Ir a la página principal

EN EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA

Autor: Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945)
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.
Editorial Anagrama. (Barcelona, 2008).


LA HUÍDA DE LOUKI
Leopoldo de Trazegnies Granda

          El café Le Condé se encuentra en París en las inmediaciones del teatro L'Odeón. Rive Gauche, bohemia, barrio Latino. Es la época de la patafísica de Boris Vian, el letrismo de posguerra, la escritura automática dadaísta de Tristán Tzara... Pero los miembros del grupo donde Modiano se introduce literariamente podrían pasar por universitarios de la cercana Sorbona. Entre otras cosas leen los Cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont (esa obra poética que se rebela contra la miseria humana y contra el dios que la ha creado) las Iluminaciones malditas de Arthur Rimbaud. Llevan también, inexplicablemente, la partitura de Las barricadas misteriosas (el enigmático título que Couperin le dio a una pieza musical). No pertenecen pues a una corriente intelectual homogénea, componen más bien una anarquía o rebeldía cultural. Todos están vínculados entre sí a través de la trama urbana de París y la mayoría se dedican al Arte o a las Letras pero no se reúnen allí para hablar de pintura o de literatura, beben, charlan, juegan a las cartas o a los dados, como para disimular sus vidas. La creatividad la consideran como un derivado natural de su nihilismo.

          Una misteriosa muchacha empieza a frecuentar el café, suele permanecer sentada en una mesa del fondo y tarda en incorporarse al grupo. La conocen por Louki, es muy joven aunque aparenta casi veinte años. Su personalidad no está en sintonía con los bohemios del café Le Condé, ella es la única habitante de su propio mundo, aún más solitario que el del resto, su contacto con ellos es casual, daría igual que en vez de haber llegado a ese café de la Rive Gauche lo hubiera hecho a un orfeón de aficionados o a un club de ajedrez. El café Le Condé es un refugio para todos, pero para ella aún más, aunque nadie sabe por qué.

          Modiano describe con cierto distanciamiento el ambiente parisino, como si realmente fuera un forastero al que no le interesase demasiado lo que allí ocurriese, sin embargo algo lo lleva a registrar hasta los más mínimos movimientos de sus personajes por una razón que probablemente él mismo desconoce. Es como un fatalismo urbano que él verifica a cada instante por medio de la memoria. En su literatura hay siempre una ternura casi neutra de sus personajes femeninos, un desencanto, una permanente ausencia. Sus personajes sufren la carencia del sentido de sus existencias. Louki encarna esa constante perplejidad ante el mundo.

          Jaqueline Delanque, conocida como Louki, es una muchacha nacida en Sologne, hija de padre desconocido, que vive con su madre en el París profundo del pleno centro de la ciudad, cerca de la place Pigalle; su madre se gana la vida trabajando, posiblemente limpiando, en el Moulin-Rouge. Sobre ella gira la historia contada desde distintas perspectivas por los cuatro personajes principales. Cada uno cuenta su participación en la misteriosa vida de Louki de forma independiente.

          La novela nos muestra el París de los años 50 y 60 transitado por tantos intelectuales europeos y americanos aunque en ningún momento se les mencione. Patrick Modiano es de la misma generación del recién galardonado premio Nobel Le Clézio. En todas sus novelas Modiano indaga sobre la psicología femenina y por lo general las sitúa en los años de su juventud que fueron muy distintos a los que conocimos en España. Todo lo que en el París de esa época era libertad y búsqueda, en Madrid era represión y silencio, como recientemente ha reflejado Isaac Rosa en su novela Vano ayer.

          Esta obra está muy cerca de lo que los franceses llaman un "polar", es decir una novela policial con tintes de novela negra, aunque en ella el único crimen sea la soledad y el desamparo de una chica perdida en la ciudad que no encuentra una razón para amar, para existir. La novela está escrita con sensibilidad y claridad poéticas.

          El traductor oficial de Modiano en España era Carlos R. de Dampièrre (fallecido en 1988) que hizo excelentes traducciones de sus novelas anteriores. En el café de la juventud perdida está traducido magníficamente por María Teresa Gallego Urrutia, aunque hay algo que hace que la lectura sea un poco incómoda. Para evitar el "yoísmo" y "tuísmo", tan típicos de la lengua francesa, la traductora elimina casi todos los pronombres de las oraciones, tal como solemos hablar en español, pero al estar en la base de la frase la sintaxis francesa a veces se hace difícil averiguar quién es el sujeto de la oración porque el tiempo del verbo resulta equívoco. Sobre todo teniendo en cuenta que Modiano puede empezar a narrar en primera persona y cambiar a la segunda después de una coma y terminar el párrafo en una voz que habla en tercera persona o viceversa.


IR A LA PAGINA PRINCIPAL
PAGINA ACTUALIZADA EL 15/10/2008