"El mundo de Juan Lobón",
Alfaguara. Madrid, 1967.
Luis Berenguer

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SIERRAS DE JUAN LOBON

por Leopoldo de Trazegnies Granda

        Litoral de la sierra
       el topónimo no figura en los atlas oficiales, pero cualquier habitante de la comarca de Alcalá de los Gazules al que se le preguntara por las serranías del Aljibe o Bermeja, o por La Zarza, Cabrahigo, el Tarajal, o las Cabezas, nos respondería sin titubear que se encuentran en las sierras de Juan Lobón. Las reconocen por ese nombre porque quien en realidad señoreó en esos montes fue un cazador furtivo así llamado.

        La pequeña cordillera que se encuentra entre las serranías de Cádiz y Málaga, tiene dos partes muy diferenciadas, una es una zona con numerosos oteros y grandas, con humedales nombrados "El Pantanal", "Charco verde" etc., cruzados por un río que nace en "La Laguna", rica en gallaretas y otras aves.

        La parte alta es un terreno abrupto de roca y pino, el mayor bosque de pinsapos del mundo, donde abunda la caza mayor, el corzo, la cabra, el jabalí y el venado.

Detalle de la sierra

        Juan Lobón pertenecía a la estirpe extinguida de los cazadores de una cultura preagrícola, para los que la caza y la vida latían al mismo ritmo.

        Tuvo la desgracia de haber nacido en el siglo XX donde encontró el campo parcelado, vedado y con dueño. Pero los animales no, la caza seguía siendo libre, o por lo menos así lo creía él: "Los bichos montunos son de todos y de nadie: del que los trinca. No hay castigo por matarlos".

        Pensaba que si las piezas se meten de forma natural en los cotos privados nadie puede prohibir que uno entre a matarlas, aunque los dueños contraten guardas para impedirlo.

        Pero sabía que la ley está siempre de parte de los poderosos, porque la han hecho los amos como don Gumersindo, pero la razón cae del lado de los furtivos que viven de la caza. Por eso Juan Lobón es un furtivo que trajina el monte noche y día contra lo que ordena una ley injusta, que terminaría privándolo de lo que más apreciaba: su libertad.

Las cumbres

        Al quedarse huérfano, muy pequeño, porque se quemó el chozo familiar y murieron abrasados sus padres, continuó la tradición familiar de lazos y perchas, para poder subsistir. Luego se agenciaría una escopeta que lo abasteció a él, a su hermano Pepe, y le dio el avío a muchas familias del pueblo en la penuria de la posguerra. Lo que le sobraba lo colocaba en posadas y ventas o lo daba al contrabando que lo pagaba bien.

        El niño Juan Lobón tenía los saberes de la tierra, los que se aprenden entre los vientos del hambre. Su niñez fue tan asilvestrada que un día se acercaron a la cueva que le servía de morada el médico de La Zarza y dos guardias civiles para averiguar si comía carne cruda como se rumoreaba. Juan Lobón no sólo no era un salvaje, sino que se regía por las más finas costumbres y filosofía del campo.

        Gracias a su hermano, que se inclinaba más por las letras que por el cepo, aprendió a leer y a escribir y pudo dejarnos el relato de su apasionante vida escrito desde la cárcel.



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PAGINA ACTUALIZADA EL 14/2/2006