Ir a la página principal

Gregorio Gonzalez
A los leyenderos de Cervantes & Cía.

Autor: Leopoldo de Trazegnies Granda
Edición en rústica, 21 x 14 cm. 194 páginas.
Papel blanco de 80 gr.
Portada a todo color.

Primera edición: septiembre/2010
I.S.B.N.: 978-84-614-2720-8
Depósito legal: SE 5043-2010
BUBOK. Madrid, 2010.

Si desea leer la obra completa puede comprarla impresa o bajarla gratuitamente de BUBOK

¿LOPE, AUTOR DEL QUIJOTE APÓCRIFO?


(Resumen)

por Leopoldo de Trazegnies Granda

Ya vos endono, nobres leyenderos,
las segundas sandeces sin medida,
del manchego fidalgo don Quijote.

Alonso Fernández de Avellaneda,
II tomo del ingenioso hidalgo
Don Quijote de la Mancha

          En 1614 apareció la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha pero para sorpresa de los lectores no salía de la pluma de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la primera, sino que era obra de un impostor, Alonso Fernández de Avellaneda, que ni siquiera existía realmente porque era un heterónimo creado por un desconocido. Cervantes montó en cólera y se apresuró a terminar la auténtica continuación de su obra que se imprimió un año después, en 1615.

          El abanico de candidatos a ser revestidos de la personalidad de Avellaneda es muy amplio, va desde el dominico Juan Blanco de la Paz nacido probablemente en 1538 y desaparecido en 1594 hasta un jovencísimo indiano como Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza amigo de Mateo Alemán. Y si extremáramos un poco más los argumentos que se esgrimen para defender las respectivas hipótesis podríamos incluir hasta al mismísimo Inca Garcilaso de la Vega que por esas fechas vivía en Montilla (Córdoba). (Ver Apéndice 1)

          Es más, el Quijote apócrifo podría deberse a la pluma de alguien totalmente desconocido que después de pergeñar el desaguisado no hubiera vuelto a escribir nada más, un escritor como Gregorio González, por ejemplo, que la única obra suya conocida es El Guitón Honofre fechada en 1604. Todo entra dentro de lo posible.

          Muchos son los investigadores que han intentado desvelar el secreto sobre la verdadera identidad de ese misterioso personaje que firmó el falso Quijote. Podemos resumir las teorías en las que a continuación expondré.

          A finales del siglo XIX el gaditano Adolfo de Castro y Rossi pretendió haber descubierto que un dominico llamado Alonso Fernández, natural de Plasencia, era el auténtico autor del apócrifo cervantino. Castro se apoya en la coincidencia del nombre y primer apellido, lugares y fechas, así como en la condición de fraile dominico del escritor extremeño.

          En el mismo siglo XIX, Nicolás Díaz de Benjumea, autor de una obra titulada La verdad sobre el Quijote sugiere que la persona que se oculta bajo el apellido de Avellaneda es un fraile llamado Andrés Pérez natural de León. En tal caso no sería la primera obra secreta de este fraile porque, como ya sabemos, el bibliófilo Nicolás Antonio en su Bibliotheca Hispana Nova le atribuye al mismo fraile la autoría de La pícara Justina, que hizo uso del heterónimo "Francisco López de Úbeda" para publicarla. Benjumea cree que Cervantes conocía la identidad del que le usurpó la continuación de su obra y que lo denuncia enigmáticamente en un pasaje de su segunda parte del Quijote. Se basa Benjumea en el anagrama de Andrés Pérez convertido en Pedre Narez cercano a Pedro Noriz que es el nombre que menciona Cervantes.

          Otro de los nombres señalados como posible autor del falso Quijote, oculto bajo el de Alonso Fernández de Avellaneda, es el de Pedro Liñán de Riaza sugerido en 1902 por Adolfo Bonilla y San Martín, hipótesis desarrollada recientemente por Sánchez Portero y Pérez López.

          Liñán de Riaza, amigo íntimo de Lope de Vega, era un poeta de los llamados romancistas como Cervantes y Lope que, aunque fue incluído en la famosa antología de Pedro de Espinosa Flores de poetas ilustres y citado inicialmente por Cervantes en su Canto de Calíope, luego lo omitió en su Viaje del Parnaso, significando tal vez cierto distanciamiento entre ambos vates. No tuvo la suerte este poeta de pasar a la posteridad. Nacido en Aragón en fecha desconocida y fallecido en 1607, es decir, dos años después de la publicación de la primera parte del Quijote y casi una década antes de la publicación de la segunda parte que se le atribuye. Para justificar la incoherencia en las fechas, Bonilla sostiene que Liñán de Riaza dejó esbozado el Quijote apócrifo y quien lo terminó y llevó a la imprenta fue su amigo Lope de Vega.

          Enrique Suárez Figaredo llega a la conclusión de que el autor que se esconde bajo el heterónimo Avellaneda es probablemente Cristóbal Suárez de Figueroa, autor a su vez, entre otras obras, de El pasajero (Madrid, 1617). Lo deduce después de realizar una exhaustiva comparación de la sintaxis y el vocabulario empleado en el Quijote apócrifo con la obra del resto de escritores del Siglo de Oro. Los cómputos hechos con medios informáticos descartan a los autores analizados (tales como Gerónimo Pasamonte, Vicente Espinel o Tirso de Molina) y en cambio dieron numerosas concordancias sintácticas con El Pasajero de Suárez de Figueroa.

          A Cristóbal Suárez de Figueroa, nacido hacia 1571, se le conoció principalmente en el mundo literario de la época por sus traducciones, glosas y adaptaciones de autores clásicos. Tenía fama de maldiciente y pendenciero a raíz de haber apuñalado en una reyerta a un caballero de Valladolid. Era conocida su gran enemistad tanto con Cervantes como con Lope de Vega y podría considerársele el escritor díscolo del Siglo de Oro. Vivió varios años en Italia en dos etapas. Allí fue acusado por la Inquisición de liberar a un condenado del Santo Oficio. Permanece en España desde 1604 hasta 1623 que retorna a Italia con el duque de Alba. Falleció probablemente en Nápoles en 1644.

          El reconocido cervantista Martín de Riquer opina que el autor del Quijote apócrifo pudo ser un soldado compañero de Cervantes en las campañas de Italia llamado Gerónimo Pasamonte que había escrito su autobiografía anteriormente. Cervantes mencionó a este personaje cambiándole el nombre de pila y no dejándolo en buen lugar. Es el Ginés Pasamonte que el caballero de la Triste Figura libera de los grilletes en unión de otros presos que eran llevados a galeras. Pero a continuación de este episodio Pasamonte vuelve y le roba el burro a Sancho, quedando como un vil ladrón.

          Por último tenemos la hipótesis de Javier Blasco que nos presenta al docto fray Baltasar Navarrete (1560-1640), autor de varios tratados de teología, como el posible redactor del Quijote apócrifo. Para apoyar su teoría se basa Blasco en el perfil académico de Navarrete que podría coincidir en algún caso con ciertos pasajes narrados por el supuesto Avellaneda a manera de firma encubierta.

          Sin embargo, la lectura detallada del prólogo de la obra de Avellaneda nos permite deducir que de todas las teorías enunciadas la que más probabilidades tiene de ser cierta es la de Adolfo Bonilla y San Martín que identifica al Fénix de los Ingenios, Lope de Vega y Carpio, como el escritor que se oculta bajo el enigmático nombre de Alonso Fernández de Avellaneda.

          Analicemos el prólogo.

          Empieza por denigrar la primera parte del Quijote de Cervantes:

    Como casi es comedia toda la historia de don Quijote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo;

          Muchos eran los escritores del Siglo de Oro que podían sentirse agraviados por Cervantes, ya sea porque no los mencionó en su Galatea, o porque lo hizo con menor énfasis del que esperaban. En el Parnaso español algunos poetas llevaban su vanidad hasta la megalomanía y no se cansaban de elogiarse sutilmente unos a otros para no herir su enfebrecida sensibilidad. Ciertamente el autor que se oculta bajo el heterónimo Alonso Fernández de Avellaneda no era persona que apreciara la obra de Miguel de Cervantes y la califica desde el resentimiento como "casi comedia", es decir, que no llega a comedia. La animadversión entre Lope de Vega y Miguel de Cervantes era pública y notoria, tanto como la existente entre Quevedo y Góngora. De allí que como respuesta a las muchas sátiras recibidas por el Fénix de parte de Cervantes en poemas y en la primera parte del Quijote, Lope dijera de Cervantes:

    De poetas, no digo: buen siglo es este. Muchos están [en] cierne para el año que viene, pero ninguno es tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote.

          Creo que esta frase es suficiente para hacernos una idea de la pésima opinión que Lope tenía de su adversario literario. Y continúa el prólogo:

    y así sale al principio desta segunda parte de sus hazañas este, menos cacareado y agresor de sus lectores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra...

          Decididamente la persona del ilustre escritor alcalaíno no goza de las simpatías de Avellaneda. Para él Cervantes se ha dado ínfulas impertinentes con su primera parte del Quijote y le reprocha haber agredido en ella a sus lectores. Se deduce que Avellaneda se considera uno de los zaheridos y utiliza el término "cacarear" casi vejatorio para dejar claro que escribe desde la irritación que le ha producido el texto cervantino, pero que él lo hace con mayor modestia. Seguidamente pasa a burlarse de la condición física del manco de Lepanto:

    ... desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron (y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sólo una...

          Para después tratarlo de viejo, irresponsable y lenguaraz:

    ... y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos) ...

          Avellaneda se ha tomado la primera parte del Quijote como la afrenta de un anciano que insulta a todos con la osadía de un joven. El desconocido escritor debe ser mucho más joven que Cervantes puesto que no sería lógico pensar que siendo más o menos de la misma edad le reprochara su vejez. Lope (Madrid, 1562) era quince años menor que Cervantes (Alcalá de Henares, 1547). La ironía de Avellaneda continúa al decirle:

    ... pero quéjese de mi tabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte, pues no podrá por lo menos dejar de confesar [que] tenemos ambos un fin , que es desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballería...

          El autor apócrifo es consciente de que le va a causar un grave perjuicio económico a Cervantes pero añade con sarcasmo, a modo de justificación, que tiene que reconocer que ambos persiguen el mismo fin que es desterrar los libros de caballería. La justificación suena también a burla porque el género caballeresco que tuvo su apogeo en el siglo XV estaba totalmente desprestigiado en el XVII y sólo se seguían publicando algunas versiones históricas relacionadas con Carlomagno. Posiblemente el último de los clásicos fuera un Amadís de Gaula salido de las prensas de Simón Aguayo de Burgos en 1587. El escritor apócrifo que se permite hacerle esta broma al autor del Quijote no es un novato ni un escritor de tercera fila sino alguien que tiene conocimientos literarios y está muy al tanto de la literatura de su época.

    ...si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e innumerables comedias con el rigor del arte que pide el mundo y con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar.

          El autor del prólogo es un escritor resentido, pero sus palabras también podrían interpretarse que sale en defensa de un famoso autor de innumerables comedias, ministro del Santo Oficio, que no puede ser otro que el dramaturgo más prolífico del Siglo de Oro, Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, que escribió a lo largo de su vida unas mil ochocientas comedias y cuatrocientos autos sacramentales y que en 1608 fue nombrado ministro del Santo Oficio. La única duda que puede suscitar este párrafo es si quien lo escribe es el propio Lope refiriéndose a sí mismo en tercera persona, o realmente fue otro el escritor que redactó el prólogo. En este segundo caso habría que descartar a Liñán de Riaza puesto que el prólogo se redactó con seguridad después de 1608, ya que Lope fue nombrado ministro del Santo Oficio en esa fecha y Liñán murió un año antes, en 1607. Por eso me inclino a pensar que pudo haber otro escritor que participó en el fraude pero quien realmente le dio la redacción final y escribió el prólogo fue el propio Lope.

          Como ha dicho Luis Gómez Canseco "no parece posible que el Quijote apócrifo pudiera escribirse sin la anuencia y la participación del propio Fénix"(1). La única interrogante que nos quedaría es si el fraude fue una obra colectiva orquestada por Lope o si lo hizo de forma personal e individual.

          Los que apuntan a que el manuscrito es obra de Liñán a pesar de haber muerto siete años antes de su aparición lo hacen basándose en el poema preliminar que lleva el Quijote de Avellaneda firmado por un tal Pero Fernández que sería otro heterónimo usado por el prologuista (en tal caso el propio Lope) y que habría guardado el manuscrito de Liñán hasta 1614 que se decidió a darlo a las prensas:

Puesto que había una sin fin de días
que la fama escondía en libros mudos
los fechos más sin tino y cabezudos
que se han visto desde Illescas hasta Olías,
ya vos endono, nobres leyenderos,
las segundas sandeces sin medida
del manchego fidalgo don Quijote...

          Debemos fijarnos en que Fernández no dice que él tuviera el manuscrito guardado, lo que dice es que los hechos que en él se narran estuvieron escondidos en libros mudos y que ahora se dispone a entregárselos a los "leyenderos". Lo cual es coherente con lo que relata en el primer párrafo de la obra: Avellaneda empieza su Quijote diciéndonos que el historiador y sabio Alisolán halló el relato de la tercera salida de don Quijote entre ciertos anales de historias y que las aventuras estaban redactadas en arábigo. Bien podían ser esos los "libros mudos" que estaban escondidos y fueron encontrados por Pero Fernández, refiriéndose a ellos en plural como lo hace Alisolán en el texto. Esto guarda similitud con el hallazgo por parte de Cervantes de unos papeles escritos en arábigo por Cide Hamete Benengeli que contenían las primeras aventuras de don Quijote. Parece tratarse sólo de un recurso que Avellaneda usa para hacer su ficción más veraz.

          Pero prosigamos con el prólogo:

    ... que nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos. ¿Cuántos han hablado de los amores de Angélica y de sus sucesos? Las 'Arcadias' diferentes las han escrito...

          Avellaneda justifica que sea él quien prosiga la obra de Cervantes poniendo casualmente como ejemplos dos obras de Lope, es decir dos obras suyas, en caso de que fuera el propio Lope el redactor del prólogo como parece evidente.

    Y pues Miguel de Cervantes es ya tan viejo como el castillo de San Cervantes... Conténtese con su 'Galatea'... no nos canse.

          Avellaneda da una nueva razón para justificar su falso Quijote: la circunstancia de que Miguel de Cervantes está ya muy viejo para poder continuarlo. En este párrafo se pone nuevamente en evidencia la diferencia de edades que debía haber entre Avellaneda y Cervantes.

    Santo Tomás ... enseña que la envidia es tristeza del bien y aumento ajeno...

          En el párrafo final del prólogo, Avellaneda hace un largo discurso reprochándole el pecado de la envidia a Miguel de Cervantes. Es lógico deducir que quien está escribiendo el prólogo no sea un poeta de segunda fila porque Cervantes no tendría nada que envidiarle. Cervantes estaba en esos años gozando de la fama que le había dado la publicación de la primera parte del Quijote que en poco tiempo se reeditó varias veces, era un autor célebre y reconocido, aunque pobre, con pocas amistades y muchos enemigos. Uno de los pocos escritores que podía reprocharle su envidia sin caer en el ridículo ante el Parnaso español era el Fénix de los Ingenios, Lope de Vega.

LAS OTRAS HIPÓTESIS:

          Debemos obviar las teorías basadas únicamente en el origen aragonés o toledano de Avellaneda y de su condición de fraile dominico, porque ninguna de las dos proposiciones ha sido suficientemente demostrada. Con respecto al resto de teorías expuestas ninguna parece ajustarse a lo analizado.

          El erudito e historiador Adolfo de Castro y Rossi era un personaje peculiar porque él mismo estaba acusado de varios intentos de falsificar obras clásicas y algunas con notable éxito, tal fue el caso de un texto de su autoría titulado El Buscapié que logró hacerlo pasar como un texto cervantino auténtico e incluirlo en una de las mejores ediciones que se han hecho del Quijote, la de Gaspar y Roig de 1850(2). Se le prestaría mayor atención a este experto en falsificaciones si no fuera porque sus argumentos basados en meras coincidencias y homonimias para reconocer a Avellaneda en el extremeño fray Alonso Fernández no son sostenibles.

          La teoría de Benjumea, señalando al fraile Andrés Pérez, en base a su anagrama convertido en Pedro Noriz por Cervantes presupone que el autor del Quijote auténtico conociera la identidad del impostor, cosa que no se ha llegado a demostrar. Por otro lado el nombre mencionado por Cervantes, Pedro Noriz, ni siquiera llega a ser un anagrama de Andrés Pérez.

          El analisis lexicográfico que hace Enrique Suárez Figaredo del estilo de Cristóbal Suárez de Figueroa para sugerir que podría tratarse de este autor, no se puede admitir como una prueba definitiva ni excluyente, sino como una probabilidad más. Por otro lado los elogios dedicados al Fénix de los Ingenios en el prólogo del apócrifo, resultarían inexplicables al provenir de Suárez de Figueroa por su reconocida enemistad con Lope de Vega. Suárez Figaredo justifica esta aparente contradicción de su teoría asumiendo que son falsas alabanzas porque en realidad surgen de la ironía e hipocresía del autor del prólogo.(3) Si así fuera, tendríamos que descartar la casi segura participación de Lope de Vega en la gestación del Quijote apócrifo, porque sería admisible pensar que lo halagara hipócritamente pero no parece factible que siendo enemigos llegaran a colaborar juntos en el mismo proyecto para desacreditar a Cervantes.

          La de Martín de Riquer que sostiene sin mucho convencimiento que el redactor del falso Quijote es el soldado Gerónimo Pasamonte entra en contradicción con varios pasajes del prólogo analizado:

    -Por un lado, los escasos seis años que Cervantes le llevaba a Pasamonte (Aragón, 1553) no creo que legitimaran a éste para burlarse del autor del Quijote como un anciano incapaz de escribir la segunda parte de su obra.
    -Por otro lado, Pasamonte no tenía mucha cultura. La autobiografía que escribió de su Vida y trabajos es la de un soldado y está muy lejos del estilo depurado y erudito del que hace gala el redactor del falso Quijote.

          Es cierto que en las primeras páginas del Quijote apócrifo, Sancho recuerda el robo de su buen rucio por el ex galeote Pasamonte ocurrido en la primera parte escrita por Cervantes, lo que podría significar que el soldado no perdona la injuria sufrida. Pero si hubiera decidido tomarse la justicia por su pluma para vengarse, jamás habría empleado la fórmula cariñosamente despectiva de "Ginesillo, el buena boya" para designarse a sí mismo en su propio Quijote, lo que demuestra que el autor apócrifo tampoco tomaba demasiado en serio a Pasamonte.

          El prologuista deja claro que responde en nombre de todos los ofendidos, "hablando tanto de todos, hemos de decir...", por lo cual no es extraño que mencione el maltrato a Pasamonte como uno más que se le reprochaba a Cervantes y que pudo ser comentado en los ambientes literarios de la época.

          Con respecto a la teoría de Javier Blasco no parece suficiente que en un pasaje del Quijote apócrifo se mencione en detalle la elección de un catedrático de teología más o menos coincidente con el perfil de Baltasar Navarrete para sospechar que se está autorretratando el autor de la obra.

          Navarrete escribió varios tratados de teología y es también otro de los candidatos a ser el autor encubierto de La pícara Justina que se publicó bajo la firma del tal Francisco López de Úbeda. Como ya hemos mencionado, la autoría de esta curiosa obra perteneciente a la picaresca española está registrada por Nicolás Antonio como de Andrés Pérez. El documento notarial hallado por el profesor Anastasio Rojo parece demostrar que La pícara Justina no era de Andres Pérez como creía Nicolás Antonio sino del docto teólogo fray Baltasar Navarrete, siendo el tal Francisco López de Úbeda un heterónimo creado por Navarrete para poder publicar su obra frívola. Blasco nos sugiere que este mismo fraile no contento con escribir La pícara Justina se atrevió también a escribir la segunda parte apócrifa del Quijote. Coincide con Benjumea en señalar que La pícara Justina y el Quijote apócrifo salieron de la misma pluma, pero para Benjumea fue Andrés Pérez el autor de ambas obras y para Blasco fue Navarrete. En caso de haber sucedido así, tanto si la autoría es de uno como del otro, no tendría sentido firmar con un nuevo heterónimo, “Alonso Fernández de Avellaneda”, cuando ya lo hacían con el de "Francisco López de Úbeda".

          Por consiguiente, en el estado actual de la cuestión, la teoría expuesta en 1902 por Adolfo Bonilla San Martín apuntando a Lope de Vega es la que nos parece más próxima a la realidad descartando la participación de Pedro Liñán de Riaza como colaborador necesario, como ya se ha visto en el prólogo, por mencionar a Lope como ministro del Santo Oficio cuando él murió un año antes del nombramiento.

          En todo caso, Liñán de Riaza participaría sólo en la idea inicial del infundio. Durante los siete años que transcurrieron hasta su publicación, Lope no sólo tuvo tiempo de escribir el prólogo sino de reescribir la obra entera. Es lógico suponer que si Lope se hubiese constituído únicamente en albacea del manuscrito del Quijote apócrifo de Liñán y hubiera tenido interés en publicarlo, no habría habido motivos para ocultar bajo un pseudónimo la autoría de su amigo fallecido.

© Leopoldo de Trazegnies Granda (Sevilla, 15/Feb/2010)

 

NOTAS:

(1) 4 siglos os contemplan. Luis Gómez Canseco.
(2) Sucedió que en el siglo XVIII se habló de un librito titulado El Buscapié presuntamente escrito por Cervantes. En él se explicaba en cierta forma el éxito de la obra cervantina como reacción a la acusación de que la publicación del Quijote había sido un fracaso editorial. No se tiene constancia de que El Buscapié haya existido realmente porque no se conserva ningún ejemplar. Castro, aprovechando la circunstancia, redactó un "Buscapié" apócrifo en 1848 que hizo pasar por un auténtico texto cervantino. El engaño tuvo éxito y repercusiones internacionales al ser traducido al inglés. Algunos críticos, como Landrin en Francia y Gallardo en España denunciaron la falsificación.
(3) "Pero donde yo aprecié ironía otros ven admiración fervorosa por Lope de Vega, y concluyen que Avellaneda fue alguien de su círculo". Piedra, mano y tejado en el Quijote de Avellaneda. Enrique Suárez Figaredo. (Revista Electrónica LEMIR, Nº 11, 2007).

 

BIBLIOGRAFíA UTILIZADA:

  • Cervantes, Pasamonte y Avellaneda. Martín de Riquer. Sirmio. Barcelona, 1988.

  • El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes Saavedra. Notas de Pellicer, Arrieta, Clemencin y F. Sales. (Librería de Gaspar y Roig, editores, Madrid, 1850).

  • Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Alonso Fernández de Avellaneda (Baltasar Navarrete). Edición y prólogo de Javier Blasco. Biblioteca Castro. Madrid, 2007.

  • Una hipótesis sobre el Don Quijote de Avellaneda: De Liñán de Riaza a Lope de Vega. José Luis Pérez López. (http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista9/Perez/JoseLuisPerez.htm)

  • "Introducción" a Alonso Fernández de Avellaneda. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Luis Gómez Canseco. Biblioteca Nueva. Madrid, 2000.

  • La verdad sobre el Quijote. Nicolás Díaz de Benjumea. Imprenta de Gaspar Editores. Madrid, 1878.

  • Cervantes y Lope de Vega: historia de una enemistad. Felipe B. Pedraza Jiménez. Octaedro. Barcelona, 2006.

  • 4 siglos os contemplan. VV.AA. Editorial Eneida. Madrid, 2006.

  • Artículos en la Revista Electrónica LEMIR
    Enrique Suárez Figaredo:
    - Núm 10 - 2006
    «Suárez de Figueroa y el Quijote de Avellaneda»
    «Los 'sinónomos voluntarios': un reproche sin réplica posible»
    - Núm 11 - 2007
    «Cervantes, Avellaneda y Barcelona: la 'venganza de los ofendidos'»
    «Piedra, mano y tejado en el Quijote de Avellaneda»
    «La verdadera edición príncipe del Quijote de Avellaneda»
    - Núm 12 - 2008
    «¿'Ofender a mil' o 'a mí'? Una errata plausible»
    - Núm 13 - 2009
    «¿Cuando se escribió el Quijote de Avellaneda?»


    APÉNDICE 1

    Principales candidatos propuestos para asumir la personalidad de Avellaneda:

        Mateo Alemán (1547-1615)
        Isidoro Aliaga (1565-1648)
        Luis de Aliaga (1560-1630)
        Juan Blanco de la Paz (1538?-Desaparecido en 1594)
        Vicencio Blasco de Lanuza (1563-1625)
        Alonso del Castillo Solórzano (1564-1645)
        Guillén de Castro (1569-1631)
        Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585?-1638)
        Vicente Espinel (1550-1624)
        Hortensio Félix de Paravicino y Arteaga (1580-1615)
        Luis Fernández de Córdoba y Aragón (Duque de Sessa) (¿?)
        Alonso Fernández (Plasencia 1565?-1631?)
        Alonso Fernández Zapata (Ávila ¿?)
        Cristobal Fonseca (1550-1621)
        Vicente García(1579-1623)
        Alfonso Lamberto (¿?)
        Alonso de Ledesma (1562-1623)
        Gabriel Leonardo Albión (¿?)
        Bartolomé Leonardo de Argensola (1561-1634)
        Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613)
        Pedro Liñán de Riaza (1550?-1607)
        Francisco López de Úbeda (¿?)
        Juan Martí (1570?-1604)
        Antonio Mira de Amescua (1574?-1644)
        Tirso de Molina (1579-1648)
        Baltasar Navarrete (1560-1640)
        Gerónimo de Pasamonte (1553-d.1604)
        Andrés Pérez (1561?-1629)
        Ginés Pérez de Hita (1550?-1615)
        Alfonso Pérez de Montalbán (15??-1638)
        Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645)
        Alonso Salas Barbadillo (1581-1635)
        Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639)
        Gaspar Schoppe (1576-1649)
        Cristóbal Suárez de Figueroa (1571-h.1644)
        Juan de Valladares Valdelomar(1553?-¿?)
        Lope de Vega y Carpio (1562-1635)


    ARTÍCULOS RELACIONADOS:
    - Comentario sobre la 2ª parte del Quijote escrita por Alonso Fernández de Avellaneda.

  • IR A LA PAGINA PRINCIPAL
    VOLVER A LA PAGINA DE ENSAYOS SOBRE LITERATURA

    PAGINA ACTUALIZADA EL 5/9/2010