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EL SEÑOR IBRAHIM Y LAS FLORES DEL CORAN


          No vemos las películas que queremos, como sostienen con fanatismo casi religioso los defensores del libre mercado, vemos las que nos seleccionan las grandes multinacionales de la distribución, suplantando nuestros gustos e imponiéndonos de manera mafiosa las que más les interesan a ellas comercialmente. Por ese motivo, el noventa por ciento de lo que se proyecta en los cines es bazofia americana carente de interés.

          Una forma de evadir esa falta de libertad son los festivales de cine. Cuando una película europea recibe algún galardón en Venecia o San Sebastián despierta el apetito económico de las distribuidoras y admiten incluirla en su "menú de la semana". Nos perdemos sistemáticamente el cine que se hace en Francia, Gran Bretaña, Italia o Rusia, pero excepcionalmente nos encontramos con la sorpresa de una hermosa película europea que ha tenido la suerte de recibir un premio. Fue el caso de Amelie y ahora el de El señor Ibrahim y las flores del Corán, preciosa historia que llega a las pantallas gracias a haber obtenido el protagonista el Premio César 2004 al Mejor Actor. Si encima tenemos la suerte de poder verla en alguna de las escasísimas salas que las proyectan sin adulterarlas, es decir, en versión original, la alegría del hallazgo es completa.

          El señor Ibrahim y las flores del Corán trata de la amistad que se entabla entre dos soledades, una que empieza a vivir y otra que se encuentra al final del recorrido. Entre un niño, Momo, que ha sido abandonado por un padre inepto, y un anciano, Ibrahim, que lleva una existencia triste y rutinaria detrás del mostrador de su tienda de comestibles. El niño es judío y el tendero, interpretado de forma exquisita por el galardonado Omar Sharif, musulmán. Pero sus diferentes orígenes no tienen ninguna importancia, lo esencial es que son complementarios. El niño le da al señor Ibrahim una última justificación en su vida, y el anciano le infunde a Momo la confianza plena de sabiduría que necesita para su crecimiento interior. Una relación inteligente, por tanto desbordante de sensibilidad y de humor.

          Aunque el Corán figura en el título, y podría crearnos suspicacias a los agnósticos, no es una película que tenga que ver con la religión tal como se suele entender, tiene más que ver con las flores, que también figuran en el título, las flores de la razón, de la libertad. Ibrahim es un hombre respetuoso del Corán pero sus creencias no menoscaban en absoluto su humanismo, su filosofía de la vida, la que transmite sabiamente a Momo. En el fondo, interpreta el libro sagrado como una forma pagana de vivir más plenamente.

          Momo es un niño que vive solo en una casa de la rue Bleue donde el señor Ibrahim también tiene su pequeña tienda. Sus primeras vivencias las va a experimentar en ese pequeño universo de barrio pobre parisino: el egoísmo y la indiferencia del padre que lo abandona, su primer amor y su primera decepción con una vecina de su edad y el sexo con las complacientes mujeres que ejercen la prostitución delante de su casa. Ibrahim le enseñará otras cosas importantes del mundo.

          El señor Ibrahim y las flores del Corán es una película filmada en primeros planos, primeros planos de celuloide y de los sentimientos, y hay que verla desde las primeras filas para vivirla desde dentro y disfrutar con la inocencia de la infancia y la sabiduría de la vejez de sus dos protagonistas.

          François Dupeyron (Francia, 1950), ha dirigido una larga lista de películas, desde su primer corto metraje, L'Ornière (1978), hasta Inguélézi (2004) que aún no hemos visto en España.

Leopoldo de Trazegnies Granda

FICHA TECNICA:

El señor Ibrahim y las flores del Corán [Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran]

Premio del Público al Mejor Actor, Festival de Venecia, 2003
César 2004 al Mejor Actor

Francia, 2003.
Francés, color, 95m.
Dirección: François Dupeyron.
Intérpretes: Omar Sharif (Sr. Ibrahim), Pièrre Boulanger (Momo), Gilbert Melki (padre de Momo), Isabelle Ranauld (madre de Momo), Lola Naymark (Myriam), Isabelle Adjani (la estrella).
Guión: François Dupeyron y Eric-Enmanuel Schmitt.
Fotografía: Rémy Chevrin.
Producción: Michèle Petin y Laurent Petin.

RESEÑAS DE OTRAS PELÍCULAS:

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PAGINA ACTUALIZADA EL 31/7/2004