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ENTREVISTA AL ESCRITOR GAO XINGJIAN

(Publicada en el Suplemento BABELIA del diario El Pais el sábado 24/3/2001).

Gao Xingjian lleva poco más de doce años viviendo en París y hasta el pasado otoño era uno más de los miles de orientales que viven en la capital francesa. En el bloque de pisos de la barriada en la que habita, los vecinos no sabían nada de él. Para el portero del inmueble era "el pintor que vive en el apartamento de arriba", para quienes ocupan un piso en el mismo rellano, "un hombre muy cortés y discreto". El premio Nobel ha acabado con ese anonimato y con la tranquilidad con la que Gao Xingjian podía trabajar sus novelas, ensayos, poemas, obras de teatro o cuadros. Ahora, cuando llega a nuestra cita en un café vecino al Beabourg, lo hace procedente de Londres y después de haber realizado una gira por Estados Unidos para presentar su libro. Desde que los académicos suecos le descubrieron para el resto del mundo, el escritor no ha vuelto a tener un momento libre para volver a coger la pluma.

Pregunta. En su libro La Montaña del Alma parece evocarse como paraíso perdido un mundo en el que las cosas sólo eran y no significaban.

Respuesta. Cuando escribo, a menudo grabo el texto en un magnetófono y luego lo escucho a oscuras. Me preocupa la musicalidad, busco los efectos que nacen de la sonoridad de la lengua, de la repetición de ciertas palabras. Mis libros pueden leerse en voz alta. En realidad, si debiera definirme, diría que sólo soy un esteta.

P. La cuestión de la belleza precisamente fue evacuada por el arte del siglo XX.

R. Las grandes corrientes del arte del siglo XX en Occidente han sustituido las sensaciones por los conceptos. Es un camino equivocado. Los impresionistas o los cubistas, Cézanne o Picasso, no hacían antiarte, no suponían una negación sino una innovación. No rompen con la imagen aunque crean una imagen nueva, distinta. Pueden liquidar la perspectiva pero se sienten herederos de una tradición, son continuadores de una cultura. Cuando Marcel Duchamp descubre que todo puede ser arte, que cualquier objeto es susceptible de ingresar en un museo y que nuestra mirada sobre él cambiará desde el momento en que esté expuesto en dicha institución, él es el primero en decir que el arte ha muerto. No es verdad, pero tiene el mérito de ser el primero, de haber tenido la idea. Luego lo han repetido otros muchos. Decir que el arte ha muerto es un gesto de una vanidad ridícula. Detrás de esa afirmación grandilocuente sólo hay una pequeña idea. Todo el arte conceptual, toda la producción posmoderna sale de ahí.

Conviene no olvidar que Gao Xingjian es un pintor excelente y que las ediciones francesas de sus libros en las Éditions de l'Aube tienen cubiertas que reproducen telas del propio escritor, paisajes mágicos y misteriosos, montañas neblinosas y de vegetación espesa en las que se parece hermanar a la perfección lo infinitamente pequeño y la inmensidad. Nacido en 1940 en Jiangxi, diplomado en francés por el Instituto de Lenguas extranjeras de Pekín, se convirtió en una figura importante de la renovación cultural china a raíz de publicar, en 1981, un ensayo sobre la novela moderna que cuestionó los parámetros por los que se regía la creación literaria en un país que acababa de salir del esterilizador debate ideológico de la llamada Revolución Cultural.

P. La Montaña del Alma es una novela-mosaico, en la que se mezclan narradores, épocas y relatos, próxima a las novelas fundacionales europeas.

R. En chino arcaico, el concepto "novela" se refiere a lo que tiene poca importancia, a lo que existe al margen del poder. Una novela puede incluir poemas, notas de viaje, leyendas. La novela es el mundo de la libertad, en el que todo es posible, un universo que funciona sin ninguna relación con la moral, la educación o la ética. La novela es un juego del espíritu, como también puede serlo la filosofía. La diferencia entre novela y filosofía radica en que la primera es obra de la sensibilidad, surge de una mezcla de deseos, códigos y convenciones arbitrariamente construidas. Las únicas limitaciones que tiene la novela son las que se autoimpone el novelista y cuando este sistema creado por el autor se desvanece, aparece la vida. Es una oportunidad para ver cómo se gesta y crece esa vida que, claro, no tiene ninguna finalidad.

P. Su idea de la novela se asemeja a la que defiende Milan Kundera cuando considera esta forma literaria como un reducto de la "suspensión de poder".

R. La novela es un cuestionamiento constante de la condición humana y de la historia contada por el poder. La historia siempre la cuenta el poder. En La Montaña del Alma hay una búsqueda de una cultura no contaminada por el poder, pero, ¿cuál es esa cultura?, ¿qué quiere decir la palabra "cultura"? En mi novela se da gran importancia a la tradición oral, a la narración. Lo más importante no es la ficción sino la narración, de la misma manera que evito la descripción y busco la evocación. En pintura, los detalles conservan todo su sentido; en literatura, acaban por ocultarte lo que quieres mostrar. El exceso de palabras te lleva a no ver nada.

P. El deseo sexual, la relación con la naturaleza, la revelación de un pasado cultural, parecen ser los momentos que permiten que la vida cobre intensidad.

R. La literatura toca algo esencial del ser humano. La misión del escritor es tocar lo real, aproximarse a él tanto como sea posible, hacerlo surgir en sus páginas. Para que eso se produzca ha de trabajar la lengua de manera que ésta sea capaz de hacer sentir lo que él mismo ha sentido. No se trata tanto de comprender como de sentir porque las personas nunca llegamos a comprender de verdad lo que tenemos delante nuestro. En la vida, el azar juega un gran papel. ¿Es el Destino, la Casualidad o Dios? No soy una persona creyente o religiosa, pero en mi interior el sentimiento religioso, la presencia de la religión, es cada vez más intenso.

Gao Xingjian ha traducido al chino autores con los que, a priori, tiene muy poco que ver, como el caso de Eugene Ionesco o el de Samuel Beckett, interesado uno en revelar el lado absurdo de la cotidianidad, empeñado el otro en un desesperado proceso de depuración. La Montaña del Alma tiene más de 650 páginas, una extensión que asustó a muchos editores franceses y que llevó al libro a aterrizar en el despacho de las Éditions de l'Aube. Entre 1990 y 2000 vendieron poco más de 10.000 ejemplares, pero ahora, en cuestión de tres meses, han vendido 160.000, y ese éxito se ha hecho extensivo a los otros títulos de Gao Xingjian. Los anglosajones, que también reclamaban del autor que aceptase mutilar su trabajo para dejarlo en no más de 400 páginas, se sienten ahora orgullosos de publicarlo en su integridad.

P. Sus personajes no tienen ni nombre ni características físicas. Son meros "yo", "tú", "él", "vosotros" o "ellos".

R. No son personajes, son personas. Los vamos conociendo por lo que hacen o sienten, no por cómo son o por cómo se llaman. Respecto a las distintas personas que asumen el relato, todo parte de esa búsqueda de los orígenes. Fuxi, con su cuerpo de serpiente y cabeza de hombre, tiene relaciones con Nügua, que le da la inteligencia. Es la explicación que encontramos en ladrillos de la época de los Han. De bestias salvajes se les transforma en monstruos y de ahí a la condición de antepasados nuestros. Entonces, el individuo no existía, no distinguía entre lo "mío" y lo "tuyo". El "yo" aparece con el miedo a la muerte, pero ese hombre era incapaz de tener miedo de sí mismo, sólo lo tenía del "otro", del "tú".

P. Llama la atención que "nosotros" sea un término que no emplea nunca.

R. Porque es un término hipócrita y afectado, que corresponde a quien se toma por portavoz de los demás, quien no quiere distinguir entre "yo" y "vosotros". Sólo la vanidad y el poder emplean el término "nosotros". Hay que huir del vocabulario colectivo, de multitudes, de la masa que olvida la existencia del individuo. Y al margen de esas consideraciones debo añadir que esa manera de nombrar a mis criaturas tiene grandes posibilidades cuando las aplico al teatro, pues abren las puertas a una teatralidad interna, a representar no sólo para los espectadores, sino también para los otros actores. Es un juego de combinaciones que aporta confusión y riqueza.

P. El "tú" de su novela huye continuamente, busca un lugar "donde todo está en su forma original".

R. Como artista pienso que lo más precioso que tiene el hombre es la libertad de espíritu. Como individuo soy tan frágil como cualquier otro, las obligaciones y limitaciones pueden hacerme tanto daño como a los demás y por eso pienso que la solución es la huida, el no dejarse atrapar. Lo que decía antes de la plástica del siglo XX puede hacerse extensivo a la literatura. Un creador sólo ha de ser fiel a las estructuras que crea y a las reglas que se impone. Es su manera de escapar a esa creación concebida como reflejo de la evolución social y política, que no es sino una creación sin interés artístico, sin valor estético. El arte tiene sus propias reglas y éstas funcionan autónomamente.

La experiencia personal de Gao Xingjian es la de alguien que ha conocido la Revolución Cultural y que ha tenido que participar o asistir a debates sobre qué características debe tener la producción artística para resultar adecuada a los intereses de la mayoría de la población y, sobre todo, a los de los dirigentes del partido único. En varios capítulos del libro se ridiculiza la rigidez ideológica y se nos ofrecen distintas explicaciones verosímiles de un mismo fenómeno u objeto, en otros pasajes se nos remite a una suerte de equilibrio que sólo existe en la naturaleza, en la que lo peor puede proteger lo mejor, como es el caso de la sobreabundancia de serpientes muy venenosas que sirven de guardianas que hacen inaccesibles e indestructibles unos bosques de gran belleza. La naturaleza desafía al tiempo, no se deja vencer por el hombre o, cuando menos, le hace sentir su fragilidad. Basta con que se levante la niebla para perder todas las referencias, para ser engullido por el bosque. Y en esa frondosidad impenetrable sólo sobrevive aquel que cree en el eslabón perdido y que el sentido del humor de Gao Xingjian es peculiar no es otro que un hombre que se refugió entre los árboles para escapar a la voluntad de adoctrinamiento de los guardias rojos.

La Soledad del Hombre

GAO XINGJIAN

Una muestra de la singular manera de narrar del último premio Nobel de Literatura.

Cuando Niu Gua creó al hombre, hizo su desgracia. Las entrañas de Niu Gua se transformaron en hombre, nacido de la sangre de la mujer, nunca se purificará.

No conviene sondear las almas, no conviene buscar las causas y los efectos, no conviene buscar el sentido, todo no es más que caos.

El hombre no grita más que cuando no comprende, el que ha gritado no ha comprendido nada. El hombre es un ser difícil que se crea sus propios tormentos.

Este "yo" en medio de "tú" no es más que un reflejo en el espejo, la imagen invertida de las flores en el agua; si no eres capaz de entrar en el espejo, no llegarás a repescar nada y no harás más que apiadarte de ti mismo en vano.

Es preferible para ti que continúes queriendo perdidamente la imagen de todos los seres animados, ahogándote en el océano de los deseos, las pretendidas necesidades espirituales no son más que una especie de masturbación, tienes el aspecto descompuesto.

La sabiduría es también una especie de lujo, una especie de gasto suntuario.

No tienes ganas más que de exponer los hechos valiéndote de un lenguaje que trasciende las relaciones de causa y efecto y la lógica. Se han contado ya tantas tonterías que nada te impide seguir contando más.

Inventas de un tirón, juegas con el lenguaje como un niño juega con los cubos. Pero con los cubos no es posible construir más que figuras fijas, todas las estructuras están sin duda contenidas en los cubos, imposible hacer algo nuevo, sea cual sea la manera en que se dispongan.

El lenguaje es como una bola de pasta con la que moldeas frases. Tan pronto abandonas las frases es como si penetraras en un cenagal del que te es imposible volver a salir.

En los problemas, en las preocupaciones, el hombre está solo. Una vez que estás metido en ellos, debes salir por ti mismo, no existe ningún salvador que se ocupe de estas fruslerías.

Progresas en el lenguaje cargando con tus pesados pensamientos. Quisieras encontrar un hilo conductor que te fuera de ayuda para conseguirlo, pero cuanto más progresas, más agobiado te sientes, porque estás atado por el hilo conductor del lenguaje; como un gusano de seda que teje su hilo, fabricas una red en torno tuyo, que te ciñe en unas tinieblas cada vez más densas. La débil luz al fondo de tu corazón es cada vez más tenue y, justo en el extremo de la red, no hay más que el caos.

Cuando se pierden las imágenes, también se pierde el espacio. Cuando se pierde el sonido, también se pierde el lenguaje. Se masculla sin ruido, no se sabe ya finalmente lo que se cuenta, en el centro mismo de la conciencia subsiste todavía un poco de deseo, pero si este resto de deseo desaparece, se accede al nirvana.

¿Cómo encontrar, por último, un lenguaje puro y cristalino, musical, inmarcesible, más elevado que la melodía, más allá de los límites establecidos por la morfología y la sintaxis, sin distinción entre el objeto y el sujeto, que trascienda a las personas, se desembarace de la lógica, en constante desarrollo, que no recurra ni a las imágenes, ni a las metáforas, ni a las asociaciones de ideas ni a los símbolos? Un lenguaje que pudiera expresar enteramente los sufrimientos de la vida y el temor a la muerte, las penas y las alegrías, la soledad y el consuelo, la perplejidad y la espera, la vacilación y la determinación, la debilidad y el valor, los celos y el remordimiento, la calma, la impaciencia y la confianza en uno mismo, la generosidad y el tormento, la bondad y el odio, la piedad y el desánimo, la indiferencia y la paz, la villanía y la maldad, la nobleza y la crueldad, la ferocidad y la bondad, el entusiasmo y la frialdad, la impasibilidad, la sinceridad y la indecencia, la vanidad y la codicia, el desdén y el respeto, la jactancia y la duda, la modestia y el orgullo, la obstinación y la indignación, la aflicción y la vergüenza, la duda y el asombro, y la lasitud y la decrepitud y el intento perpetuo de comprender y no menos perpetuo de no comprender y la impotencia de no lograrlo.


Traducción de Liao Yanping y José Ramón Monreal. Fragmento seleccionado de La Montaña del Alma, de Gao Xingjian, que publicará la próxima semana Ediciones del Bronce. Barcelona, 2001. 656 páginas. 3.950 pesetas.

 

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