"Merlín y familia".
Barcelona, Editorial AHR, 1957.
Alvaro Cunqueiro

Mapa Imaginario               
Mapa imaginario de España
MIRANDA

por Leopoldo de Trazegnies Granda

Bosque         Miranda se encuentra en tierra de meigas, a mano derecha entrando a Galicia por la banda del Reino de León, en la selva encantada de Esmelle. Se halla a menos de media jornada a caballo de Mondoñedo y a tres jornadas de París. Pero en ninguna parte del mundo se desconocen sus coordenadas esotéricas.

        Merlín vivía y atendía su consulta cósmica en un alcor de Miranda desde donde se divisaba la selva de Esmelle todo alrededor. La casa "era grande y bien tejada a cuatro aguas, con un balcón sobre el camino de Meira y la solana orientada a mediodía..."

        Ningún habitante de los pueblos aledaños de Miranda, como los de Meira, o los del llano de Quintás, o los del castillo de Belvís, podrían imaginar hasta dónde llegaban los poderes taumatúrgicos de Merlín. El único espectador privilegiado de sus sortilegios era su ayudante y aprendiz de brujo, Felipe de Amancia, que se inició con él en ese peligroso arte desde muy niño y relata los fascinantes sucesos que presenciaba a diario en la casa de su amo.

Hogueras         Desde Miranda, a medianoche, se veían bailar luces sobre las almenas del castillo de Belvís como plumas de fuego de un pájaro negro; era la antorcha del enano que hacía la ronda con prisas de última hora, subiendo y bajando las escaleras de las torres con agilidad frailera. Al enano se le conocía en el pueblo porque se desplazaba en una mula cisterciense de gran porte cantando habaneras.

        En la casa de Merlín los perros sabían silbar, había un misterioso cornudo en jaula de vidrio que se alimentaba de moscas, un gato, Ceris, albino y ciego pero que no se perdía un detalle de los prodigios que ocurrían a su alrededor, y también había perfumadas doncellas a las que se les estaba volviendo una mano de plata y que al asomarse a las ventanas cambiaban el color del mundo.

        Y a Miranda llegaban personajes de todo el orbe con los más extraños deseos, emisarios de un obispo de Francia que pedía a Merlín que le arreglara unos quitasoles con poderes mágicos que también le servían de quitatinieblas en las procesiones, o pajes del anciano emperador de Constantinopla que tenía problemas en el campo de batalla con unos príncipes soliviantados y en la cama con una amante virgen.

        Merlín con su excalibur transparente resolvía generosamente toda clase de males y hechizos y descifraba con facilidad los misterios de la vida; los conjuros y remedios los entregaba sencillamente atados con una cuerda hecha con las crines del caballo Turpín o en una caja de mantecados de Astorga. Mediante sus asombrosas facultades tan pronto capturaba un demonio como desencantaba a una moza enamorada convertida en gacela de ojos azules, o arreglaba un reloj de arena que tenía paralizado el universo desde Miranda.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 24/2/2006