomo. La fiesta que se celebra para condecorar al ex marine Simon Gittleman. Además del "magno acontecimiento que celebra los veinticinco años de la Era de Trujillo: la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, que, desde el 20 de diciembre de 1955, duraría todo el año 1956, y costaría […] entre veinticinco y setenta millones de dólares, entre la cuarta parte y la mitad del presupuesto nacional" (131). Una fiesta magnífica que, como dice Crassweller, "presagió la próxima declinación del régimen" (Crassweller, 1966: 309).

También están otras históricas series de torturas. La citada del Movimiento 14 de Junio en la que Ramfis y Radhamés "torturaron y mataron, el año 59, a los invasores de Constanza, Maimón y Estero Hondo, y, en 1961, a los comprometidos en la gesta del 30 de mayo." (141). Y la terrible matanza de haitianos ordenada por Trujillo en el año 1937. No en vano, Antonio de la Maza al recibir las condolencias del dictador por la muerte de su hermano Tavito, paralizado ante la presencia de Trujillo se reconoce "incapaz de convertir en acción su voluntad de saltar sobre él y acabar con el aquelarre en que se había convertido la historia del país." (120). Ya casi al final de la novela, cuando Ramfis debe abandonar el país decide acabar con los seis conjurados prisioneros teniendo que armar un simulacro de juicio y de huída para justificar la desaparición de las víctimas. Sin embargo, realmente los hace llevar hasta su finca en donde los prisioneros divisan "una terraza con siluetas de hombres con vasos en las manos", en donde reconocen a Ramfis entre sus dos amigos de siempre. La frase que el narrador transmite es muy significativa: "‘Está borracho’, pensó Salvador. Tuvo que emborracharse para celebrar su última fiesta, el hijo del Chivo" (443). Si bien ésta será la última fiesta de Ramfis, la última fiesta de Trujillo correrá por cuenta de Urania, en el capítulo final de la novela.

Así pues, el símbolo del Chivo en combinación con el término Fiesta, no menos complejo, dan como resultado un título que sugiere el tipo de acercamiento que Vargas Llosa hace a la Era de Trujillo: La Fiesta del Chivo.

A dos amigos bien informados

Mario Vargas Llosa dedica la novela "A Lourdes y José Israel Cuello, y a tantos amigos dominicanos" (7). Lourdes y José Israel Cuello son dueños de Editorial Taller que publica La Fiesta del Chivo en República Dominicana. En una entrevista del 2001, José Israel Cuello Hernández, uno de los más agudos analistas políticos del país, dice: "¿En 1995?, al llegar a mi casa un sábado ya de noche tenía una llamada de Mario Vargas Llosa desde el Hotel Jaragua. […] esa noche me dijo que venía decidido a abordar el proyecto de la novela sobre Trujillo y comenzamos a colaborar en la búsqueda de materiales bibliográficos, de entrevistas y cotejos de informaciones y fuentes" (Gewecke, 2001). El matrimonio Cuello había conocido al escritor y a su esposa Patricia en la visita que realizaron a nombre de la Radiotelevisión francesa para la que trabajaba Vargas Llosa, poco tiempo después de la Revolución Constitucionalista de abril de 1965, cuando la República Dominicana sufrió una segunda intervención norteamericana.

Cuello habla también de la investigación que realizó Vargas Llosa en el Archivo General de la Nación, así como del proceso en el que se incluirían con su nombre real a ciertos personajes y a otros no, debido a lo comprometido de sus acciones: "En el trabajo se quiso ser preciso y se hizo un esfuerzo supremo para serlo. Todo aquel que fue mencionado por su nombre, o merecía serlo por sus hechos o era capaz de hacer lo que se dice, por sus otros hechos, los ascensos militares en la República Dominicana estaban condicionados al compromiso de sangre, y podía obviarse en uno que otro grado por acciones o fidelidades semejantes, pero de ninguna manera hasta llegar a los generalatos. El asco es tal cuando se profundiza en aquellas inmundicias, que alguno fue necesario encubrirlo con seudónimos, y no por sus méritos" (Gewecke, 2001). En este sentido, se insiste en el carácter y rigor histórico de la información.

Epígrafe del pueblo

El epígrafe está tomado de un merengue, la voz del pueblo, y el fragmento seleccionado contiene el título de la novela. Los versos destacan la celebración de la muerte del Chivo: "El pueblo celebra / con gran entusiasmo / la fiesta del Chivo / el treinta de mayo. / Mataron al Chivo / Merengue dominicano (9). El epígrafe delimita el tema que se desarrollará en la novela: el asesinato de Trujillo, el Chivo. Cabe señalar que también el epígrafe fue motivo de debate en términos de autoría por parte del periodista Bernard Diederich, quien afirmó al diario The Miami Herald que Vargas Llosa: "no sólo incluye elementos que sólo pudieron salir de mi libro, sino también un error, que sólo voy a revelar ante un tribunal". Aseguró además que el escritor peruano transcribió en la primera página de su novela parte de la letra de la canción Mataron al Chivo, que él registró a su nombre en la República Dominicana.

En otra nota periodística, Vargas Llosa declara: "He reconocido públicamente el valor del libro del señor Diederich […] pero que este señor diga que no le di crédito me entristece porque no es verdad. Si uno escribe una novela basada en hechos históricos, no hay manera de evitar utilizar los mismos datos, como los nombres de los conspiradores y el automóvil que utilizaron" (Valerio, 2000). Ciertamente, Vargas Llosa reconoció haber leído el trabajo del periodista. En una entrevista en Radio El Espectador de Uruguay, antes de la demanda: "leí también muchas cosas sobre Trujillo… sobre todo dos libros muy interesantes: una biografía de un historiador norteamericano, Grass Willer, y un reportaje sobre la muerte de Trujillo hecho por quien era en esa época el corresponsal del New York Times, un periodista italiano o neocelandés, Bernard Diederich" (Barnabé, 2000). Fernando de Paso habla sobre el problema que tuvo que enfrentar Vargas Llosa

El escritor que escribe novela histórica [...] goza de varias ventajas frente a la historia. Por ejemplo, no necesita poner notas al pie de página ni citar la bibliografía. Creo que no está mal mencionar, cuando menos, las fuentes principales. Lo hizo Carlos Fuentes en Terra Nostra, pero no Vargas Llosa en La Fiesta del Chivo, lo cual le valió, justificada o injustificadamente, que un historiador lo acusara de plagio" (Del Paso, 2002), y un poco más adelante agrega: "En mi opinión, la acusación era injustificada porque se trataba de uno de esos historiadores que se sienten propietarios de la historia. Y nadie es propietario de la historia y menos aún de las creaciones populares como los corridos o las canciones."

El merengue "es el gran foro de los dominicanos: a través de él expresamos lo que somos, nos identificamos. El merengue es nuestra primera cédula de identidad universal como pueblo", afirma Darío Tejeda, investigador y escritor sobre costumbres folclóricas del pueblo dominicano (García Romero, 2002). Tejeda agrega que "Trujillo, con su profunda y perversa intuición, captó eso e instrumentó el merengue en su beneficio, convirtiéndolo en un medio de propaganda y dominación ideológica. Trujillo despojó al merengue de su dignidad".

El dictador supo aprovechar el género musical nativo del cual se jactaba de ser un gran bailador. Trujillo es quien impone el merengue en los grandes salones de fiesta y en toda la geografía nacional a partir de los treinta, tanto en su modalidad típica (llamada perico ripiao), como en la de gran orquesta (cf. Márquez, 2000). En la novela se pueden encontrar otras referencias sobre este testimonio folclórico, además del epígrafe. Los hombres de Johnny Abbes García ponían los "merengues trujillistas de moda" (299) a todo volumen para no dejar dormir a las religiosas del Colegio Santo Domingo, en donde estaba refugiado el obispo Tomás Reilly. En La Voz Dominicana se oían "los merengues y danzones de la orquesta Generalísimo, dirigida por el maestro Luis Alberti" (403), y Urania, al relatar su encuentro con Trujillo en la Casa de Caoba dice:

-Bailaba muy bien, cierto. Tenía buen oído y se movía como un joven. Era yo la que perdía el paso. Bailamos dos boleros, y una guaracha de Toña la Negra. También merengues. Dijo que el merengue se bailaba en los clubs y en las casas decentes gracias a él. Que, antes, había prejuicios, que la gente bien decía que era música de negros e indios. (503-504)

Entre los merengues dedicados a Trujillo se pueden encontrar los siguientes títulos: Salve San Cristóbal, que hace mención al lugar de nacimiento del Jefe; Recogiendo limosna no lo tumban, que canta el fracaso de la invasión del 14 de Junio; Las 4 estrellas, Con Trujillo, Los 25 años del Jefe, Padre de la Patria Nueva, Déjalo que lleguen, 24 de octubre, San Rafael, Héctor B. Trujillo, La Manigua, Llegó, Seguiré a Caballo, Najayo, entre otros.

Cuando asume al poder el 16 de agosto de 1930, el merengue Se acabó la bulla, de Isidoro Flores, describe el cambio político y manifiesta la esperanza que suscita el nuevo líder: "Horacio salió / y ahora entra Trujillo. / Tenemos esperanza / en nuestro caudillo. / Se acabó la bulla, se acabó. / Se acabán los guapos, se acabó. / Ni colú ni bolo, se acabó / Eso de partidos, se acabó." (Márquez, 2000). Irónicamente, el mismo género popular cantará su muerte, aunque su celebración no se incluya oficialmente en calendario alguno. Gracias a la reseña del escritor dominicano Yoé F. Santos, es posible tener un fragmento más del merengue de donde proviene el epígrafe:

Mataron el ‘chivo’ en la carretera...

mataron el chivo y no me lo dejaron ver

(Merengue alusivo al ajusticiamiento de Trujillo, 30 de mayo de 1961) (Santos, 2000)

En los elementos antes revisados, los más externos de la novela –cubierta, título, dedicatoria y epígrafe- hemos querido destacar lo que parece ser el anuncio de una intención narrativa que va más allá de la recreación meramente histórica. En una entrevista que le hicieron un año antes de que publicara la novela, preguntaron a Vargas Llosa "¿por qué Trujillo?", y él respondió:

Ocurrió en 1975. Estaba en República Dominicana y me fascinó el tipo de control que llegó a tener no solamente sobre las conductas, sino yo diría que hasta sobre los espíritus y el inconsciente de los dominicanos. La suya fue una dictadura militar totalitaria. Llegó a controlar totalmente la vida de una nación. Eso me fascinó. Y desde entonces le daba vueltas a una novela ambientada en este contexto. (Lemoine, 1999)

A Vargas Llosa le fascinó la manera en la que el dictador llegó a controlar vidas, mundos y hasta conciencias. Pareciera que dicha fascinación lo hubiera llevado a escribir una novela en donde se reflejara ese control de conciencias y espirítus. Y allí, el asunto histórico se rebasa a sí mismo y trasciende a la esfera del enigma de la existencia humana. El problema del desarrollo de los pueblos de América Latina tiene mucho que ver con esa marca que les han conferido las numerosas dictaduras que han sufrido a través de los siglos, desde su independencia de los países colonizadores.

Trilogía en 24 capítulos

La novela narra tres historias principales –todas incluyendo una tragedia a su vez- en veinticuatro capítulos. Las horas de un día. El primer capítulo está dedicado a Urania. A partir de éste, el relato se presenta en una estructura tripartita en la que se van alternando:

1. La historia actual, treinta y cinco años después, desde la visión de Urania.

2. La historia de Trujillo el día de su muerte.

3. La historia de la conjura para asesinar al dictador, la muerte de los ajusticiadores y el nuevo gobierno.

Dicho orden se mantiene durante los primeros quince capítulos, no obstante que en el central -el doce- se narra la muerte de Trujillo en la emboscada. La estructura alternada se mantiene una secuencia más después del asesinato. A partir del capítulo dieciséis se establece un círculo con los capítulos restantes. Abren y cierran los dedicados a Urania, dieciséis y veinticuatro. Y al centro se encuentran seis sobre los acontecimientos posteriores al asesinato, más uno dedicado a Trujillo -todavía vivo si se considera que fue asesinado en el capítulo doce-. A partir de este momento se altera el orden inicial. Al capítulo de Urania le sigue ahora el correspondiente a la conjura. La historia de Urania queda así unida a la de los ajusticiadores, rasgo que será significativo en términos de la estructura simbólica de la novela.

Los capítulos guardan más o menos la misma extensión y duración. Destacan tres capítulos más extensos: sobre la caída en desgracia de Agustín Cabral, padre de Urania; los funerales de Trujillo y la muerte del general Pupo Román en manos de Ramfis Trujillo, y las estrategias de Balaguer para instaurar un nuevo gobierno. Los tres más cortos narran la muerte de Amadito, la muerte de Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza, y la amnistía que permite la aparición de dos conjurados sobrevivientes.

Se podría considerar que los capítulos más extensos son más significativos. Por lo menos, en ellos se encuentran las claves que determinan la caracterización de los personajes principales y la generación de la historia:

Agustín Cabral cae en desgracia y entrega a su hija Urania al Jefe con la esperanza de recuperar su posición en el gobierno.

Los funerales del dictador y el regreso de Ramfis Trujillo constituyen la transición del poder militar a manos del hijo del Jefe, nuevo ejecutor que tendrá como primera víctima de la conjura al general Román Fernández, la tortura más cruel.

A la muerte de Trujillo, el puesto de Balaguer como Presidente constitucional pasa a cobrar verdadero sentido. Desde su posición y en un despliegue de inteligencia y astucia instaura un nuevo gobierno con el apoyo de los Estados Unidos, para desplazar las fuerzas trujillistas y evitar la caída en el comunismo o la anarquía.

Dos historias, la de Urania y la de Trujillo, se desarrollan en términos de las veinticuatro horas de un día. Prácticamente tienen la misma extensión, seis capítulos lineales cada uno si se deja en un paréntesis el séptimo capítulo de Urania que cierra la novela. Y tanto en éstos como en los restantes capítulos se puede encontrar siempre una simultaneidad en la narración y en los diversos enfoques de un mismo hecho con el fin de presentar los acontecimientos desde las perspectivas de los diferentes personajes. Los veinticuatro capítulos tienen su marca en el texto con números romanos al igual que los relojes antiguos.

El regreso de Urania

La historia de Urania Cabral inicia la novela. La historia de Urania es también una tragedia. Urania regresa a Santo Domingo, después de treinta y cinco años de autoexilio motivado por la experiencia terrible que sufre siendo adolescente. Comprende la visita que ésta hace a su anciano padre, víctima de un derrame cerebral y antiguo hombre de confianza del tirano. Y una cena con sus parientes que sobreviven que sirve de marco para la confesión de su tragedia. Agustín Cabral "cae en desgracia" –término utilizado en el gobierno trujillista para indicar la caída política- y le ofrece la virginidad de su hija Urania de catorce años de edad, cuando el Chivo contaba ya con setenta años.

Urania, que encarna en el relato la visión a distancia de la Era de Trujillo, entremezcla su discurso con la larga lista de horrores, abusos y atropellos que sirvieron para mantener vigente el régimen al que su padre la ofrendó. En la historia real, encarna a las jovencitas que fueron entregadas al Jefe por sus padres con el fin de agradarlo y congraciarse con su confianza, y por extensión a todas las mujeres víctimas del acoso sexual del tirano. Además, es testigo patente de las huellas morales y psicológicas que dejó en los dominicanos la Era del terror. Comprende un total de siete capítulos. Al final de su historia regresa al Hotel Jaragua para hacer maletas y volver a Nueva York, y ahí termina la novela. Hay un gran salto pero la estructura siempre es lineal. La historia de Urania se desarrolla en tres escenarios: el Hotel Jaragua, la casa de su padre y la casa de su tía.

El día de la muerte de Trujillo

La segunda historia narra un día, el último día de la vida de Trujillo. En ella se dan a conocer sus vicios y obsesiones. También sus angustias y desconsuelos. La historia nos muestra principalmente dos perspectivas de Trujillo: el hombre decrépito que sufre en su intimidad y el Jefe de fortaleza inquebrantable, dueño de vidas y conciencias en el medio político y social. El choque entre ambas visiones antagónicas produce el efecto trágico del dictador mostrado desde sus más profundas debilidades.

La historia de Trujillo comprende seis capítulos que cumplen la rigurosa agenda del día en que será asesinado: Cap. II à V à VIII à XI à XIV à XVIII à XII. Sus capítulos se enlazan de manera semejante a los de la historia de Urania. Respetan una estructura lineal en términos del discurso, a excepción también del capítulo final que en el caso de la historia de Trujillo se enlaza con el XII en el que lo asesinan. La agenda de su último día comprende una serie de entrevistas con los personajes claves en términos del sistema dictorial y del gobierno que sucederá a la Era de Trujillo:

La conspiración y el nuevo gobierno

Casi la mitad de la novela está dedicada a este tema. En él se integran la planeación del asesinato de Trujillo, las historias personales de cuatro conjurados –casi todos ellos ejecutores o "ajusticiadores" como los llamará el pueblo después de la primera etapa de persecución-, y la historia del país en transición hacia la democracia. En este apartado juegan un papel fundamental la Iglesia católica como institución y el gobierno de los Estados Unidos. Destacan como personajes centrales Ramfis Trujillo y Joaquín Balaguer, ya que a la muerte del Jefe serán los detentadores del poder militar y político, respectivamente.

La historia de la conjura es la historia del pueblo dominicano. Aquí, los héroes son muchos y primero son salvajemente perseguidos y llamados criminales y asesinos. Aunque después, como decía antes, se les reconoce como héroes y ajusticiadores. Su historia se enlaza con las viscisitudes del nuevo gobierno en tránsito doloroso hacia la ‘democracia’.

Comprende once capítulos y casi la mitad de páginas de la novela. El enlace de los capítulos es muy complejo. Acciones simultáneas y capítulos que se desprenden de la mitad de otros son la característica principal de esta historia. En un primer momento, los cuatro primeros se enlazan de manera casi lineal: Al llegar al duodécimo la linealidad se rompe y se presentan dos capítulos con un ensamble casi simultáneo, con sólo una distancia de minutos. Vienen luego cuatro capítulos que a excepción del dieciocho dedicado a la historia de Trujillo, se suceden consecutivamente en el discurso. Estos cuatro tienen en común el que no enlazan con ningún otro. Todos narran la muerte de algunos conjurados y su muerte pone punto final al capítulo en esa dirección de la historia :

Los dos capítulos últimos se enlazan al final presentando la misma escena desde dos ópticas. Y en ella se reúnen los sobrevivientes –tanto en la novela como en la historia oficial- del proceso de transformación que sufre el país a la muerte del dictador : Balaguer, el Presidente Constitucional; Luis Amiama Tió, involucrado en la conjura, y Antonio Imbert Barreras, conjurado y miembro del grupo de ajusticiadores que dio muerte a Trujillo.

Hemos querido presentar hasta aquí, de manera suscinta, la estructura argumental de la novela y el entramado de las tres historias que la conforman. Nos hemos referido a este apartado en términos de "Trilogía en 24 capítulos" y una razón es que las tres historias parecerían independientes si se realiza una lectura individual de cada una de ellas. Además, las tres historias se refieren a una tragedia al interior de las mismas: la tragedia de la niña Urania en su encuentro con el dictador, el asesinato de Trujillo, y la tortura y muerte de los conspiradores. Dichas tragedias se unen para representar la gran tragedia del pueblo dominicano bajo la Era de Trujillo. El ensamble total de las tres historias está diseñado de una manera tal que se constituye en elemento de carácter simbólico, según se verá en seguida.

Estructura y telarañas

En la novela se pueden percibir símbolos que se encuentran relacionados con algunos objetos. Por ejemplo, la escalera figura plásticamente la ruptura de niveles que hace posible el paso de un modo de ser a otro, o bien la comunicación entre cielo, tierra e infierno. La escalera y la ascensión desempeñan un papel importante tanto en los ritos y mitos de iniciación como en los ritos funerarios, señala Mircea Eliade, por lo cual la escalera que aparece en la Casa de Caoba constituye un símbolo, en este caso visible. Trujillo lleva a Urania de la mano y la ascensión desempeñará un papel importante en lo que ocurrirá arriba.

Pero hay otros símbolos más complejos. Los veinticuatro capítulos que aparecen divididos en tres historias, que podrían parecer independientes entre sí, aparecen entrelazados en un orden ex profeso. Si se revisan los enlaces y las procedencias se puede observar que las dos primeras historias de la novela –la de Urania y la de Trujillo– tienen una estructura casi lineal, excepto en sus últimos capítulos. La historia de Urania envuelve a las demás y la de Trujillo desemboca en su asesinato con lo cual se enlaza con la historia de la conjura. En cambio, la historia de la conjura y nuevo gobierno es más complicada y los capítulos proceden de las páginas intermedias de otros. Cuatro de ellos terminan sin enlace alguno con los demás porque en cada uno de ellos hay uno o varios conjurados que han sido asesinados. El capítulo XXII y el XXIII se unen con un final idéntico en el que aparecen los dos sobrevivientes, los cuales –sumados al Presidente– representan a tres personajes históricos que sobreviven a la Era de Trujillo: Joaquín Balaguer –fallecido en el 2002–, Luis Amiama Tió –también fallecido recientemente– y Antonio Imbert Barreras que aún vive.

La figura que se podría imaginar es un círculo: la historia de Urania que abre (cap. I) y cierra la novela (cap. XXIV), en cuyo centro ocurre el tiranicidio (cap. XII). Dicho círculo se refuerza por la presencia del narrador externo cuya voz abre y cierra el relato. En lo que se refiere al centro –el tiranicidio–, es posible encontrar que en él convergen las dos historias restantes, la de Trujillo y la conjura, y que a partir de ese centro se genera la narración de la venganza. Esos círculos que encierran un centro ‘dinámico’ (considerando el carácter ‘generador’ del cual surge la otra mitad de la novela) podrían ser el bosquejo de una telaraña o de un laberinto.

El laberinto esencialmente significa "la complicación de su plano y la dificultad del recorrido" (Chevalier, 1991: 620). En términos de la estructura de la novela, se podría pensar en la dificultad del entramado de los capítulos y las historias. Una significativa cita de Crassweller dice: "Muy hacia el interior de la ‘Estancia Fundación’, lo suficientemente cerca del centro para justificar la metáfora de una araña en medio de su tela […] está la casa de campo que Trujillo mandó construir y a la que dio el nombre de Las Caobas" (Crassweller, 1966: 159). Y es precisamente en la Casa de Caoba en donde se realizará el segundo y definitivo tiranicidio, ya que a Rafael Leonidas Trujillo Molina como dictador, como Jefe, como el creador de la Era de Trujillo no es tan sencillo eliminarlo, no es tan fácil acabar con él ni con el poder dictatorial que representa. Su muerte física –tiranicidio histórico– se sumará a otro tiranicidio simbólico –en el capítulo final de la novela– con el cual se cerrará el relato y la historia de la Era de Trujillo.

El laberinto se puede encontrar en todas las culturas, desde Grecia hasta China, Egipto inclusive. El acceso al laberinto y el viaje al centro sagrado que protege es una especie de viaje iniciático. Es un símbolo de defensa de algo precioso y tiene "la función religiosa de defender contra los ataques del mal" (Chevalier, 1991: 621). Pero también en el centro del laberinto se encuentra el Minotauro, el monstruo cruel con cuerpo de hombre y cabeza de toro que se alimentaba de carne humana.

El símbolo de la telaraña aparece constantemente en la novela. La primera cita pertenece precisamente a Trujillo. Inicia el capítulo II y la historia del dictador: "Despertó, paralizado por una sensación de catástrofe. Inmóvil, pestañeaba en la oscuridad, prisionero en una telaraña, a punto de ser devorado por un bicho peludo lleno de ojos." (24). Luego, la telaraña simbolizará la red que se ha establecido para la conjura. Antonio de la Maza piensa: "él era el único que conocía como su palma de la mano toda esa telaraña de nombres y complicidades" (124), y un poco más adelante, "se había sentido exactamente eso: una araña en el corazón de un laberinto de hebras tendidas por él mismo, que aprisionaban a una muchedumbre de personajes que se desconocían entre sí" (124-125).

La telaraña se refiere también al complicado mecanismo de corrupción que sostenía el gobierno de Trujillo: "Buena parte de la telaraña legal de la Era había sido tejida por la endiablada habilidad de ese gran rábula" (150). Y a Trujillo mismo, según el pensamiento de Antonio Imbert, uno de los ajusticiadores: "Había que liquidar a la persona en la que convergían todos los hilos de esa tenebrosa telaraña." (174). El "gran rábula" de la cita anterior es Henry Chirinos, uno de los personajes más desagradables de la novela, en cuya casa Agustín Cabral observa: "Manchas y lamparones afeaban los muros y de sus techos colgaban telarañas […] y los hilos plateados de las telarañas que delataban las lanzas de luz solar que penetraban por los postigos" (265). Henry Chirinos aparece, veladamente, como culpable de la caída en desgracia de Cabral.

La conjura fracasa por error de Pupo Román. Su hermano Bibín que acompañó a los ajusticiadores que traían el cadáver de Trujillo en un baúl en el coche para mostrárselo, según había exigido, se embriaga por la desesperación y en ese estado lo encuentra Pupo Román: "Bibín se echó a llorar. Contemplaba a su hermano con una tristeza infinita en los ojos aguados. Un hilillo colgaba de sus labios como una telaraña." (418). En este caso, la telaraña aparece anunciando una catástrofe –al igual que en la pesadilla de Trujillo– y la misma intención podría leerse cuando el tirano "fijó la vista en la araña de cristal de bombillas en forma de pétalos, y añadió: El 2 de octubre de 1937, en Dajabón." (214), recordando la decisión de iniciar la más terrible matanza de haitianos que recuerda la historia. Cuando Manuel Alfonso le propone al senador Agustín Cabral entregar a su hija Urania como ofrenda de desagravio, aparece también una lámpara con el simbólico animal: "La luz de la araña le da de lleno en la cara y sólo hasta ahora Cabral advierte la sinuosa cicatriz que se le enrosca en la garganta." (341).

La imagen más siniestra es la cita que corresponde a Ramfis Trujillo en el funeral del dictador: "Estuvo largo rato mirando el cadáver de su padre, haciendo unas muecas que no podía reprimir; parecía que sus músculos faciales trataran de repeler una invisible telaraña adherida a su piel." (457). Y en seguida de la presencia de este símbolo viene el juramento de venganza que lo transformará en el cruel ejecutor de los conjurados y en la manifestación del poder de Trujillo más allá de la muerte.

La telaraña, entonces, remite en cierta forma a la arquitectura de la novela y al laberinto que representa en un doble sentido. Por una parte, es un intrincado refugio que parece resguardar el principio, el origen de la tiranía –el Minotauro– lo cual hace que la tarea de la conspiración se complique más allá de lo planeado racionalmente. Por otra, la telaraña es también la complicada red que envolvió a personajes de todos los niveles para la conjura que pondría fin a la vida de Trujillo. En esta segunda imagen estaría presente la benévola figura de Ariadna que tiende su hilo para que su amado Teseo pueda salir del laberinto después de consumar la empresa de dar muerte al Minotauro: "Before Daedalus left Crete, he had given Ariadne a magic ball of thread, and instructed her how to enter and leave the Labyrinth" (Graves, 1960: 339). Ariadna nos remite a Dionisos y éste, a su vez, al símbolo del chivo, cerrando así un círculo en el que queda atrapada la suerte del dictador que no podrá escapar de su ajusticiamiento.

Notas

[1] La novela de Lafourcade es una sátira alegórica en donde el dictador “Carrillo” vive una fiesta permanente de lujuria, poder y sometimiento del pueblo mediante el terror, en compañía de dictadores como “Pérez Pinilla y José Domingo Absalón”, entre otros. Lafourcade, 1959: 95).

[2] Tablillas órficas, fragmento 32 f., trad. de Jean Defradas, citado por Jean Chevalier (1991: 394), las cursivas son mías.

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Publicado en Sincronía Fall 2007