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ESPAÑA, APARTA DE MI ESTOS PREMIOS
Autor: Fernando Iwasaki.
Páginas de espuma. Madrid, septiembre/2009.

LA KATANA SATÍRICA DE UN SAMURAI ESPAÑOL

por Leopoldo de Trazegnies Granda

        En las páginas preliminares de España, aparta de mí estos premios Fernando Iwasaki nos confiesa un secreto clarificador sobre sus relatos. Nos dice: "Hay dos Españas y sólo es posible escribir para una de las dos. Mi elección es clara y rotunda: siempre escribo para la España que sabe reírse de sí misma".

        Los que nos alineamos en esa España ya sabemos que a partir de allí vamos a reírnos juntos de nosotros mismos en hilarantes retratos de la vida carpeto-america-nipona-vetónica.

        Pero no es exactamente humor lo que él hace en este libro. No encuentro en el diccionario una palabra para definirlo. Tal vez en una Babel más racional que la bíblica dispondríamos de voces para todas las situaciones físicas o abstractas que se pudieran presentar y tendríamos una para este género de sátira solemne pero estrafalaria que nos presenta el autor peruano radicado en Sevilla. Tal vez podríamos pedir prestada la palabra al idioma japonés, lengua a la que Iwasaki se siente muy ligado genéticamente y que utiliza para dedicarle la obra a su esposa Marle sin que podamos averiguar qué le ha dicho y con la sospecha de que él tampoco está muy seguro de lo que le ha dicho.

        El argumento es sencillo e ingenioso: satiriza a los concursantes que aspiran a un premio literario y presentan los mismos textos retocándolos una y otra vez para adaptarlos a las exigencias a veces esperpénticas de las bases de los concursos. En su Libro de mal amor trataba el amor con humor y el humor con amor. En España, aparta de mí estos premios se ocupa principalmente de la estupidez humana desde sus facetas más absurdas o ridículas.

        El efecto cómico no lo consigue en este libro mediante el contraste imprevisto que provoca la risa en un chiste, sino tratando situaciones aparentemente disparatadas entre japoneses y españoles con ingenio e inteligencia. Los relatos son divertidos por las situaciones imprevisibles que nos propone, no por los juegos de palabras. Utiliza el lenguaje con la sobriedad de un samurai blandiendo lentamente su katana. Su literatura es entretenida y estimulante y el corte de la acción suele hacerlo de forma clara, mostrando seguidamente la hoja limpia, como un nigromante que al final de la historia nos descubriera el truco empleado que no es otro que la magia de la fabulación literaria utilizada. Su mérito consiste en hacer posible lo increíble y en conseguir, mediante el humor (si lo queremos llamar así), transformar la realidad, una y otra vez en un "más difícil todavía".

        Los suyos son cuentos para escritores, porque quién no se ha leído alguna vez las bases de un concurso para ver si puede mandar algo, aunque esté convocado por el Ayuntamiento de Benaoján y sea el IV CERTAMEN DE CUENTOS ESPELEOLÓGICOS "CUEVA DE LA PILETA" y se ha planteado los mismos problemas que el perseverante candidato de estas historias.

        Así, en la cueva de La Pileta nos encontramos con un brigadista japonés llegado a España desde Estados Unidos con el batallón Lincoln que, sufriendo la misma "distracción guerrera" de su émulo de la isla de Guam, ha permanecido escondido en la cueva benaojana durante casi los setenta años que han pasado desde que terminó la Guerra Civil y sale con los mismos bríos de joven samurai invencible a enfrentarse con unos visitantes televisivos imprevistos.

        Los relatos emergen de la tierra literal y literariamente porque se trata de nipones que por diversas razones quedan atrapados en sus entrañas y surgen como fantasmas por toda la geografía mundial, pero siempre firmemente vinculados a alguna región española, siempre según los requerimientos impuestos por los concursos literarios locales. Entre ellos encontramos japoneses-vascos enzarzados en candentes polémicas gastronómicas retransmitidas por televisión, o jardineros hijos del Sol Naciente, pero a su vez forofos aficionados del Sevilla C.F. o del Betis, que con respeto reverencial vuelven en la ancianidad a Híspalis para esparcir sus cenizas en los campos de fútbol de sus equipos preferidos donde a partir de entonces florecerán los crisantemos.

        O nos encontramos con administraciones locales de pueblos regidos por extravagantes alianzas entre Falange Auténtica e IU que convocan premios sobre los "Héroes de Toledo" con tema obligado sobre la resistencia del Alcázar. Y el tenaz concursante presenta un cuento donde el hijo de un japonés al que el general Moscardó le salvó la vida en Filipinas, aparece en los sótanos de la fortaleza dispuesto a hacerse el hara-kiri porque su sentido del honor le impide aceptar la deshonra de saber que el general que le salvó la vida a su padre haya muerto antes que él.

        Se trata pues de una sátira contínua que se vale de hechos dramáticos, históricos o imaginados, para transmitir al lector el lado teatral o bufonesco que tienen casi todas las acciones humanas aunque queramos revestirlas de la mayor solemnidad y utilizarlas como símbolos patrióticos, religiosos o gastronómicos, pero no exentas de cierta conmiseración humana.

        Iwasaki utiliza la televisión como un recurso para colocar la cámara narrativa siempre en un lugar inesperado. Provoca lo que una vez le dijeran a Ezra Pound: "Usted no quiere mostrarnos las cosas, lo que quiere es darnos otros ojos para que veamos las cosas de otra manera". En España, aparta de mi estos premios es como si nos diera unos prismáticos que por momentos se convierten en un caleidoscopio.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 7/9/2009


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