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LEONES Y CAMALEONES
(Veintiuna entrevistas)

AUTOR: Alfredo Valenzuela (Lopera, 1962)
Prólogo de Enrique Vila-Matas
Ed. Renacimiento. Sevilla, 2005

ALFREDO VALENZUELA

DAVID GISTAU
(Publicado en el diario El Mundo el 2-6-2005.)

        Allá, en Sevilla, Alfredo Valenzuela es uno de esos galeotes de redacción urgidos por la hora de cierre.

        Tiene talento y pasión literaria. Y una escritura malvada como el cascabel de una serpiente que conserva intacta la guasa porque Valenzuela nunca la ha contaminado con las mezquindades y las iras de Madrid, donde el espacio se pelea como en un córner, donde el periodismo deja atrás a los heridos con una sola bala.

        Abundan en Sevilla los poetas alucinados y los raros genialoides que dan una idea de aquella vida literaria como de cosa parecida a la terapia de grupo de Alguien voló sobre el nido del cuco.Valenzuela lleva un tiempo empeñado en perseguirlos a todos para clavarles, no una estaca, sino una entrevista, para completar una serie magistral e hilarante de conversaciones con los vampiros de la que ahora aporta un nuevo volumen: Leones y camaleones.

        En ocasiones, allá, en Sevilla, le acompañé al encuentro de alguno de estos excéntricos ignorados. El que me pareció más notable, y está en el libro, fue Vicente Tortajada, un anarco bético y cachondo que profetizaba mientras sonaba jazz y que por enfermedad iba perdiendo pedazos como la nave Argos, que diría Umbral. La grandeza de Tortajada, sus artículos y su novela Flor de cananas están todavía por descubrir, lo cual a estas alturas ya sería un homenaje póstumo que ese escritor llevaba décadas y folios mereciendo.

        Leones y camaleones contiene a muchos de estos raros por descubrir que Valenzuela ha ido hallando como los egiptólogos encuentran momias a base de rascar. Pero además hay perlas que rompen el molde bullanguero.

        Como la charla con Miguel Pardeza, que fue futbolista de la Quinta del Buitre y no hace mucho surgió como experto bien empapado de la figura de González-Ruano, del que los columnistas con voluntad de estilo actuales no son sino astillas. O como la entrevista a la viuda de Foxá, que en alguna cabaña serrana anda perdida y es capaz de desmitificar la aureola de sus contemporáneos con una sabrosa mala leche de mujer arremangada, temible si encuentra el rodillo de amasar.

        Estos encuentros, Valenzuela ha ido colocándolos de forma más bien casual en diferentes periódicos, donde el afán por solventar lo cotidiano no siempre le dejó el hueco para consagrarlos como serie. Por eso era necesario darlos como libro, formato donde los vampiros no se le dispersan y el trabajo termina alcanzando aquello para lo que fue concebido: una visión literaria nueva, diferente por periférica y por ajena a los protagonismos impuestos por los suplementos. Por si esto fuera poco, se dicen cosas como para jartarse de reír, cosas de las que sólo se oyen en Sevilla.

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