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INQUISICIONES PERUANAS (Extracto)                  I.S.B.N.: 84-89371-23-7
Editorial Renacimiento. Sevilla, 1997.
AUTOR: Fernando Iwasaki Cauti (Lima, 1961)



EL CONFESOR DE SEÑORAS
(Tocaciones de un jesuita intemperado)


         El JESUITA Luis López logró salir indemne del juicio contra María Pizarro y Francisco de la Cruz, a pesar de haber fornicado repetidas veces con una relajada, arrepticia y posesa. La defensa de Luis López fue tan brillante, que muchos entendieron que el propio Espíritu Santo era quien hablaba por boca del Siervo de Dios. La cuarta cuestión del capítulo uno de la primera parte del Malleus Maleficarum de Kramer y Sprenger lo explicaba muy claramente: el demonio tiene poder para generar semen y pasarlo de un hombre a otro como quien cambia de recipientes. ¿Se podía afirmar que era el mismo padre López quien copuló con la endemoniada? Quizá, mas no era su semen el que brotó de su natura sino otro que el diablo colocó en su bálano viril. ¿Y por qué fluyó el semen en polución? Porque como demostró el ilustre médico Juan Huarte de San Juan en su Examen de ingenios para las ciencias, el semen es de naturaleza caliente y por lo tanto es menester expulsarlo para que no sature de humores las mientes de los hombres. Luis López entonces era inocente, o al menos culpable de haber sido utilizado como instrumento del infierno. Si no hubiera sido por las denuncias de varias mujeres en 1578, tal vez el piadoso jesuita estaría hoy día en los altares.
         Todo empezó como sudando, yendo a confesar a una enferma algo ligera de ropas por las fiebres. Los plúmbeos senos, el provocativo ombligo y unas rosáceas partes vellosas resultaron demasiado para el venerable López, quien alegó haber sido seducido, aunque admitió no haber puesto resistencia:
         De cualquier manera, era difícil resistirse a la voluptuosa enumeración de pecados que López oía a menudo de las cristianas de Lima. En 1566, fray Vicente Mexía había establecido en su Saludable instruccion del estado del matrimonio cuándo el débito conyugal era pecado y cuando no, y el Relectio de Paenitentia de Melchor Cano obligaba a los confesores a ser mas incisivos al respecto. Por lo tanto, el jesuita tenía que preguntar si había deseo o no había deseo; si sentían deleite o no sentían deleite; si lo hacían in naturalibus y bien aderezadas con sus camisones, o si por el contrario se desnudaban y hacían cosas aberrantes a los ojos de Dios.
         Las arrepentidas mujeres deseaban reconciliarse con el Señor y le contaban al buen padre Luis López "sus deshonestidades" para saber si lo que hacían tambien era agradable para el Altísimo. Así, el superficial coïtus in ore vulvae casi no era pecado, mientras que el trasero more ferarum oscurecía el alma, la fellatio y el cunnilingus irritaban a Nuestra Señora porque la boca era para rezar, y todas las que practicasen el nefando paedicatio no entrarían jamás al Reino de los Cielos. Sin embargo, Lima era una ciudad tan rica que de todas partes arribaban forasteros con sus dineros, vicios y costumbres, y entonces los mercaderes de Santiago de la Habana difundieron el perverso "cubano" (coïtus intermammas) y los azogueros de Nueva España introdujeron el complicado "sesenta y nueve" (irrumatio), ambos odiosos y repuganates a la Santa Madre Iglesia. Pero el hombre no es de palo y los frailes tampoco, y al virtuoso Luis López comenzó a fallarle la templanza:

         Como a todo buen cristiano, al jesuita Luis López le gustaban las hembras buenas -entre veinte y treinta años- y de preferencia casadas. Su estrategia era de una consumada sutileza: primero escuchaba sus pecados, luego las magreaba en el confesionario y más tarde las remataba en sus propias casas:
         ¿Cómo sabían las intachables señoras que el avezado jesuita tenía poluciones? ¿interpretarían los gestos de su rostro? ¿se lo diría el mismo López? Tambien declararon que el sacerdote sentía "delectación". Tales conceptos dictados por las señoras denunciantes, revelaban una cultura singular: la voz latina delectatio tenía un uso restringido entre los confesores. De ahí que Melchor Cano advirtiera en su socorrido Relectio: "En los pecados de la carne no descienda á las circunstancias particulares preguntándolas por menudo, porque no provoque con ello á sí y al confesante a delectación". Si otros célebres confesores como San Juan de la Cruz y el Maestro Avila iniciaron a sus discípulas en el proceloso ejercicio de la visión unitiva, el jesuita Luis López les hacía una completa introducción al vocabularium veneris y, en general, todo tipo de introducciones:
        
         El mordisco era signo inequívoco de buen camino, porque el confesor sabía que los bocados eran el preludio de cosas mayores y ofensivas a la Inmaculada Concepción. Una dentellada en la espalda o en la barriga prefiguraba una profunda fellatio, pero una trémula mordedura en el labio inferior era el comienzo de una locus foemina o simplemente "encoñamiento", como le llamaban los burdos marineros de los galeones del Callao.
         Azuzado por las tarascadas de sus feligresas, Luis López dio rienda suelta a sus instintos de músico, poeta y loco, y se lanzó a una empresa más difícil y enrevesada: desflorar a una doncella.
        
         Luis López no era de los que se arredraban fácilmente, y muy pronto dirigió sus requiebros y amores a una tierna doncella que cambió su vida y que respondía al virginal nombre de "María":

         Discípulo de Avicena, Luis López no creía que fuera ofensa al Altísimo enmelar con su semen los muslos y el vientre de las mozas. En todo caso, si el casto jesuita hubiera sabido controlar sus precoces poluciones, quizás le habría aplicado a la indomable María un coïtus interruptus, pues fuera del "vaso natural" no era pecado mortal. El confesor volvió a defenderse de los comisarios con el viejo recurso del Malleus Maleficarum y el teorema de los recipientes, pero su verdadero error fue hacer caso omiso del refranero que aconsejaba no ir a la cama con niñas para no despertarse meado, aunque en la Ciudad de los Reyes también circulaba un dicho que decía: Quien con frayle se acueste que le cueste (al fraile).

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PAGINA ACTUALIZADA EL 12/4/2001