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EL LAPIZ DEL CARPINTERO      I.S.B.N.: 84-95501-52-x

AUTOR: Manuel Rivas
Santillana. Madrid, 2004. (189 pág.) Duodécima edición.

LEOPOLDO DE TRAZEGNIES GRANDA

          El lápiz del carpintero no es una novela, es mucho más que una novela. Habría que inventar una nueva denominación para este tipo de obras. En castellano no tenemos un vocablo para designarlas. Los franceses distinguen entre nouvelle y roman. Pero tampoco se ajusta a la clasificación francesa, podríamos decir que se trata de un roman porque concierne al gran tema humano, el conflicto del hombre con sus acciones, pero escrita con el estilo breve y sorprendente de una nouvelle desbordante de imágenes poéticas.

          Manuel Rivas es como los embalsamadores de los faraones que hacían su trabajo tan perfecto que se arriesgaban a resucitarlos. Rivas lo consigue con el lenguaje: convierte el pasado en presente, revive la historia de un "viejo rojo irreductible" que ha sobrevivido al horror con dignidad humana.

          No se nos muestra la guerra desde la sinrazón política (como en tantas otras novelas escritas sobre el mismo tema) sino desde el esperpento personal, desde la conciencia vacía como el cañón de un fusil que ha perdido hasta la capacidad de odiar pero sigue disparando. Todas las guerras son esperpénticas. El texto nos sumerge en un escenario absurdo, en una tierra poblada por seres alucinados, en un país moribundo de desgracias y violencia.

          Se mata porque se tiene que matar, sin preguntarse la razones, y luego algunos muertos acompañan a sus verdugos como si fueran personajes de una novela de Juan Rulfo donde los fantasmas son tan decisivos como los vivos. Y como en todas las patologías políticas, hasta en los momentos de mayor delirio, hay seres capaces de tener momentos de lucidez y de mantener claro su poso humano para compartirlo con los demás, porque la naturaleza sigue siendo la misma, los mirlos no dejan de cantar en los árboles y los hombres y las mujeres de enamorarse con la mirada.

          La novela empieza cuando Daniel Da Barca, republicano y médico durante la guerra, sobreviviente a una condena a muerte y a un exilio en México hasta 1975, responde a un reportero que llega a entrevistarlo a su casa de Galicia donde vive con Marisa, su compañera de toda una vida de aventuras, mujer que conserva la mirada como "un resplandor de vitrales en el crepúsculo".

          El teniente Herbal, carcelero y pistolero, que al desaparecer el régimen franquista termina de chulo en un puticlub de carretera, y que había sido la sombra vigilante del prisionero Da Barca, cuenta a su vez a María da Visitaçâo, joven prostituta brasileña, lo que le pasaba por la mente en esos años de locura. La cabeza de Herbal sigue rezumando algo silencioso y explosivo como la pólvora. Pero paradójicamente su pensamiento se vio enriquecido por la voz de su última víctima, un pintor republicano al que le reventó la cabeza de un pistoletazo en la sien, y del que heredó el lápiz de carpintero que el pintor llevaba siempre en la oreja. Su víctima lo acompañó desde entonces, hablándole en las largas noches de imaginaria en las garitas de las prisiones, como si el lápiz se hubiera convertido en un transistor de su consciencia.

          La novela de Rivas nos hace sospechar que ni siquiera en las situaciones más trágicas y violentas desaparece la ilusión, el amor, la ternura...

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PAGINA ACTUALIZADA EL 10/4/2004