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CONVERSACION EN LA CATEDRAL

AUTOR: Mario Vargas Llosa
Editorial Seix Barral / Nueva narrativa hispánica. (Barcelona, 1969).

La lengua en la llaga

Fernando Iwasaki

Una novela puede ser esencial para la historia de la literatura y más bien innecesaria para la literatura. Una novela puede ser fundamental dentro de una tradición literaria concreta y por demás intrascendente dentro de la literatura universal. Una novela puede tener un cierto valor coyuntural y luego desvanecerse desleída en el olvido. Sin embargo, Conversación en La Catedral colma todas las medidas enunciadas y su lectura sigue convocado estupor e indignación, entusiasmo y fascinación.

Durante años Conversación en La Catedral llevó la etiqueta de «novela del dictador» o «novela de la dictadura», en la línea de Tirano Banderas, El Señor Presidente o Yo el Supremo. Es decir,  el marbete de una novela presuntamente concebida para denunciar las arbitrariedades de los autócratas latinoamericanos. Una novela sartreana, en suma, encharcada de barro y sangre.

Uno tiene comprobado que abundan los lectores y especialistas en literatura hispanoamericana que subordinan lo literario a lo sociológico, que sólo valoran en una obra sus aspectos histórico-socio-económicos y que jamás analizarían a un autor fuera de su propia tradición literaria nacional. A Conversación en La Catedral le han endilgado los peores lugares comunes del género e incluso ha sido definida como una obra limítrofe dentro de la narrativa de Vargas Llosa, dizque venida a menos desde su ruptura con la revolución cubana, como si el valor de una novela apenas radicara en sus presupuestos ideológicos y compromisos varios.

Han transcurrido más de treinta años desde su publicación y, no obstante, Conversación en La Catedral no ha envejecido en absoluto. ¿Por qué las iniquidades de una dictadura peruana de mediados del siglo XX nos siguen perturbando todavía? Porque no estamos ante una novela de manual de opositor universitario sino ante una obra que hoza en la degradación humana y que sorbe el pus de los forúnculos más abyectos del poder. Conversación en La Catedral no está emparentada con Miguel Ángel Asturias o Roa Bastos, con Arguedas o Ciro Alegría, ya que le debe más a William Faulkner y André Malraux, a Víctor Hugo y Albert Camus. Conversación en La Catedral ha prevalecido porque Vargas Llosa ha urdido dentro de la novela un universo ético sellado por la magia de la literatura.

Santiago Zavala, Zavalita, protagonista de la novela, contempla impotente y resignado la ruina del país, tan inevitable y corrosiva como su propia mediocridad. Durante las cuatro horas escasas que Zavalita conversa con Ambrosio en el bar La Catedral, descubre desolado que su padre había sido un individuo tan ruin y despreciable como el infecto «Cayo Mierda», odioso comisario de la dictadura. Santiago recuerda minuciosamente cada episodio de su vida y de pronto todas las piezas encajan con implacable dolor: Zavalita jodido, el Perú jodido, todos jodidos, sin solución, sin amor...

La narración fluye poderosa a través de la conversación entre Ambrosio y Zavalita, interpolando diálogos, yuxtaponiendo escenas y exorcizando imágenes. Zavalita elige el fracaso porque asume que es la única opción moral digna en medio de la podredumbre y por eso nos trae a la memoria a Meursault de El extranjero, a Jean Valjean de Los miserables, a Quentin de Absalom, Absalom y a los innúmeros traicionados de La condición humana. La lectura moral de Conversación en La Catedral ha perdurado sobre la lectura política de los años setenta, y uno está persuadido de que aún perdurará más porque su lectura siempre le ofrecerá algo nuevo a los lectores del futuro.

Conversación en La Catedral tiene una técnica narrativa soberbia y está escrita en una prosa limpia y precisa, exacta y sonora, que le confiere a la novela una intensidad intolerable. Desde la primera línea uno advierte una descomposición infinita y una sórdida carnalidad. En Conversación en La Catedral Vargas Llosa ha puesto la lengua en la llaga.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 28/7/2001