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ILUMINACIONES EN LA SOMBRA

Autor: Alejandro Sawa
Presentación de Andrés Trapiello
Prólogo de Rubén Darío
Nórdica Libros. Madrid, 2009.
ISBN: 978-84-936695-8-4

LA BOHEMIA DE UN LITERATO

Leopoldo de Trazegnies Granda        

          Iluminaciones en la sombra representa el Ulises de Madrid, al igual que el de Joyce pertenece a Dublín y el de Homero a Itaca. Alejandro Sawa realiza su viaje interior hacia el Ideal artístico sacrificándolo todo y perdiéndolo todo en el trayecto. Y en una coincidencia trágica, termina ciego como el autor griego.

          Esta obra póstuma de Alejandro Sawa es un especie de dietario autobiográfico escrito con total libertad, donde nos muestra imágenes de lo que fue su vida dedicada plenamente al arte. La escribe cuando ya se encuentra menguado físicamente pero moralmente aún le queda un resquicio de ilusión.

          Sawa escribe la primera línea de Iluminaciones en la sombra el primer día del siglo XX. En ella expresa sus buenas intenciones: reclama un puesto bajo el sol como los demás mortales y manifiesta su temor a que ya sea demasiado tarde, aunque todavía no hubiera cumplido los treintainueve años.

          El libro ha sido reeditado por Nórdica Libros con ocasión del centenario de su muerte. Lamentablemente lleva una descuidada presentación, típicamente de trapillo, redundante y como para salir del paso, por momentos mezquina y denigrante, plagada de inexactitudes e insinuaciones humillantes. Una verdadera lástima que se le haya encargado la presentación a un autor de novelas tan falsas como Días y noches, incapaz de entender a un escritor tan auténtico como lo fue Alejandro Sawa. Excepto esta penosa circunstancia que sólo ocupa diez páginas y que reseñamos con indignación, en lo demás se trata de una cuidada edición.

          El prólogo que Rubén Darío escribió para la primera edición póstuma publicada por Renacimiento en 1910 y que se reproduce en ésta contradice la pobre presentación de la actual edición. Darío conoció y admiró al gran bohemio sevillano, y hace un retrato conmovedor de la "llama genial" que generosamente irradiaba Sawa en la bohemia parisina y madrileña de finales del siglo XIX y principios del XX que vivieron juntos. El vate nicaragüense le debía a Sawa su introducción en los medios artísticos de las dos capitales europeas. Yo he tenido la suerte de ser tu victorioso profeta, le dice Sawa al que devino símbolo del Modernismo en España en una carta que le escribe poco tiempo antes de morir reprochándole que no haya ido a visitarlo.

          Rubén Darío escribe el prólogo a petición de la viuda de Sawa casi en reconocimiento de su ingratitud y del abandono del amigo cuando más lo necesitaba, cuando ya había sido golpeado por la suerte, su terrible mala suerte, y la miseria lo invadía como una gangrena.

          Sawa fue un hombre con talento y sin suerte. Muchos de los nombres que figuran en la literatura castellana de éste y del pasado siglo, incluído el autor de la presentación de esta edición quisieran haber escrito un dietario de la calidad humana y literaria de Iluminaciones en la sombra.

          En la espléndida biografía de Alejandro Sawa, que acaba de publicar la profesora granadina Amelina Correa Ramón, Alejandro Sawa. Luces de bohemia, podemos hacernos una idea cabal del talento y la dignidad de este escritor que merece pasar a la historia de la literatura por méritos propios y no dentro de las obras de Valle Inclán, Pio Baroja o Ernesto Bark que son deudores de Sawa en el modelo de bohemio con que invistieron a los personajes de sus novelas.

          Pero la mala suerte del escritor de estas emocionantes confidencias no fue siempre producto del azar, las más de las veces era la respuesta a las valientes críticas con que Sawa fustigaba la mediocridad ideológica, literaria y editorial de la época. Porque si había algo que Sawa no podía soportar era la estupidez humana. Y eso, los conspicuos dirigentes de la vida artística madrileña de entonces y de ahora, nunca se lo perdonaron.

          Empieza a escribir sus memorias cinco años después de haber regresado de París, aún no está ciego pero su salud se resiente alarmantemente día a día. Cada mañana tiene la sensación de vivir unas horas más de regalo:

          Consiguió pocas cosas en la vida, una de las más valiosas fue el amor de su mujer Jeanne, y por el contrario una de las que más le dolieron fue el no haberse sentido comprendido, no haber tenido el reconocimiento fraternal de la gente que lo conocía:

          Su maltrecha salud no le impide recordar los lugares que habitó y hacer hermosísimas descripciones de cualquiera de los sucesos que en ellos ocurrieron. De unas revueltas callejeras en París en las que se encontró involucrado, dice:

          Sin mantener un orden cronológico mezcla recuerdos de sus años dorados en París con su paupérrima situación en Madrid y lanza duras críticas a los hipócritas que lo rodeaban y a veces hasta lo adulaban:

          A sus animales, que le serían cada vez más útiles a medida que se espesaban las tinieblas de sus ojos les dedica estas tiernas imágenes domésticas:

          Y se consuela pensando que su perro Tin:

          Pero su inquietud permanente son los sentimientos de sus semejantes. Intenta comprenderlos, justificarlos, él, que había sido un amador indiscriminado (hasta encontrar a Jeanne: la mujer exclusiva con que todos los hombres sueñan) y ahora se hallaba postrado y hambriento, dedica su tiempo a tratar de explicarse la naturaleza de la pasión y de sus frecuentes consecuencias trágicas. Lo que ahora llamamos violencia de género era un motivo más de sus preocupaciones.

          Con la sensibilidad a flor de piel desea compartir confidencias íntimas y estremecedoras:

          Su apostura, su dignidad humana ante las adversidades, y la extrema pobreza en que se halla lo acercan a César Vallejo:

          Sin embargo, en plena miseria tiene ánimos para recibir el nuevo año de esta manera:

          Otras veces manifiesta una gran ternura, como cuando se refiere a su madre hemipléjica:

          O a su pequeña hija Elena:

          De pronto, con la misma anarquía que rigió su vida, nos cuenta relatos que nos generan una ansiedad literaria como si se tratara de modernos cuentos de Las mil y una noches, y en ellos no falta la palabra salvadora de la permanente amenaza, dictada por el propio ritmo trágico de su vida, como si nunca supiera lo que va a ocurrir mañana; es el caso por ejemplo de la curiosa historia del Sir inglés al que supuestamente conoció en Bélgica y con el que compartió extrañas aventuras o la del acróbata irlandés que conoció en el "Bar de la cometa" de Londres.

          Y desde su estado de postración no deja de observar a su semejantes con compasión, y si los juzga lo hace con destellos de humor:

          Al igual que Antonio Machado, nunca dejó de sentirse en su interior un hombre del sur, del gran sur, por tanto un hombre triste, de una tristeza vasta y azul, aún más grande que Andalucía y sus raíces le autorizaban a sentenciar:

          Su cansancio, moral más que físico, le hace encontrar metáforas como esta:

          A medida que avanza en la escritura de su dietario la asincronía de Sawa con su entorno se hace mayor:

          A Sawa una de las cosas que más le irritaban era la estupidez humana, la consideraba el origen de casi todas las desdichas, incluídas las suyas.

          A partir de 1906 empieza a hacer alusiones a su progresiva ceguera que ya no le permite leer y a las dificultades que tiene para encontrar a alguien que le lea en francés. Su mujer Jeanne no puede ocuparse de eso probablemente por el tiempo que le llevaba la dedicación a su hija y a su suegra inválida. No se conoce el origen de su ceguera y la mejor explicación que tenemos es la suya propia:

          En la edición de Nórdica Libros se han separado con buen criterio las semblanzas que Sawa hiciera de escritores y artistas de su tiempo. En ellas se muestra a veces comprensivo con las debilidades humanas y en otras rigurosamente crítico.

          Iluminaciones en la sombra es la obra que nos revela más claramente el talento y la generosidad de ese gran bohemio que fue Alejandro Sawa que quiso dejarnos este hermoso testimonio humano.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 5/6/2009

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