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Artículo tomado de LABEL FRANCE
(www.france.diplomatie.fr/)
Sabor a gloria

Pero, ¿qué fue de ellos? ¿qué se cuece hoy en estos restaurantes literarios? Le Grand Véfour es, bajo la dirección del grupo Taittinger, un refinado establecimiento muy querido por los parisinos, que recibe a una clientela influyente, aunque no específicamente literaria. Al Procope se acude hoy como a un museo, intentando extraer de inscripciones y medallones algún capítulo extraviado de la historia. Lo mismo sucede con La Coupole que se ha convertido en un lugar de memoria, un mito viviente muy frecuentado por turistas extranjeros.

Polidor sigue siendo sede de los supervivientes de la Escuela Patafísica y de la Asociación de Amigos de Verlaine. Y de llegar a las doce menos cinco de la mañana, coincidiremos con un profesor de filosofía que acude a almorzar diaria y puntualmente desde hace 56 años. A él corresponde el privilegio de retirar del histórico casillero de servilletas la única que queda, la que esconde el cajón n°3. El n°2 había pertenecido a Paul Valéry que hace ya mucho compartiera con el profesor mesa y conversación.

Por Lipp no pasan los años. Hoy su enseña fluorescente forma parte del paisaje urbano del bulevar Saint Germain.
M. Perrochon, sobrino y sucesor de Roger Cazes, sigue perpetuando su premio literario y el registro concienzudo de ilustres comensales. Su fama ha procreado dos réplicas exactas en Zurich y Ginebra. Pero a estas dos sucursales legítimas se añaden otros intentos bastardos de imitación contra los que ha de defenderse a la manera de las grandes firmas de prêt-a-porter.

También la Closerie des Lilas ha querido aunar su doble vocación de pluma y pincel en el premio Elie Faure que galardona cada año al mejor libro de arte. Y aunque en el pasado fue más bien el bar el que cobijó a los personajes ilustres, es hoy su terraza cubierta quien gusta congregar a círculos del mundo de la cultura. Drouant palpita imperturbable al ritmo de sus premios, reuniones de académicos y críticos literarios.

La fachada de Lapérouse frente al Sena invita a la evasión. Sus salones siguen siendo frecuentados por personalidades del mundo cultural y político. Y por todos aquellos que desean rastrear su sabroso anecdotario y disfrutar de ese eterno coqueteo entre realidad y fantasía.

Por último, al Train Bleu se viene sobre todo a mirar y dar rienda suelta a la imaginación. Es continuamente solicitado para películas y reportajes. Tal vez porque aquí las musas gozan de una permanente invitación al viaje.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 9/8/2002