VOLVER_________SIGUIENTE

Conjeturas y otras cojudeces de un sudaca

LA MEMORIA ANCESTRAL

Leopoldo de Trazegnies Granda

         Creo que de chiquito era inteligente y hablaba de corrido, aunque ya en esa época se me olvidaban las palabras como ahora.
         Escribir sin acordarse de las palabras es como esculpir en el aire (o escupir al viento, que para el caso es igual). Como no me resigno a callarme me valgo del sistema de ir dejando espacios en blanco, correspondientes a las expresiones que en ese momento no recuerdo, para rellenarlos posteriormente, aunque el párrafo resulte totalmente incomprensible.
         Algunos filósofos han asociado el lenguaje al pensamiento, sostienen que se piensa con palabras. Si su teoría es cierta, tendría que aceptar que soy subnormal, pero lo que resulta contradictorio es que yo entiendo perfectamente mis textos llenos de lagunas, luego no pienso con palabras ┐entonces, en qué coño pienso yo?
         Durante el tiempo que emigré a Bélgica (la tierra de parte de mis antepasados) mi falta de retentiva me llegó a preocupar porque me olvidaba de los términos castellanos a un ritmo superior de los que aprendía en francés. Me arriesgaba a volverme mudo por culpa de mi mala memoria.
         Por eso comprendo mejor que nadie el intenso drama de mis perros que sólo tienen los ladridos para pensar, aunque sospecho que a uno de ellos le pasa lo que a mí: que sabe pensar sin necesidad de palabras.
         Menos mal que mi problema de emigrante en Bélgica se resolvió, con gran esfuerzo, comprando periódicos españoles, escuchando RNE todas las noches (enganchando la antena de la radio al bajante del tejado del vecino) y acudiendo a la Alliance Française a aprender nociones básicas del idioma local. También creo que en esa época empecé a comer un poco más, lo cual me facilitó mucho las cosas.
         Mestizo como soy de muchas sangres, a veces, descubro en mi subconsciente (o por allí) contradicciones o afinidades culturales que me deparan muchas sorpresas. Mi aspecto es de sanguíneo braquicéfalo, pero si me soban un poco (y me calientan) aparece el latino mediterráneo y si me raspan (me pongo melancólico y) sale el indio andino. No me extrañaría nada deberle los pómulos a Oriente y la calidad de mis huesos a Africa (al menos eso quisiera yo). En el Perú "el que no tiene de inga tiene de mandinga" o de cualquier otra cosa, todos somos mestizos aunque algunos no lo reconozcan.
         Nací en una maternidad bulliciosa de ciudad subdesarrollada y un poco corrompida, con nombre de fruta y cielo color mazamorra: Lima. Conservo el resguardo de doscientos cincuenta soles que pagó mi padre por el parto. Me lo dio antes de morir en una carpeta de papeles sobre mi nacimiento. Seguramente lo engañaron en el precio cuando oyeron su acento extranjero, porque en esa época, hace cincuentisiete años, dar a luz en centro público tenía que ser más barato.
         América ha sido siempre tierra de emigración para los europeos. No tiene pues nada de extraño que mi padre diera románticamente con sus huesos en el Perú, atraído por una limeña que conoció en París en los años veinte.
         Comprendo la decepción de mi madre al ver que nacía su tercer hijo hombre, cuando ella esperaba una mujercita. Actualmente hubiera podido ir haciéndose a la idea desde el primer "scanner", pero entonces sólo pudo saberlo cuando la partera me levantó por los tobillos como quien muestra una pieza de caza y los presentes pudieron observar sin disimulo el apéndice masculino indeseado. La enfermera, que esperaba para bañarme y vestirme, se sentiría ridícula sosteniendo los roponcitos rosados que mi madre y mis tías, incluso mi tía Areopagita, habían tejido en las aburridas tardes miraflorinas.
         Nací pues belgo-peruano, cosa ya bastante rara, pero lo peor era que me asomaba al mundo culpable de la inoportunidad de mi sexo y estoy seguro que desde mi rosada cuna intenté hacérmelo perdonar. Creo que con mucho esfuerzo lo logré y no recuerdo que posteriormente nadie me lo echara en cara.
         Crecí peruano a secas, con patriotismo futbolístico de campeonatos sudamericanos. Fui europeo por azar, más tarde español por voluntad propia y ahora creo que envejezco en indio y empiezo a leer al inca Garcilaso.
         Aunque me fío poco de las memorias magnéticas siempre serán mejores que las ancestrales, por eso, he grabado mis circunstancias genético-culturales en el ordenador para poderlas consultar cuando se me olviden.
VOLVER A LA PAGINA PRINCIPAL
PAGINA ACTUALIZADA EL 15/10/1999