Ir a página principal

 
 CANCIÓN DE LA COSECHA MAGRA
 José Luis Menéndez
(Mendoza - Argentina, 1944)


    Ven, sigue paseando tu voz
    en los adioses, de nuez y de vainilla,
    que una vez tejimos como arañas heladas.
    Sigue paseando tus cabellos
    sobre estas manos que adivinan, entre grietas
    y humedades del aire, lo bello de las cosas.

    Hoy he vendido dos mil racimos de uvas
    y puedo convidarte mi café‚ molido
    en una tierra con pisadas de mármol,
    y de flores que olvidan, por un día, su tristeza profunda.

    Ven, que todavía alguien le tira a las palomas
    pedacitos de pan y le pone pañuelos debajo de sus patas.

    Ven que coseché diez cajas de ciruelas rojas
    y puedo comprar para que reines -como un claro de sol
    sobre las olas, que al hablar, te besen-
    las cuatro estaciones de Vivaldi o una polonesa de Chopin.
    Y puedo ver si tus labios me sangran o se pliegan
    como una ofensa reprimida. Y puedo ver
    si mueren o me asaltan con la luz del otoño.

    Ven que ya no puedo andar sobre los vientres secos
    ni pararme otra vez sobre la huella de las destrucciones
    y de los ojos que se cubrieron con agujas de sal,
    antes de verlas, flameando en la ebriedad marina,
    cubriendo los abismos con reflejos de llanto.

    Ven que los ciegos nos envidian
    los encadenados a los muros de piedra nos envidian
    y yo he cambiado cien corazones de alcauciles
    por una copia de una copia de van Gogh
    y podemos llegar a la casa que hicimos y miramos arder
    antes de la hora en que los soles caigan y se desintegren
    y nos cubran con su hollín y su misericordia.

    Ven y busquemos a esos viejos que aún se resisten a morir
    y cambian coliflores y carretones de guano
    por un libro de cosmogonías y una foto de mujeres desnudas.

    Ven que hay casas que no son de cenizas
    y tormentas que no son de fuego
    y aves que no sienten la necesidad de purificarse. Ven,
    no te avergüences de la esperanza que has guardado
    debajo de tu sábana y que te sueña cuando duermes.

    Ven que no se pierde lo que nunca se tuvo
    y una vez en un siglo llega el viento
    de los muros derruidos, del corazón que se dilata
    hasta no ver mi sangre ni tus labios,
    y todo estalla, en la ingravidez de la noche,
    con la furia de cincuenta volcanes.

    Ven que un lomo lustroso de caballo
    puede dejar que le acaricies la libertad perdida.

    Ven que vuelvo de centavos de látigo.
    Y he paleado arena y he molido ladrillos
    y he bebido veinticinco horas mi jugo de maíz
    para comprar estos zapatos
    que no resistirán más que dos lluvias.
    Y una empieza a caer, está cayendo de tus alas de nube.

    Ven y mírate a mí
    que los hombres siguen haciendo niños
    y la tierra está llena de sobrevivientes.

    Ven que los gallos han quedado mudos
    pero escuchan lo mismo que nosotros los galopes nocturnos.

    Ven y miremos como suelta la historia, entre maderas
    carcomidas y legados de muertes inconclusas,
    sus crestas de laurel, sus animales blancos:
    la indigencia que baila sobre el trono
    de los imperios desbarrancados y baila
    en las fronteras de papel, las burbujas de Hollywood,
    los genocidas consternados, las lealtades perdidas,
    los agrios mercaderes que han venido azotando
    la preñez y la fruta y batallan, ahora, por su historia vacía,
    los cruzados que se prestan la ley y la dirigen,
    como una tabla inapelable, hasta el lugar
    donde los hombres ya no son necesarios,
    los secuaces errantes que percuten su máscara
    y envuelven en celdas de rapiña su destreza inútil.

    Ven y miremos como afilan sus uñas
    cómo rascan el fondo del barril.

ARRIBA

 

     
     UNA MALETA llena de hojas

    Félix Francisco Casanova
    (Nace en Sta. Cruz de la Palma en 1956
    y muere en 1976, a los 19 años, en Tenerife)           

      ¿A qué podremos jugar
      cuando el invierno emigre
      y las lluvias cesen?
      Ya no será tan fácil deslizarse
      por la húmeda lengua del crepúsculo,
      alzar el vuelo con los cuerpos
        trenzados
      y respirar por una misma boca.
      ¿Sería ésa la hora
      de suponer perfecto nuestro estilo,
      de, quizás, haber creado
      la verdadera comunicación
      para rechazarla luego?

       

ARRIBA

 

 
CANCIÓN DE AMOR

Oswaldo Chanove
(Arequipa, Perú, 1953)

Ninguno de ustedes ha tenido jamás un amor como el que yo he tenido
Ella secaba mi armamento con su perfumada cabellera
Me alimentaba con miga y con leche y humedecía mis labios con vino
jamás ustedes viles y brutos tendrán un amor como el mío:
tierno
sensible e inquietante
en la cama
Ustedes no conseguirán siquiera un beso
como el de ella: aromático
de delgada humedad
y
que evocaba no el primer beso obtenido
sino el primer beso soñado
Sus ojos
además cuando no se perdían en melancólicos ensueños
se ocupaban en seguir
mis pasos
en leer
mis labios
en contar los movimientos
de mis manos
Ningunos de ustedes, cerdos, fueron jamás bendecidos por un amor
tan grande y tan bueno
y
por una felicidad tan honda
Por eso
ahora que huyo
como una bestia indigna
acorralado
por indescifrables espasmos
ninguno de ustedes, miserables, ha sido merecedor de una maldición mayor que la mía.

ARRIBA

 


      Nadim Martínez (San José de Costa Rica, 1983)

 

 

HECATHOMBRE

Prefiero las mareas
al filo de las rocas
no me gusta loquestá
perfectamente inmóvil.

Los seres nacen de los vientos anubarrados
en sucias alcobas a cielo abierto
y se hacen visibles cuando sequedanrígidos
como espejos límpidos.

Las bandadas se soportan mientras vuelan
y terminan cayendo como hojas secas.

Estas calamidades sin duda ocurren, amada,
porque el sol tibio de tus pechos
se ha apagado
en los témpanos de mis ojos.

ARRIBA

 

CARMINA CASALA (Guadalajara, España,1949)
"AHORA QUE LAS ALGAS AGONIZAN"
Instituto Hispano - Arabe de Cultura. Madrid, 1986.

 
V

        Mira mujer:
        Yo no busco tu piel
        para dejarla huérfana.
        No quiero atravesarte
        con mi largo crepúsculo.
        Yo no vine a robarle
        los peces a tu océano.

        Yo volvía del miedo
        - sola, apátrida, tristísima -
        sin más saldo que el verso y la palabra,
        sin paisaje,
        con las manos heridas de fronteras.

        Yo no quería
        tropezar con un alba
        perdida de imposibles,
        no quería...

        Yo sólo quise
        creerme que era cierto este Horizonte
        para no morir del todo.


ARRIBA

 

TERESA BARBERO (Avila)
"EL DELITO SECRETO"
C.P. "Angaro". Sevilla, 1990.

 
BRINDIS I

        En tu néctar renazco.
        Mojo mis labios y ya me sobrevivo.
        Abuso de tu aroma en el espacio
        y encristalo de estrellas todas mis ventanas.

        Contigo voy.
        O me dejo llevar, pues da lo mismo.
        Mi soledad se llena de fantasmas
        ligeramente ebrios, pero hermosos,
        a medida que el líquido que viertes
        se cobija en mi sangre,
        alegra mis entrañas.

        Yo bebo en ti la vida que se escapa,
        el beso que se esfuma,
        la palabra mortal que nos persigue,
        y disuelvo el envite
        del tiempo y el dolor.
        Me sobrevivo
        sólo con que me rocen los labios
        tu perfume.


ARRIBA

 

ARMANDO RUBIO HUIDOBRO (Stgo. de Chile, 1955-1980)
"CIUDADANO"
Santiago de Chile

 
CONFESIONES

        Soy bestia umbilical, delgada y andariega,
        con un aire de pájaro en la calle.
        Atado a los semáforos
        por ley irrevocable.
        Suelo ser atacado por mis hábitos
        y por los vendedores ambulantes
        que me auscultan la cara
        de bar destartalado y decadente.
        Amo a la ciudad más que a nadie:
        las calles y edificios,
        noches pobladas de mamíferos
        domésticos y astutos, que transitan por bares,
        y beben, y comen, y se ríen, y se ríen, y se mueren.
        Soy bestia siempre en celo,
        pájaro individual, enfermo.
        Confiado ciegamente en mis zapatos,
        no me pierdo un detalle
        de lo que está pasando, que es muy grave.
        Me entristecen los hombres, me deprimen
        sus orejas, sus dientes, y las blandas
        extremidades; las ojeras;
        y los rostros desérticos, tortuosos;
        bigotes, anteojos, pelos, anillos, monedas;
        cigarros defendidos contra viento y marea; el fraudulento
        pudor de las camisas;
        y el orgullo, ese orgullo inconcebible...
        Sobre todos,
        los hombres que van solos por el mundo,
        unánimes espaldas, hombros, rabia.
        ¡Voltear los autobuses, y tocarles
        la oreja a los absurdos transeúntes,
        saber de abuelas suyas y de hermanas,
        y de la fecha atroz en que nacieron!
        Cordialmente aborrezco
        a los hombres de gafas, que saludan
        suficientes, constreñidos,
        con una mano blanda, lisa, como de nieve,
        y se vuelven, y mueren
        de cara ante el periódico;
        a todos los que pasan
        las horas entre muslos y aguardientes
        perpetuando la fiesta de este mundo.
        Extraña la ciudad cuando parece
        no haber nadie, ni voces de Zutano o Mengano,
        cuando una sombra inmensa, resollando
        se descuelga de muros, y se manda cambiar,
        de una vez por todas, hacia un patio sin hambre;
        aunque haya transeúntes
        con ojos de paloma y pecho duro,
        y algunos que se tienden en las calles
        con un olor a muertos
        y a padre avejentado por sus sueños.
        Ninguna novedad hoy en la tarde.
        La ciudad y su curso inevitable.
        Yo, bestia umbilical, pájaro enfermo,
        he de seguir de noche
        atado al parpadear de los semáforos,
        a la misma ciudad donde parece
        que ya no habita nadie.


ARRIBA

 

ANTONIO GÁLVEZ RONCEROS (Chincha-Perú, 1932)
"MONÓLOGO DESDE LAS TINIEBLAS"
Inti-Sol Editores. Lima, 1975

 
LA CÓLERA

    Un negro iba contando a otro negro un percance que había tenido. Decía:
    - Y te juro que me diuna cólera, ay peruna cólera que no se me pasaba.
    - Oye, ¿y cómo e la cólera? -dijo el otro.
    - La cólera e como mascá piera, como mascá arena...

ARRIBA

 

AUGUSTO DE CAMPOS (Sâo Paulo, 1931)
"Revista De Noigandres". 1952.

 
Para Solange Sohl

      Solange Sohl existe. Es una muerta esplendorosa.
      Me cortó el corazón con un sólo quiebro de ojos.
      Ella recoge en su palma mi corazón ardiente
      Y lo muerde como una fruta fresca.
      ¡Esplendorosa! ¿Quién diría que renueva tanta muerte,
      La devoradora de ese triste músculo cansado?
      Solange Sohl existe armada en el aire
      Con toda su inmensa y delicada estructura de vidrio.
      Borda con sus finas manos en el aire
      El ave nacida para entrar a mi cuerpo
      donde estuvo mi corazón cortado
      Y en ese lugar ella se encorva,
      Doblándose.
      Solange Sohl posa sus labios sobre la herida
      De modo que ésta se cierre con el cuervo dentro.
      Luego ese pájaro triste abandona mi pecho.
      Y en mi garganta, allí se agarra,
      Allí, donde nace mi voz.
      Mi voz oscura,
      Que esparce cenizas en vez de palabras,
      Cenizas que van al mar y el mar extiende sobre
      El mar, tras el cual
      Solange Sohl existe.

      (Traducción de L. Tamaral)


 

    Marisol González Felip (Valencia, 1962)
    "La edad desierta". Madrid, 1995.

    De repente deseo encontrarte -que me encuentres- en el vestíbulo del cine y saborear el almíbar de tus ojos en el paquete de palomitas dulces. Pensaba en ti mientras veía la película y ensayaba frases al estilo americano para estrenarlas en nuestra próxima cita. De repente deseo encontrarte entre mis sábanas y que tu aliento las empape; y beberme a sorbos tiernos tus sueños durante toda la noche. De repente oigo llover fuera, en la calle, y no sé siquiera si ya has ido a ver Rain man.

ARRIBA

 

 
ARRIBA

 
 

 
Germán Albornoz (Guatemala)
E.Mail: buscon74@hotmail.com

Tal vez
al volver las mañanas humedas de plata
un carro abandona las calles de la zona 10
en la ventana se afina nuestro silencio de niño
por la espalda, alguien dice buenos días

¿Quién te quita los pensamientos?

Nuestros mejores años están suspendidos en el aire,
esto no es un disco
no suena igual

¿Dónde dejamos las voces?

Cada uno ha salido
seguimos de un lugar a otro
esperando

 

 
      Elena Medel (Córdoba, 1985)

MI PRIMER BIKINI

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo -como una medusa de bronce-,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

ARRIBA

IR A LA PAGINA INICIAL DE POESÍA
IR A LA SIGUIENTE PAGINA DE POESÍA
VOLVER A LA PAGINA INICIAL
PAGINA ACTUALIZADA EL 22/9/2009


free web stats