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J. Lagursky - Orígenes del sincretismo en Argentina

 

De las grandes figuras literarias de entresiglo (XIX-XX), tal vez la más notable y olvidada, fue la compleja y multifacética personalidad de quien nos legara obras de contenido poético y filosófico que, aún en la ignorancia de su autoría, llegan hasta nuestro tiempo e influyen perennemente en el pensamiento de la intelectualidad contemporánea.

Nos parece oportuno homenajear modestamente a este pionero forjador de la identidad cultural.

Nacido en Freiberg (Moravia) en 1852, tuvo desde su primer infancia acceso a todo el saber europeo de la época.

Hijo de prósperos burgueses, su niñez transitó los claustros "iluminados" a la usanza aria, y es de destacar que entre sus condiscípulos se hallaron nombres que posteriormente harían historia en el campo de las artes y las ciencias.

Algún motivo que desconocemos (y que él mismo obvia en su autobiografía), hizo que emigrara tempranamente hacia nuestro país, para asentarse en la comarca conocida por entonces como "El Bragado", sita en la provincia de Buenos Aires.

Hombre especialmente dotado para las lenguas, lo encontramos políglota en 1871 (año de su arribo a la Argentina), y totalmente familiarizado con nuestro idioma y el argot gauchesco propio de la pampa húmeda en 1872.

De natural apasionado, no tarda en compenetrarse de las costumbres y tradiciones criollas, adoptándolas como propias y destacándose inmediatamente en un sinnúmero de artes y menesteres.

Fuertemente influido por la tradición poética moravo-alemana, incursiona en las letras construyendo tempranamente en nuestra lengua una zaga de estructura cerrada, emulando el estilo campestre pampeano, versando sobre temas propios al regionalismo, pero con neta y perceptible base en la preceptiva europea.

De aquella primera época es su célebre milonga "Las Carretas", ejemplo vivo del sentir simbólico popular y su inserción en el universo de la cultura escolástica

Así nos sorprende con un vasto vocabulario más propio del traductor que del paisano corriente, como medio o soporte expresivo del sentir gauchesco:

"Como un saludo triunfal
que el viento agita y exhala
sobre las arcas de un tala
se está hamacando un zorzal,
y sobre el camino real
una gran carreta asoma
moviendo la policroma
quietud de las arboledas
como un rancho con dos ruedas
que va buscando la loma..."

Tal es el impacto que sus obras músico-poéticas causan en el acervo cultural, que Guiraldes no puede evitar mencionarlo en su "Don Segundo Sombra", en los primeros versos cuando dice:

" ...un paisano del Bragao
de apelativo Laguna..."

en flagrante acriollación de su apellido original que era Lagursky (Joseph Stephenson Lagursky).

De espíritu inquieto y progresista al estilo del positivismo, en haras de una mayor compenetración con el medio étnico-geográfico, ya en 1873 no duda en abandonar definitivamente la estructura poética cerrada y "arcaísta" según sus propias palabras (J. Lagursky - Autobiografía - 1ra. Edición, Edic. Samergase, La Haya, 1923), para sumergirse de lleno en la tradición oral del decir payadoril como sus congéneres; arte este en el que, según crónicas populares de época "...llega a ser imbatible..."(El Clarín del Bragado - Nota de tapa: "El gringo acriollao" - Bragado, Bs. As., Año I, Nro. 4, Septiembre de 1873).

Algunos filólogos llegan posteriormente a aseverar que la figura de J. Lagursky es la que inspira a José Hernández la creación del personaje "Diablo" (Martín Fierro - 1ra. edición - Montevideo, 1873), único payador capaz de derrotar a Martín Fierro. Pero dado la ausencia de pruebas fehacientes y en mérito al rigor documental que me caracteriza, tiendo a considerar este comentario como una dudosa inferencia.

Definitivamente inserto y reconocido dentro de la cultura popular, goza del aprecio y respeto de sus congéneres durante una década, en la que se traslada constantemente de una comarca a otra llevando su arte a expreso pedido de lugareños y forasteros. Pero al cabo de cierto tiempo siente que eso no lo conforma. "...la fama es patrimonio exclusivo de la mediocridad y el hombre sin aspiraciones..." (J. L. - Autobiografía, 1923).

Es en ese punto de su vida donde podríamos decir que Lagursky deja de luchar contra su origen y retoma las fuentes escolásticas que lo nutrieron.

En 1884 inicia su primer viaje a Europa con el aparente fin de visitar sitios de referencia.

Movido por la nostalgia toma contacto con sus ex-condiscípulos, y en especial con "...un extraño joven levemente menor, con el que había vivido una ambigua amistad durante la infancia..." (J. L. - Autobiografía, 1923).

Este joven es, por supuesto, Sigmund Freud.(Moravia, 1856)

Cuando en 1888 regresa al El Bragado, no sólo su postura filosófica ha variado sino también su aspecto físico. Ya no es aquel hombrón rubicundo y lampiño de voz estentórea y expansiva figura, sino un gigantón reconcentrado, de barba en candado y ociosa pipa entre los labios.

Durante 9 años desaparece de la vida pública rechazando sistemáticamente toda invitación a participar en cualquier manifestación artística o científica,"...el aprendizaje más profundo, potrenco, y más feroz de mi vida, sucedió entre 1889 y 1897..." (J. L. - Autobiografía, 1923)

Durante este período mantiene una intensa correspondencia con Sigmund Freud, Williams James, y Carl Jung entre otros, correspondencia que se convierte por momentos en apasionado debate filosofoideológico.

El 14 de julio de 1900, Lagursky rompe el silencio autoimpuesto y envía a Manuel Del Vago Iturro, (director-propietario de "Editorial Del Vago", Calle de la Piedad al 700, Bs. As.), el original de aquel libro que tanta sensación causaría entre la intelectualidad porteña un año más tarde.

No sin albergar tortuosas dudas, el 12 de agosto de 1901, Editorial del Vago asume el riesgo de poner en la calle el primer volumen que registra la literatura argentina sobre poesía psicoanalítica.

El genio de Lagursky hibrida técnicas y filosofías, desarrollando su particular visión ontológica en décimas rimadas, al más puro estilo criollo, bajo el título: "El amor es como el lazo, siempre termina en la argolla - Una aproximación científica a la realidad gauchesca".

El libro ve la luz encuadernado en cuero, consta de 760 páginas, y su primer edición (500 ejemplares) se agota en un mes.

Pese a las airadas voces del episcopado porteño que consigue la prohibición de su venta (Resolución S.C. 762/01), Del Vago lanza una segunda edición de 1000 ejemplares en rústico, que se agota exactamente a los 23 días de su aparición el 23 de octubre de 1901.

La intelectualidad porteña no duda en acudir a los servicios de intermediarios para conseguir un ejemplar del "libro prohibido", y los estudiantes y damas de sociedad recurren a influencias y sobreprecios de mercado negro para leer aquella memorable obra que comienza diciendo:

"El aserto popular
'el amor es como el lazo'
amigo, es sólo un pedazo
de la más pura verdad
pues lo que ha de contemplar
cualquier paisano asumido
es que la humana libido
culpable de tantos males
se disgrega en cada imago
como chancho en los maizales..."

Para 1904, cuando finalmente se levanta la prohibición, Del Vago lleva vendidos 22.000 ejemplares clandestinos "...850 para el Concilio Episcopal Rioplatense, que me fueron encargados por un petimetre que pretendía llamarse Berros Del Corral y ser exportador, pero que todos sabíamos que era testaferro de la curia..." (Memorias, Del Vago Iturro, 1ra. Edición, Edit. Del Vago, 1926, Bs. As.)

El 16 de enero de 1905, en festejo del 53º cumpleaños de Lagursky, Edit. Del Vago lanza la vigésima edición de 5000 ejemplares a todo lujo, en papel de arroz, y cosida a mano.

La crítica periodística -levantada la "ley del silencio"-, no se hace esperar. A escasos días del lanzamiento podemos leer en "La Gazeta Porteña", (26 de enero de 1905, pág. 12, columna III): "La obra poética de Lagursky contiene la acritud y salinidad propias de la maduración subterránea, la textura de lo viscoso, y la forma del perfecto círculo"

Visto con ojos contemporáneos, tal proliferación de metáfora en la crítica nos hace dudar acerca de la intencionalidad de la nota, dado que la misma podría interpretarse como una profunda aproximación a la conceptualización poética lagurskiana desde el campo del impresionismo, o más vulgarmente como la imagen de un queso.

A partir de ese momento comienza el período más productivo de Lagursky.

Retoma la técnica de hibridar culturas, y basándose nuevamente en la refranería popular publica "Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen", (Edit. Del Vago, 12 de enero de 1906), donde desarrolla vastamente la teoría Jungiana sobre el trauma de nacimiento.

Le siguen "Al que quiera celeste que le cueste", (Edit. Del Vago, 23 de noviembre de 1906), volumen de exquisita claridad en el que noéticamente explica la teoría de Addler sobre la génesis de las neurosis en relación directa a la aspiración de poder del hombre; y en la misma línea: "Madre hay una sola", (Edit. Del Vago, 14 de febrero de 1907), donde se explaya nuevamente sobre el nódulo de las neurosis, pero esta vez desde la teoría de Freud basada en el complejo de Edipo.

Este es el último libro que Lagursky publicara en nuestro país, dado que en diciembre del mismo año parte hacia los Estados Unidos invitado por Stanley Hall, quien fuertemente impresionado con su obra, le propone dictar una larga serie de conferencias en Clark University, que son reunidas en volumen bajo el título: "The Psicoanalistic Revolution in the land of long shadow", (Clark University ex libris, november 8 of 1908).

Tras este definitivo reconocimiento académico, el genio de Lagursky abandona la producción literaria individual para integrarse al recién nacido movimiento psicoanalítico mundial en producciones grupales.

A su gestión se debe la histórica reunión de C. Jung, S. Freud, S. Hall, y W. James en Clark University en 1909, desde donde parte inmediatamente hacia Nuremberg (Alemania), para fundar junto a Ferenkzy, la Asoc. Psicoanalítica Internacional, eligiendo a C. Jung para presidir el congreso inaugural.

En 1910 funda la revista "Zentralblatt fur psychoanalyce", donde comparte la redacción con Addler y Stekel, y al siguiente año la revista "Imago" junto a Otto Rank y Sachs.

La confusión que se origina a partir de 1911 en el campo psicoanalítico, a causa de la ruptura de Jung primero, y de Addler luego (1913), con la teoría freudiana, afecta gravemente el carácter de Lagursky al punto de retirarse por segunda vez de la vida pública "... a desensillar hasta que aclare en esta bolsa de gatos hiperbóreos..." (J. L., Autobiografía, 1923).

Nada dice su autobiografía más allá de lo arriba citado. Sólo consta que "desaparece" del universo del pensamiento y la guerra europea, para "...beber de más altas fuentes..." en alguna parte de Asia, (probablemente China o Tibet).

Su próxima aparición pública se realiza en la 1ra. reunión que organiza la Asoc. Psicoanalítica Internacional después de la guerra, en La Haya en 1920.

Nuevamente su apariencia ha cambiado, el barbado gigantón intelectual y serio, ha dado paso a un hombre de cabeza afeitada que se limita a sonreír constantemente con un gesto de paz en la mirada lejana.

Es esta su última aparición documentada, donde deja en manos de su amigo Gor Groddek la despedida, y el manuscrito de la autobiografía que hemos venido citando, y que se publicara recién 3 años más tarde.

El resto de su existencia se pierde en los límites de la conjetura o la leyenda.

Leonard Orr (creador de la técnica "Rebirthing", Londres, 1980) comenta en su primer libro la importancia de las opiniones de Lagursky en las fases primarias de experimentación de su método.

Elk Ebl Filosi narra en sus "Crónicas del perseguidor" (Edic. La Neige, París, 1982) un encuentro con Lagusrski ocurrido sobre el Monte Po (Tibet) en 1978.

Daniel Battilana lo cita como interlocutor contemporáneo en su ensayo "Nicutaldia, o el No-Mundo" (Edic. Pipeline, La Matanza, 1993), y Alejandro Manrique asegura en su novela testimonial "L. S. D." (La Sed Delirante, Edic. Arcano, Bs. As., 1991), haberse reunido con Lagursky en Kao-Niuk-Sheh (Tibet), en enero de 1987.

En mérito a la lógica "racional", obvio sería inferir que las 4 citas deberían ser apócrifas tomando en cuenta la fecha de nacimiento de J. Lagursky (16/01/1852), pero a falta de documentación fidedigna, aún estos disparates merecen el beneficio de la duda.

Más allá del mito, recordamos a Joseph Lagursky, el incansable genio poético, el inigualable pensador teórico, el motor intelectual a quien la historia debe aún muchos homenajes.

Licio Jan
México - 1999
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