PASAJEROS DE OTROS BARCOS
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones de la culebra coja. Sevilla, 2003

Veinte años después... de nacer (más o menos)

                -¿Cuándo llegaste al Perú?

                -Huy, huy, mucho tiempo ya, niño -me contestó el Sr. Cheng, que en milésimas de segundo pasaba de la risa a una máscara de cera inexpresiva y se quedaba como un maniquí con las tijeras y el peine en las manos.

                En el espejo de la peluquería, veía reflejado el final de la calle, el mar estaba oculto en una neblina que humedecía los geranios del malecón del parquecito Salazar. Tuve la sensación que detrás de las farolas no había nada, que allí se terminaba el mundo como en el Bulevar Proust del cuento de Javier. (Por la radio estaban transmitiendo la pelea que retiró definitivamente del boxeo a Mauro Mina. "Pobre negro", comentó el otro peluquero que trabajaba en el local, "¡qué tunda le está metiendo el gringo!").

                    -¿Cuándo llegaste entonces? -insistí por curiosidad.

                -Cuando la guerra mundial, pues -respondió el Sr. Cheng esforzándose en pronunciar las erres-, la segunda, jajajá -mientras se concentraba bizqueando para seguir cortándome el pelo.

                -Un poco antes de la guerra también llegó mi viejo -le dije.

                -¡Ah, sí! ¿no? Don Reginald también. Mucha hambre también en Bélgica ¿no? igual que en China ¿no?

                -No -le dije-, mi padre vino persiguiendo a mi mamá.

                -¡Ah! pendejo su papacito entonces ¿no?

                -Muy pendejo el viejo.

                -Conocía proverbio chino: la mujer primero, luego comida. Jajajá.

                -Sí, pero encima logró que lo nombrasen cónsul de Bélgica en Lima, o sea que mató dos pájaros de un tiro.

                El peluquero soltó una carcajada entrecortada guiñando ambos ojos alternativamente, y luego haciendo chiscar las tijeras:

                -Y usted niño se va a estudiar a Europa ahora ¿no? ¡Cómo da vueltas el mundo! ¿verdad?

                Me llamó la atención que la peluquería oliera a la misma colonia a granel que se ponía la muchacha de mi casa para salir los domingos y luego volvía envuelta en un aroma a yerba recién cortada, con briznas en el pelo y los labios despintados. "Irene", le decía mi madre, "¿de dónde vienes con esa facha?", y ella se reía, se reía.

                -Sí, parto para España, ahora en este curso, después de los carnavales; este es mi último corte de pelo en Lima, Cheng, te quedas sin un cliente.

                -¡Qué bueno para usted, ah! -dijo el peluquero separándose un poquito y ladeando la cabeza para que yo le imitara el gesto y pudiera cortarme la patilla derecha-. Quiere ser abogado ¿no? y su papacito contento, pero su mamacita triste ¿no? -prosiguió después de afilar la navaja en la badana.

                -Claro, el viejo está contento, pero mi mamá no dice nada.

                -¡Cómo puede, ah! -exclamó el peluquero chino. (Esta frase la decía muy rápido y muy frecuentemente, sin esforzarse en pronunciarla bien y sonaba: ¡Cómopuele, ah! que había dado lugar al apodo de su hijo, mi amigo Félix).

                -Mi hijo tambien quiere -continuó sin mucha convicción-, porque aquí mucho lío en San Marcos y en la Católica también ¿no?

                -¿Félix también quiere ir a estudiar Derecho a España y no me ha dicho nada? -comenté incrédulo.

                -Sí, sí, quiere ser abogado como usted, pero él mal estudiante, así no se puede ir a ninguna parte ¡ah!

                -Yo también soy mal estudiante -le dije, pero rectifiqué dándomelas de sensato-, aunque he sacado todas, si él aprueba en marzo todavía le da tiempo, allá el curso no empieza hasta octubre.

                -¿Octubre? tan tarde ¿no? -repitió el peluquero extrañado dejando de cortarme el pelo para mirar cómo se derramaba lentamente la niebla por los escalones del malecón-. Aquí ya va a empezar, en abril ¿no? Ah, entonces sí puede, pero caro ¿no? -preguntó.

                -Podría conseguirse una beca.

                -¡Ah! ¿beca, no? ¿Cómo puede, ah, niño? ¿Cómo puele? ¡Cómopuele!

                El ayudante del Sr. Cheng era un zambo alto que aunque parecía estar ensimismado oyendo por la radio la transmisión del combate de Mauro Mina no me quitaba la vista del cogote y mantenía una actitud como para preguntarme algo. Al fin se decidió:

                -Ahora que usted se va, sus papás se quedan solos -afirmó tímidamente terminando la frase en pregunta.

                -No tanto -le dije- mis hermanos viven en Lima y vendrán a cada rato por aquí.

                -Sí, pero me vengo a referir que a lo mejor ya no van a hacer falta tantas muchachas en su casa ¿no? -insinuó esmerando la cortesía.

                -Jajajá -terció riéndose el Sr. Cheng-. Está preocupado por la chola de su casa, una blanconcita bonita ¿no?

                -Sí, Irene, es muy guapa -corroboré con gesto cómplice arrepintiéndome enseguida de haberlo hecho. En los segundos de silencio que siguieron a mis palabras, reconocí el olor de la colonia a granel que salía de un frasco verde destapado sobre la repisa.

                El otro peluquero pareció adivinar mis pensamientos, entonces bajó la vista nervioso y luego me miró sin poder yo discernir si su expresión era de temor, desconfianza o amenaza.

                -Jajajá, ¡cómopuele, ah!- repetía Cheng dando vueltas a mi alrededor para comprobar si el corte de pelo que me había hecho era digno de circular por las calles europeas.

                En la primera carta de mi casa que recibí en España, mi madre me contaba dos cosas, que mis amigos no paraban de llamarme porque decían que yo había desaparecido sin despedirme y que Irene estaba embarazada. "Lo ha venido ocultando hasta hoy" me decía, "el padre parece que es el que trabaja en la peluquería de Cheng. Irene llora todo el día porque el zambo no lo quiere reconocer, dice que el niño puede ser de cualquier otro. No sabemos qué hacer con ella porque en casa ya no estamos para criar bebés, te imaginas...". Y en un rasgo de humor terminaba "supongo que esto en Europa te sonará a chino."

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PAGINA ACTUALIZADA EL 25/11/2003