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EL SICOLOGO
AUTOR: Jorge S. Ruppel (Buenos Aires)

 

El sicólogo

El sicólogo es una alternativa de máquina humana programable, con posibilidad de explotación económica.

Si bien se desconoce al responsable de esta teoría, ha trascendido como una opinión relativamente seria.

Ya que esta hipótesis no tiene un explicación sencilla y menos una comprensión simple para los legos, cierto interés por aclarar el tema me ha llevado a sintetizar en los siguientes párrafos, los argumentos que sostienen la original conjetura de su autor.

La máquina de la interpretación:

El sicólogo es una máquina que tiene incorporado desde su no demostrado origen humano, una indudable capacidad de interesarse por los conflictos ajenos. Esas últimas cuestiones pasan a ser para este tipo de individuos, un interesante negocio a partir del hecho de que las angustias, suelen constituir una grave preocupación para la mayoría de las personas.

Básicamente estas máquinas (usaremos alternativamente este término en adelante), tienen la capacidad de instalar en su cerebro –a partir de una instrucción universitaria elemental– un programa para la comprensión genérica de los conflictos comunes. En una etapa más evolucionada y, atendiendo una creciente preocupación por destacarse fuera de las cuestiones sencillas, pueden alojar en su cabeza una alternativa de software algo más complejo, destinado a ser aplicado con aquellos pacientes que presentan evidentes síntomas de insania. Los cursos de posgrado, seminarios o lectura de libros y artículos especiales, agregan cierta personalidad a cada máquina, para apartarlos de la sospecha de que puedan ser considerarlos un aparato seriado.

Para estas máquinas (por si se olvidaron, estamos hablando de los sicólogos) no existen desafíos imposibles. Todo tipo de patología, bien o mal, es tratable. Existen ciertos casos curiosos o difíciles que exigen (por su complejidad), ser expuestos ante otra máquina, tal vez un poco más preparada, a la que han decidido llamar control. El control es una herramienta de recurso para sicólogos dubitativos, que no son capaces de encarar los asuntos espinosos que llegan hasta el diván de su consultorio. El control es caro. Vendría a ser algo así como un ordenador superior, que se ocupa de corregir defectos en los archivos alterados de las máquinas, y que, por un error de respuesta, pueden hacer desertar a un paciente, con la consecuente pérdida de dinero.

Los sicólogos pueden tratar todo tipo de casos, aún aquellos que no tienen un estricto encasillamiento o que no están catalogados en el glosario de las patologías de la personalidad. Para ser más claro: aquellos problemas que pueden ser considerados prototipos de manifestaciones sicótica o que se desconocen y para los que se ha descartado una posible cura.

En el peor de los casos y, aunque no fuese tratable el problema, el paciente sí es tratable.

Existen situaciones en las cuales, los sicólogos carecen de una devolución apropiada para un enfermo demandante. Se ha previsto para estas contingencias, una serie de archivos de recurso, consistentes en frases que parecen tontas pero que, analizadas con profundidad no lo son tanto, y que permiten que el paciente se retire de la sesión con la inquietud de revelar lo que sería una suerte de acertijo, al que lo ha desafiado a resolver su terapeuta.

Como es de esperar para cualquier negocio, el de las cabezas defectuosas en razonamiento, pretende explotarse al máximo sin que el enfermo se dé cuenta. Por este motivo, todas las programaciones apuntan a crear una dependencia simbiótica con su tratador. Debido a estos lineamientos, el alta es casi utópico y no está previsto ser concedido por ninguna máquina, a menos que la misma sea obsoleta o haya perdido el equilibrio de sus archivos relacionados. Esto último es consecuente con el tercer precepto del "Decálogo de las cuestiones éticas y no tanto" de Sigmund Freud: "Money is money."

Para aquellos enfermos persistentes en su tonta convicción de que al tratamiento ya no es necesario, existen procedimientos de lavado de cerebro que devuelven al enfermo a la condición primitiva en la que revistaba en su primera consulta.

Asimismo, para ciertos pacientes a los cuales la negación del alta los coloca en un arrebato de ira compulsiva, se han creado sofisticados procesos, para devolverlos en forma renovada a la terapia con otros síntomas, los que aparecen como consecuencia de la supuesta cura de conflictos anteriores que aún persisten.

¿Quiénes van al consultorio de los sicólogos?:

Son aquellos para quienes dejaron de operar las pretensiones y defensas convencionales de la sociedad. Muy a menudo son los miembros más sensibles y mejor dotados de ésta. Necesitan buscar ayuda, por así decirlo, porque no tienen tanto éxito en la racionalización como los ciudadanos "bien adaptados" que son capaces, en esta época, de tapar sus conflictos internos.

Rollo May

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PAGINA ACTUALIZADA EL 1/2/2001