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Conjeturas y otras cojudeces de un sudaca



EL TONGO BELGA

Leopoldo de Trazegnies Granda

        En Lima, las lineas de autobuses (omnibuses allá), no se conocían por su numeración sino por sus nombres. La del "Expreso" de Miraflores era la más elitista, con asientos acolchados, perfectamente acondicionados para climas gélidos, herméticos, donde un montón de cojuditos pasabamos un calor insoportable regresando de los colegios de curas. El "Tacna-Trípoli" en cambio, era más marginal, le estaba vedado transitar por la avenida Arequipa, pero tenía una indiscutible ventaja: normalmente tenía las ventanas rotas.
        La linea de "Plaza México", con una flota de vehículos desvencijados y mal olientes, probablemente adquiridos de segunda mano en EEUU, era vergonzante: terminaba su recorrido en el barrio de La Victoria, donde estaba ubicada la zona roja de la ciudad. Para llegar a los burdeles había que bajarse en la plaza Manco Cápac, donde la estatua del primer Inca señalaba con la mano (con talante más pizarrista que incaico): "¡Por allá se va a Huatica!". Tres o cuatro cuadras más arriba empezaban los prostíbulos.
        El "Urbanito" era un pequeño autobús local que partía del mercado de Surquillo para recorrer traqueteando las calles de Miraflores y terminar en el parque de la parroquia. A veces se detenía en la gasolinera de Constantino para agregar agua a su humeante radiador, circunstancia aprovechada por nosotros para jugar en su interior. Su suelo de listones de madera desiguales, le daba la apariencia de un carricoche de feria. Olía a fierros y verduras.
        El más tétrico anunciaba en su cartel frontal: "Cementerio" y los choferes, en la plaza Grau, aguardaban a los clientes con sonrisa socarrona.
        Los había peor acondicionados, sin asientos, con el motor al aire, que circulaban envueltos en nubes negras con gente hasta en los estribos: el "Cocharcas", "Jesus María", "Chacra Colorada"... Uno de ellos, el "Olaya", rimando con su destino, nos llevaba a la playa de Chorrillos. El pasaje costaba tres reales, pero la mayoría de las veces el cobrador no nos entregaba el boleto.
        -Este tipo es bien sapo -decíamos-, se queda con la plata.
        -A ustedes qué les importa -nos respondía.
        La verdad es que nos daba igual. Nosotros íbamos a bañarnos.
        En el Perú, la corrupción se puede llamar "chanchullo", "criollada", coima, o simple pendejada. En el extranjero el léxico es más pobre, pero el efecto es el mismo.
        En Bruselas, esa ciudad tan llena de tranvías lujosos bajo una lluvia permanente, trabajé en un organismo internacional y pude comprobar que la "criollada" no es patrimonio exclusivo de ningún país. En todas partes cuecen babas de la misma manera.
        Una de las principales actividades del organismo, dedicado a la ayuda a Africa, era seleccionar y enviar material didáctico al antiguo Congo Belga. Yo revisaba las facturas presentadas por importantes librerías belgas donde se consignaban manuales de historia, matemáticas o física. Pero un buen día tuve que ir a Amberes y me acerqué al puerto a revisar el cargamento cultural del mes, me asomé al container aún sin cerrar y descubrí que en vez de libros de curso, lo que se enviaba eran novelitas del género rosa, policiales o de vaqueros. Cuando me dirigí al responsable se rió un poco diciéndome: "¡Qué más da! Los negritos no entienden de esto". (Recordé al cobrador del "Olaya", pero esta vez yo no iba a ninguna playa). Comprobé que la corrupción ascendía por los despachos mejor alfombrados del organismo. Pero no se podía demostrar nada, yo no había estado en Amberes ese día, yo no tenía porqué verificar nada.
        A la semana siguiente, me sorprendió que me llamaran a una reunión donde se decidiría el material deportivo que se iba a destinar ese año a Kinshasa. Me negué a aceptar el envío de trampolines para unas escuelas que no tenían piscina ni agua corriente. Posteriormente fui trasladado, como es lógico suponer, al departamento de traducciones de portugués, donde teóricamente podía ser yo bastante más útil.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 15/10/1999