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LA LAMPARA DE UN CRETINO                        I.S.B.N. 84-607-0756-3
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda.
Colección "El ábaco roto". Sevilla, 2000.

Diógenes

Después de leer una cita que de él hacía Ciorán en su "Breviario de podredumbre", busqué a Diógenes con mi pantalla por todas la librerías de Internet. El filósofo no pudo, provisto de una linterna, encontrar a un hombre en pleno día, pero nosotros en plena noche, lo hemos encontrado a él.

La gente culta sabe que en realidad hubo dos Diógenes: Diógenes Sínope, el cínico, y Diógenes Laercio, divulgador de su pensamiento, y éste, fue varios siglos posterior al primero. Esa es la ventaja que tenemos los iletrados, que a edades avanzadas aún podemos hacer agradables descubrimientos, la incultura actúa en este caso como una virginidad tardía. "La ignorancia-, dice ese pintor-poeta limeño, José Tola-, es una forma de conocimiento, pero muy poco conocida". Al menos, es siempre provisional.

Los deficientemente instruídos tal que yo, fundimos en uno sólo a estos homónimos y a muchos más, como en un cuento borgiano: un Diógenes buscador de hombres con la lámpara apagada.

Lo vi en una plaza de Sevilla, la de la Encarnación, llevaba el pelo largo, una lata y un perro, después lo reconocí en París, Lima, Madrid, Palpa y Carabayllo. Del encuentro en la plaza de Armas de Palpa no me puedo olvidar, ya le habían robado la lata y se le había muerto el perro; sus rasgos orientales se habían acentuado por el hambre, descubrimos que éramos compañeros de colegio, metimos los pies en la fuente y bebimos con las manos escupiendo lo que nos chorreaba. Ladramos un poquito turnándonos, y nos reímos a carcajadas. ¡Qué cínicos quisiéramos llegar a ser!

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PAGINA ACTUALIZADA EL 3/7/2000