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APOLOGOS (extracto)
Editorial Seix Barral. Barcelona, 1970
AUTOR: Luis Martín-Santos (1924-1964)



EL ASCENSOR

         El ascensor de un gran edificio dedicado a locales de negocio sube y baja toda la mañana. Hay un muchacho que lo maneja hábilmente y detiene la caja en los diversos pisos, según los deseos de los viajeros. A primera hora, ha entrado en el ascensor un caballero de elevada estatura. Viene de la calle con paso precipitado. Lleva una gran cartera de cuero, aparentemente llena de importantes documentos.
        Hay todavía poca gente en el ascensor. Este va deteniéndose frente a diversos pisos y varias personas entran o salen de la caja.
         Mientras estos señores entran o salen, el importante caballero permanece impasible e inmóvil con su sombrero colocado.
         Al llegar a lo más alto del edificio, en el interior de la cabina, se encuentran únicamente el ascensorista y el caballero.
         -¡Ultimo piso! -anuncia el muchacho.
         Pero el caballero, con signo condescendiente de su cabeza, le indica su propósito de permanecer en el intenrior del ascensor.
         El ascensorista acciona la palanca de mando y comienza el silencioso descenso.

PROSAS PROFANAS

         Marluscha, la cálida mujerona húngara, se precia de su inextinguible ardor amoroso, mucho más violento que lo habitual entre sus compañeras de sexo. Ella ama ininterrumpidamente y en su imaginación no se proyecta la sucesiva serie de imágenes voluptuosas, que a los demás habitualmente nos distraen, sino que de un modo fijo y constante, permanece la efigie de un húsar moreno de puntiagudos bigotes.
         Claudia, la refinada francesa de apellido vulgar, distingue con su olfato hasta trescientos diez aromas diferentes.
         Gregoria, moza levantina de nacionalidad indeterminada, insiste en que puede resistir el peso de un campeón de grecorromana sin que se altere el ritmo de su respiración.
         Finalmente, Lola consagra su amor a los pájaros y habiéndoles acostumbrado a tomar alpiste entre sus labios, afirma que nada hay comparable al suave picoteo de sus aéreos tentadores.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 14/4/2001