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LA LAMPARA DE UN CRETINO                        I.S.B.N. 84-607-0756-3
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda.
Colección "El ábaco roto". Sevilla, 2000.

 

Hace 40 años

Reunión de ex alumnos en local de moda post moderno. Han pasado cuarenta años, y tú sigues tan gordito. Envolvemos la conversación con papel de periódico democrático, noticieros de cadenas privadas, sexo casi libre con reparos, viajes a sitios rarísimos, enfermedades y muertes, también.

Pero a partir de los postres la conversación deriva hacia el recuerdo de los años 60 ("años de rebeldía") y se levantan las copas de champán.

Es humano idealizar tiempos pasados manriqueñamente, pero no tanto colgarse medallas de batallas que no existieron ni en la imaginación de sus protagonistas: la universidad era un ser silente, insulso, aburrrido, absorbente. Franco estaba vivo y España estaba muerta. Sufríamos su riguroso orden, sus tabúes, su estupidez oficial, encerrados en un régimen de "prohibiciones y tolerancias". Muy pocos pudimos leer muy poco de lo que estaba ocurriendo fuera.

No hubo generación rebelde en los años 60, aunque algunos se jugaran honrosamente el tipo en la clandestinidad. Los demás dejábamos a la chica a las diez en el portal de su casa bajo la mirada suspicaz del sereno y nos íbamos a hablar de fútbol, pero no de la Copa del Rey, como ahora, sino de la del Generalísimo. Hubo menos manifestaciones contra Franco entonces, que terminó muriendo en su cama, que hoy contra las subidas de carburantes.

¿No estaremos creando literariamente una década que no existió? ¿No estaremos impidiendo que nuestros hijos y nietos sean los que realmente hagan los cambios que nosotros no nos atrevimos a hacer?

(Después de escribir este párrafo -Sevilla, 21 de abril del 2000- compruebo que J.J. Armas Marcelo, en un libro que compré en un hipermercado por 295 pts. -con otro de Francisco Umbral que entraba en el mismo lote-, opina exactamente lo contrario, pretendiendo explicarnos cómo somos o éramos. Aunque abandoné su lectura justamente en la página 66, no me salió caro. Tal vez el código de barras estaba "desbarrado", pero en todo caso, sospecho que su valor real no puede ser muy superior al que pagué. Aunque reconozco que si se cobrara el maniqueísmo y la vanidad generacional, nadie estaría en condiciones de pagar el pensamiento del autor canario).

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PAGINA ACTUALIZADA EL 23/6/2000