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Conjeturas y otras cojudeces de un sudaca

EN VEZ DE TEJA ABRAZADERA


Leopoldo de Trazegnies Granda

Cuando cayó la abrazadera oxidada rozándome la cabeza, las palomas de Trafalgar Square vagaban hambrientas por la plaza esperando que alguna dama madrugadora les echara migas de pan y aletearon asustadas al verme dar un salto para esquivar la pieza de hierro que caía desde un edificio en restauración (monumento histórico sin lugar a dudas).

Jamás hubiera adivinado que Trafalgar era el nombre de un tramo de la costa andaluza, a mí me sonaba a apellido de general inglés al mando de la flota que venció a la Armada Invencible. Confusión que puede tener cualquier ejecutivo de multinacional americana, me consolé, sin que le impida aparentar un porte digno, sin que se le deshaga el nudo Wilson de la corbata. Tampoco sabía exactamente en qué había consistido La Armada Invencible y me sonaba más a película americana basada en una novela de Salgari que a desastroso acontecimiento bélico español. Las lagunas culturales que iba descubriendo nada más pasearme por las calles de cualquier ciudad europea no me acomplejaban en absoluto, por el contrario, estimulaban mi curiosidad para enterarme de las cosas que me interesaban. Además, no estoy muy seguro si era ignorancia o si en el fondo yo las sabía, o las había sabido en otra vida, pero prefería darle más importancia a la sensación que me producían, porque, dijeran lo que dijeran, Trafalgar no parece nombre español y La Armada Invencible yo juraría que la vi hace quinientos años en el cine Pacífico de Miraflores acompañado de la chica que me gustaba, y que era de piratas.

Que el mundo no correspondiera a la visión que yo pudiera tener de él lo advertí desde chico y tampoco puse mucho empeño en adecuarme a una realidad que me parecía errónea. Por ejemplo, durante un tiempo creí que Estados Unidos, ese país poblado por una raza de actores y actrices cinematográficos, estaba ubicado en Europa porque en la América que descubrió Colón sólo podían vivir tribus (castellano o quechua) hablantes como la mía. Era imposible creerse que Gary Cooper compartía el mismo suelo que nosotros. En todo caso, se me antojaba, Estados Unidos estaría situado en un lugar atlántico equidistante entre la blanca Europa y la mestiza Sudamérica, una especie de Groenlandia super tecnificada. Porque al norte del Amazonas o de la cordillera de los Andes sólo podía nacer gente como Pedro Infante o Silvia Pinal, pero yanquis jamás.

Cuando vivía en Lima, Estados Unidos fue muy importante para mí. Me venía constantemente a la mente y me producía una sensación de bienestar, pero no se debía a la existencia del país sino al nombre de una calle del barrio de Jesús María donde tenía su casa la chica con la que iba al cine. Esa coincidencia hizo que todo lo "made in USA" me resultara agradable. Ella me ninguneó a la salida de "Gigante" (Rock Hudson/James Dean) y yo creo que por una ley de compensación freudiana empecé ya entonces, para mi desgracia, a desinteresarme por ese maravilloso país en tecnicolor que admiran arrobados los neoliberales.

Si la abrazadera en cuestión me hubiera matado no habría pasado nada. Un suceso banal: "sudaca desconocido muerto en accidente en Londres" (aunque hubiera sido una demostración palpable que un habitante de la peligrosa Latinoamérica puede morir en la civilizada Europa por culpa de un encargado de obras irresponsable, probablemente irlandés). Pero si me hubiera dejado mal herido las cosas se habrían complicado. Me habría sido difícil explicar que era un empleado de una multinacional americana de visita en Londres para asistir a unas reuniones comerciales absurdas, de nacionalidad peruana pero hijo de padre belga, nacionalizado español y residente en Sevilla.

A la pregunta de "żY que hacía usted entre las palomas de Trafalgar Square un jueves por la mañana?" no habría sabido qué contestar y me habrían buscado la cocaína en los bolsillos directamente.

La abrazadera, que casi me cae en la cabeza mientras intentaba ampliar mi cultura en una plaza histórica, me hizo tomar conciencia de que había entrado en un proceso irreversible de europeización. Sin saber porqué, desde entonces, cada vez que quiero decir teja digo abrazadera.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 7/11/1999