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TITULO ORIGINAL: L'Omero della Pampa
(Con ocasión del centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges)
Autor: Raúl Schenardi (E. Mail)
Versión original en italiano publicada por: DELOS SCIENCE FICTION
Traducción del italiano por: Mercedes Otero y Leopoldo de Trazegnies

El Homero de la Pampa

            por Raúl Schenardi
El 24 agosto de 1999 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges, muerto en Ginebra el 14 junio de 1986. Prescindiendo de la retórica de las celebraciones, he aquí algunas anotaciones improvisadas e irreverentes sobre uno de los maestros de la literatura fantástica de este siglo.

La "industria Borges" en marcha

Caricatura
         La ocasión era demasiado golosa para que se le escapara a la industria cultural, en Argentina y en el resto del mundo. Así pues, durante el año que acaba de terminar se han preparado nuevas ediciones de su obra y antologías de textos hasta ahora dispersos en revistas ilocalizables, se han desenterrado escritos de juventud, que fueron expresamente repudiados a veces por el autor, y ha aparecido algún inédito. Ha habido una gran proliferación de estudios críticos, y nos han asegurado que la bibliografía sobre Borges es actualmente la más extensa que hay sobre cualquier otro escritor (con la excepción de Shakespeare). Se han publicado diversas biografías que han hecho torcer el gesto y levantar ampollas a sus partidarios más acérrimos. (1) No han faltado curiosidades, como Borges: Develaciones, de Félix Della Paollera, amigo íntimo del escritor y profundo conocedor de su obra. En este libro se sostiene que muchos de los personajes de los relatos de Borges no son sólo producto de la fantasía. Por ejemplo, don Isidro Parodi, protagonista de un relato escrito en colaboración con su amigo Bioy Casares bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq, habría sido nada menos que el barbero del barrio. En cuanto a Herbert Ashe, el ingeniero inglés del famoso cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, no sería de ninguna manera una representación del padre de Borges -Della Paolera desmiente en este punto a algunos críticos-, sino William Foy, un huésped estable del hotel de Androgué (que así se llamaba en la realidad y también en la ficción) que era en la vida real ingeniero ferroviario. Della Paolera lo conocía, pero cuando se ofreció a Borges para presentárselo, el escritor se negó rotundamente a conocerlo: "le aterrorizaba la idea de hablar con uno de sus personajes."
         Se anunció, al fín, la publicación de las cartas escritas por Borges en su adolescencia a un par de amigos, que hasta hace poco tiempo estuvieron misteriosamente encerradas en una caja fuerte de un banco suizo. Se perfila una imagen bastante diferente de las hagiografías que lo presentaban como pudoroso, según los canones de la educación victoriana que recibió por parte de su abuela, siempre bajo la tutela de la madre, y además desafortunado en amores. En estas cartas, en cambio, emerge un Borges asiduo frecuentador de un casino, que inventaba trucos para ganar y luego se precipitaba al prostíbulo, para despilfarrar lo que había logrado arramblar.

Borges riendo
         Ni siquiera la televisión y el cine han permanecido mano sobre mano: en abril se repuso la película Estela Canto, un amor de Borges, centrado en la figura de la joven traductora a la que el escritor le dedicó el famoso relato de El Aleph, mientras la red de televisión española, Canal Plus, ha emitido un documental en absoluto convencional. Y no podía faltar una incursión en soportes multimedia: el escritor argentino Ricardo Piglia, junto a Sergio Renán y Guillermo Kutica han realizado hace un par de años La Biblioteca Total, un cd-rom que, además de recorrer la obra de Borges, permite "jugar a bibliotecario" según el esquema de La biblioteca de Babel, una de sus narraciones más intrigantes. Como es conocido, se trata de un texto que ha ofrecido innumerables comparaciones con la red Internet, en cuanto presentaba una anticipación de la posibilidad que ofrece la hipertextualidad. (Ciertamente, poco importa si ha sido Negroponte o Eco el primero en establecerlo). La biblioteca de Babel trata en efecto de un universo compuesto por interminables galerías que contienen todos los libros imaginables... ¿y no se ha dicho acaso que Internet es una biblioteca virtualmente infinita? Quién sabe si Borges se hubiera divertido navegando en Internet o habría experimentado un sentimiento de angustia al hojear este Libro de Arena con un número de páginas incalculable, donde no se puede encontrar ni la primera, ni la última...
         En abril se ha inaugurado en la Biblioteca Marciana de Venecia una exposición itinerante de recuerdos (libros, fotografías, objetos, y curiosidades varias) que a continuación llegará también a las principales capitales europeas, Nueva York y Buenos Aires. Presumiblemente estructurada como un laberinto (una de las obsesiones recurrentes borgeanas), concebida y organizada bajo la supervisión de María Kodama, que conoce al escritor desde que era una niña y que permaneció a su lado los últimos años de su vida, terminando por convertirse en su segunda mujer pocas semanas antes de su muerte. Después de asumir la presidencia de la Fundación Internacional que se le ha dedicado, y el comprometido papel de guardiana de su memoria, no deja de suscitar previsibles polémicas. (2)

Nadie es profeta en su tierra

Borges en 1921
Borges en 1921
         ¿Quiere usted saber una cosa? No existe todavía una edición crítica en español de las obras completas de Borges. Hace tiempo que un comité académico recibió el encargo, pero los problemas del vil dinero han terminado por frustar el proyecto, llevado a cabo en Italia hace más de diez años y en Francia este año.
Y no es el único punto doloroso. El diario La Nación, de Buenos Aires ha revelado que, a pesar del prestigio que Borges goza en la prensa, y a pesar de las periódicas reediciones de su obra (también en ediciones económicas) y de la tormenta publicitaria que se desencadena con ocasión de cada aniversario, la suerte de sus libros continúa representando un enigma: no se venden gran cosa, nunca se han vendido fuera de un círculo más bien restringido.
         Según los datos de una encuesta Gallup realizada en el mes de octubre del año pasado, sólo el 32% de las 1500 personas entrevistadas ha considerado a Borges como el escritor argentino más importante. El segundo puesto, con 10% de las preferencias, lo ocupa Ernesto Sábato. (3) Sólo el 38% ha declarado haber leído al menos un libro de Borges. Y el 28% no lo conoce en absoluto. El sondeo se realizó tanto en Buenos Aires como en el resto del país, y el resultado es que a Borges se le conoce más entre los jóvenes, las personas de elevado nivel económico y los habitantes de la capital.
         De todos modos, tal vez él no bromeaba ni un ápice cuando decía que "la democracia es un abuso de la estadística", y no se le habría tomado como una opinión de tertulia de café, tampoco ocultó nunca el placer que le proporcionaba recibir distinciones, premios y honores.
         Pero no todo han sido alabanzas. En 1946, cuando no ocultaba su aversión al régimen peronista, le quitaron el modesto cargo de bibliotecario y le asignaron, burlonamente, el de "inspector de aves" que él rechazó inmediatamente. Seguidamente detuvieron a su hermana Norah y a su madre la mantuvieron en arresto domiciliario, mientras él era estrictamente vigilado. Después, en los años setenta, se ganó encima la ira de toda la izquierda por sus declaraciones iniciales de apoyo a la dictadura militar del general Videla, de las que se retractaría tardíamente, cuando ya se conocían los crímenes que la empañaban. (4) Esto le valió que le colgaran la etiqueta de "escritor reaccionario", tanto en su patria como en Europa. Para la derecha argentina Borges, era un regalo inesperado: les era cómodo un hombre íntegro, de condición económica modesta, que se metía a defender privilegios, de los que no disfrutaba, como si se tratase de derechos. Podían mostrarlo como un ejemplo para los "descamisados", para que aprendieran de él a quedarse en su sitio. Desde su punto de vista, puede ser solamente otra de sus paradojas: proclamarse a favor del orden como un ciudadano modelo, y al mismo tiempo encarnar la figura de un escritor que propone la anarquía cósmica.
         Después de todo, Borges no suscitó antipatías sólo por sus opiniones políticas. Así, en una postal de alto contenido alcohólico de Hemingway enviada desde La Habana el 13 de marzo de 1950, podemos leer: "Dear Jorges, my Cuban friend Lino Calvo gave me The Aleph, here in El Floridita, el Catedral del Daiquiri. Sure, dammed good book. They are saying around you are the best writer in Spanish, but you can kiss my ass and you never hit a ball out of the infield in your life. You took LITERATURE too solemnly. You discovered life late. You come down down here and fight for free with an old character like me, who is fifty years old and weighs 209 and thinks you are a shit, Jorges, and would knock you in your ass. HOW DO YOU LIKE IT NOW, GENTLEMEN? Viva El Torre Blanco. Yours sincerely, Papá". Como es sabido, la antipatía era recíproca, e hizo este ramillete de flores para la tumba del escritor norteamericano: "Hemingway, que era un poco fanfarrón, terminó por suicidarse porque se dio cuenta que no era un gran escritor. Esto, en parte, lo redime".
         Por otro lado, al parecer, Borges no ha dejado de suscitar antipatías ni siquiera después de muerto. Recientemente, Arturo Pérez-Reverte, a pesar de ser él también autor de "best-sellers", aunque no aguante ser comparado con Tom Claney o Ken Follett, ha declarado públicamente que Borges era un gilipollas (N.T. en español en el original; en Latinoamérica podría tener el sentido de "huevón") porque siempre había admirado la cultura inglesa y despreciado la española. Y para terminar, en la red Internet circulaba un "Mail" de un gracioso con un título por demás explícito: "Odio a Borges", que empieza de esta manera: "Mañana habría cumplido un siglo, si no se hubiese concedido la única cortesía de su vida: que es la de morirse. Como usted, yo también lo odio, lo envidio, lo aborrezco..." y sigue en el mismo tono. Usted dirá: material para comerse la cabeza, complejo de castración, parricidio (literario, en nuestro caso)...

¿Un premio Nobel post-mortem?

         El director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Oscar Ibarra Mitre, con el beneplácito del gobierno Argentino, ha solicitado a la Academia sueca que se le conceda a Borges el premio Nobel de Literatura post-mortem. Tiene tantas probabilidades de obtenerlo, como yo de acertar a la lotería, pero tanto ha girado la polémica en torno a la no concesión del Nobel a Borges que es una de las acusaciones recurrentes que se le vienen haciendo al misterioso Comité que decide las concesiones del premio, tanto que se ha transformado en un verdadero tormento: "¿A quién le han dado el premio este año? ¿A Perico de los Palotes? ¡Es escandaloso! ¡Y pensar que no se lo dieron a Borges!".
         Se rumorea que estuvo a punto de recibirlo en 1976: habría debido compartirlo con Vicente Aleixandre; para colmo de la ironía en 1979 ganó el premio Cervantes, (5) pero también a medias con el poeta español Gerardo Diego; tuvo la misma suerte para el premio Formentor, en 1961, que lo obtuvo con Samuel Beckett.
         Se argumenta que han sido sus posiciones políticas las que lo han perjudicado, en particular, la aceptación de una condecoración del dictador chileno Pinochet. Puede ser. Después de todo, más allá de las declaraciones de principios, los criterios de asignación del Nobel, así como los que preceden a la formación del jurado, permanecen insondables. Se sabe que se trata de una maniobra en apariencia muy democrática, que recaba la opinión de la mayoría de las asociaciones de escritores de todo el mundo, pero quien decide el conjunto de candidatos, y sobre todo al vencedor, es un misterio que sólo el rey de Suecia (gran maestre de la logia de todos los países nórdicos y escandinavos), y el secretario vitalicio del Comité por él nombrado, actualmente el inefable Sture Allen, podrían desvelar. Para el común de los mortales, los archivos con el texto de las discusiones y las votaciones se abren sólo cincuenta años después de la concesión de un premio. De esta manera, algún investigador del futuro podrá tomarse la molestia de indagar porqué el nombre de Borges presentado al menos veinte veces, fue siempre rechazado. Entre otras cosas, se dice, que el que se oponía a su candidatura era el propio traductor sueco, que de esa manera probablemente quería hacer verdad el famoso adagio que deja a los traductores como traidores.
Borges posando
         De hecho, normalmente se toman sólo en consideración escritores muy prolíficos, preferentemente autores de novelas, una forma narrativa, como es sabido, aborrecida por Borges. Y aunque Borges fuera también un autor bastante prolífico, su producción consiste por decisión propia, por supuesto, en un número enorme de minúsculos fragmentos. Mientras que el Nobel, para quedarse en América latina, ha recaído en autores de novelas sólidas, como el olvidado guatemalteco Miguel Angel Asturias en 1967, (6) o como Gabriel García Márquez en 1982. Y aún más: a Pablo Neruda en 1971 y a Octavio Paz en 1990.
También transcurría en 1999 el centenario del nacimiento de Miguel Angel Asturias, pero bien pocos se han acordado del Nobel y de dos novelas como El señor presidente y Hombres de maíz.
         En cualquier caso, entre nosotros Borges siempre ha disfrutado de una gran suerte editorial: desde 1985 están disponibles sus obras completas (Tutte le opere, dos volúmenes de Meridiani a cargo de Domenico Porzio que en 1996 había alcanzado la VII edición), y sus colecciones de relatos más significativos, Ficciones y El Aleph, han sido reeditados innumerables veces. En Italia, escritores del calibre de Italo Calvino, que actualmente reposa cerca de él en el mismo cementerio de Ginebra, y Umberto Eco, han emitido juicios elogiosos sobre su obra. Y puede ser que el reconocimiento fuera el pago de una deuda. Como menciona Roberto Paoli en un bello libro dedicado precisamente a la relación de Borges con la cultura y los escritores italianos: "Creo que la influencia ejercida por Borges sobre la narrativa italiana en los últimos veinticinco años es la más amplia y fecunda que se haya recibido de un escritor extranjero. El impacto de Borges se inserta en la crisis cada vez más profunda de toda la escala de valores (realismo, ideología, historia, vanguardia) y ha modificado, o directamente trastornado, la escena (...) El primer mensaje realmente influyente desembarcado de América Latina (...) arraigó en Italia y en Europa destruyendo la idea errónea que se tenía de aquel subcontinente literario, considerado injustamente sólo capaz de engendrar escritores políticos o realistas más o menos mágicos." (7)

¿Un escritor para adolescentes?

Borges por Sabat
         "La gran lección de Borges está en su honestidad en ponerlo todo a la vista sin ocultar nada. [...] Toda frase corresponde a un pensamiento honestamente pensado. Cada frase queda como acuñada, perfecta, como si fuese una frase en latín. Debería ser lo normal, pero la literatura es siempre disfraz, maquillaje. En Borges en cambio, lo que pensó lo dijo de la manera más fácil, simple y económica posible. Yo he pasado por etapas antiborgeanas casi virulentas. Después vuelvo a una posición más razonable. Pero no tengo motivos para estar enojado con él. Hay una cosa que es bastante obvia, y es que Borges es un escritor para la juventud. En eso veo la influencia anglófila de su obra, pues la literatura inglesa está hecha para los más jóvenes. Seguir adorando a Borges en mi madurez sería un acto de narcisismo".
         Son palabras de César Aira, escritor Argentino muy prolífico que practica una forma personalísima de literatura fantástica. (8) Hacía falta un personaje excéntrico y sorprendente como él para hablar sin pelos en la lengua del "monstruo sagrado" por excelencia de la literatura argentina. Pero hay otro testimonio en el mismo sentido: "A Borges hay que comenzar a leerlo cuando se es joven: cuando las verdades son tan nuevas, incluídas las del arte. Mejor aún: hay que leerlo en la adolescencia, que es la edad barroca de la vida, armada de antítesis e hipérboles. Leemos entonces a Borges como oímos a un adulto que nos habla como a adultos, en un tiempo en que lo importante es crecer. Leer a Borges es una forma hermosa de crecer, de abrirse a la infinita luz del idioma". (9)
         ¿Es entonces Borges un escritor para adolescentes? Bien, yo tengo que admitir que la observación no me ha escandalizado en absoluto, al contrario, me ha convencido casi inmediatamente. Yo también en mi juventud he sentido una enorme admiración por Borges, aunque luego se me pasó la fiebre. Cuando he releído sus mejores cuentos y alguna poesía en versión original, he vuelto entusiasmado, porque es imposible no sucumbir al encanto de su prosa. (10)
         Y no puedo dejar de apreciar en alto grado al Borges lector, sus observaciones aclaratorias en sus libros y escritos. Pero ahora encuentro muy a menudo juicios acríticos que lo convierten en una especie de gurú del posmodernismo en literatura, maître à penser, inventor de frases de usar-y-tirar buenas para los "baci perugina". (N.T. Los "baci perugina" son unos bombones italianos que llevan en la parte interior del envoltorio un lema o frase más o menos literaria). Es necesario reconocer que también Borges ha sufrido eso que Ciorán ha definido como "el castigo de la consagración": es un autor que muy a menudo citan aquellos que no lo han leído y que se presta demasiado a la cita fácil, "autor de culto de los que no tienen cultura: el Homero del pobre", como dice Cabrera Infante. Y puesto que para algunos ya se ha convertido nada menos que en "el más importante escritor del novecientos", (11) he resuelto: comprometerme seriamente a emborronar con unas pintadas el monumento del Homero de la Pampa, una broma que a él que le gustaban las bromas, quizás le hubiera gustado.

La otra campana

Borges con Estela Canto
Borges con Estela Canto en La Costanera, 1945
         Borges era modesto, y ha sido un honesto crítico de su propia obra, excepto cuando ha contribuído sin recato, siendo difícil dirimir si por ingenuidad o coquetería, a su "momificación" en vida. En 1985 declaró en una entrevista al diario Clarín: "No hay escritor más aburrido que yo. Es una gran equivocación que la gente me lea, porque ni siquiera a mí me gusta lo que escribo, y por eso ni yo me leo". Y en otra ocasión: "Dicen que soy un gran escritor. Me gusta esa curiosa opinión, pero yo no la comparto. Mañana alguna persona brillante la rebatirá fácilmente y me etiquetará como un impostor o un estafador, o como ambas cosas a la vez. Yo no he cultivado mi fama, que será efímera." (12)
         En Italia ha habido alguien que ha querido acaparar el título de" persona brillante" asignada por el Gran Viejo en persona a quien le hubiese tachado de estafador; sobre el coro casi unánime de sus aduladores, se levantó en tiempos ya lejanos la voz del autorizado critico Giovanni Raboni para expresar del modo más áspero posible los motivos de su discrepancia respecto a la incipiente borgesmanía. Vale la pena mencionar largos pasajes de aquella vieja obra, puesto que es poco conocida, y sobre todo porque, más allá de los evidentes excesos polémicos, introduce argumentos nada peregrinos.
         Ya el inicio es todo un programa: "Me ha ocurrido a menudo pensar que los futuros estudiosos de la literatura recordarán nuestro tiempo con alarmante y esperemos compasivo estupor, de cómo hemos sido capaces de creer que Jorge Luis Borges era un gran escritor." Después de haber evocado el placer provocado por la publicación en Italia de relatos como Pierre Menard, autor de El Quijote o La biblioteca de Babel, o La escritura del dios, Raboni, le da la primera estocada: "¿Cómo ha podido suceder que este formidable especialista de la fabulación se transformase poco a poco (mientras, su producción crecía desmesurada y repetitiva y, por último, decisivamente insignificante, con cuentos que son patéticas y deslucidas copias de Ficciones y centenares de poesías frías y soporíferas) en un protagonista de la literatura del Novecientos, en uno de los mejores intérpretes de la conciencia y sensibilidad de nuestro tiempo y enfín, sin término medio, en el más grande escritor viviente?" Y todavía, subiendo de tono, para sorprender quizás y perturbar a los lectores amantes de Borges: "¿Dónde ha empezado esta gigantesca puesta en escena gracias a la cual un bonito globito colorado se ha transformado en un globo aerostático, una nave de Montgolfier, una ballena volante?". Urca.
         Pasando por alto las razones que pueden haber impulsado "al inconciente colectivo de los literatos europeos" para inventarse el "personaje Borges", Raboni pasa a indagar las causas de su éxito y extrae lo que sigue: "Los mismos motivos que hacen de los cuentos de Borges mecanismos perfectos, simples, implacables (...) producen en un gran número de sus lectores la impresión, la ilusión, el efecto óptico de su grandeza. Las simples, elementales, metáforas que Borges muestra con el laberinto, el espejo, el doble, el libro infinito y asi sucesivamente parecen hechos a propósito para hacer saborear la ebriedad de la complejidad y la euforia de la altura a quienes no son capaces de encontrarlas donde realmente están: en la proliferación de metáforas organizadas pero ocultas 'dentro' de la escritura y protegidas del humorismo, de la desesperación, de la pasión por la autenticidad de un Kafka, de un Beckett, de un Celine. Con Borges se viaja por el infinito a bajo precio y con billete de ida y vuelta; se disfruta del vértigo de las altas cotas elevándose a pocos metros de la tierra". (13)

¿Escritor o filósofo?

         A medio camino entre los partidarios incondicionales y las críticas ácidas se ha situado siempre Antonio Tabucchi. Su defensa, sin embargo, me parece albergar más dudas de las que aparenta: "Yo no sé si Borges era un auténtico escritor o más bien un filósofo que ha usado la literatura: pero ésta es obviamente una cuestión intrascendente y quizás un sofisma. Es verdad que algunos de sus relatos hoy nos pueden resultar hasta excesivamente académicos y eruditos, sobrecargados de una quincallería de símbolos barrocos, teorías esotéricas verdaderas o presuntas, de espejos deformantes y viejos libros apócrifos encuadernados en marroquinería, manteniendo (más bien, adquiriendo siempre más) la fuerza ambigua y alarmante de la apología. Pensemos por ejemplo en El Aleph. ¿Habrá un punto del universo desde el cual el universo mismo (que podemos ser nosotros mismos) pueda ser abarcado en su totalidad? Es una superstición humana que matemáticos estrafalarios, filósofos metafísicos, pensadores capciosos y teólogos herejes han cultivado con maniático esmero y conmovedores silogismos". (14). Uf, dudar de que Borges sea un verdadero escritor o un filósofo me parece implicarse en una aventura en terreno pantanoso... Por ejemplo, Ernesto Sábato, otro gran enigma de la literatura argentina contemporánea, le niega resueltamente a Borges la categoría de filósofo. Es verdad que pone su juicio en boca de un personaje de una de sus novelas, nada menos que un cura, pero la crítica no es por eso menos afilada y devastadora. He aquí un diálogo de Sobre héroes y tumbas:
         "- (...) Lo que no tolero son sus divertimentos filosóficos, aunque mejor sería decir seudofilosóficos. (...)
         - Sin embargo, padre, en un periódico francés se habla de la hondura filosófica de Borges. Rinaldini convidó con cigarrillos mientras sonreía mefistofélicamente.
         -Qué me dice...
         Encendió los cigarrillos y dijo:
         - Vea, tome cualquiera de esos divertimentos, La biblioteca de Babel, por ejemplo. Allí sofistica con el concepto de infinito, que confunde con el de indefinido. Una distinción elemental, está en cualquier tratadito desde hace veinticinco siglos. Y naturalmente, de un absurdo se puede inferir cualquier cosa. Ex absurdo sequitur quodlibet. Y de esa confusión pueril extrae la sugerencia de un universo incomprensible, una especie de parábola impía. Cualquier estudiante sabe y hasta me atrevería a conjeturar (como diría Borges) que la realización de todos los posibles a la vez es imposible. Puedo estar de pie y puedo estar sentado, pero no al mismo tiempo."
         - ¿Y del cuento sobre Judas?
         - Un cura irlandés me dijo un día: Borges es un escritor inglés que se va a blasfemar a los suburbios. Habría que agregar: a los suburbios de Buenos Aires y de la filosofía. El razonamiento teológico que presenta el señor Borges-Sörensen, esa especie de centauro escandinavo-porteño no tiene de razonamiento casi ni la apariencia. Es teología pintada. Yo también si fuese pintor de la escuela abstracta, podría pintar una gallina mediante un triángulo y unos puntitos, pero de eso no podría sacar caldo de gallina (...)".
         Para un escritor como Sábato que de la identificación arte-vida, siempre ha hecho una bandera, le resultaba indigerible el enfoque de Borges, a medias entre las grandes cuestiones existenciales y el juego desinhibido. Con sentimientos análogos el poeta italiano Mario Luzi, que comparte con Borges el papel de eterno candidato al Nobel, se pregunta si Borges habría verdaderamente padecido la "ausencia de Dios" o si se limitaba a "explicar una especie de poética maravillosa frente al modelo laberíntico del mundo". Sin tener la pretensión de responder a esa pregunta, para concluir, quiero recordar que según su traductor francés, Jean Pièrre Bernés, antes de morir Borges rezó el Padre Nuestro. Lo hizo a la antigua usanza, en inglés, en francés y en español por tres veces, antes de caer en coma, con la esperanza de morir con la oración en los labios. Amén.

NOTAS

(1) Entre otros, Esplendor y derrota, de María Esther Vázquez Ñamiga que contiene este juicio lapidario: "Borges triunfó y se vio envuelto en el esplendor de la fama, eso lo hizo feliz. Y sin embargo, fue incapaz de lograr un amor entero en el momento adecuado. Para mí, esa es su gran derrota."

(2) Se le reprocha de haber dado a la imprenta textos que Borges hubiera querido dejarlos en el olvido, y de haber forzado su salida de Buenos Aires para llevarlo a morir a Ginebra. Prefiero pensar que por lo menos ha endulzado los últimos años de la vida del escritor, cuando se lamentaba de que estaba harto de ser Borges.

(3) Autor, entre otros de Sobre héroes y tumbas, una novela que no se pueden perder los amantes de la literatura fantástica, que no menosprecia la investigación sicológica-existencial y su confrontación con la historia. Una novela recorrida por una visión alucinada de un mundo a merced de la Secta de los Ciegos, al servicio del Príncipe de las Tinieblas, en cuya atmósfera se ha inspirado en parte el grupo de rock argentino Los Cadillacs. De su libro Antes del fin, publicado este verano, ya se han vendido 150.000 ejemplares.

(4) "En 1976, cuando los militares dieron el golpe de Estado, yo pensé: al fin vamos a tener un Gobierno de caballeros. Pero ellos mismos me hicieron cambiar de opinión, aunque tardé en tener noticias de los desaparecidos, los crímenes y las atrocidades que cometieron." De una entrevista concedida a Carlos Ares, El País, 3 de noviembre de 1985.

Borges con Bioy Casares
    Borges con Adolfo Bioy Casares

(5) El Cervantes es un premio internacional nacido en 1976 que premia la carrera de un autor; en este sentido es un poco el "Nobel de la lengua española" y se concede todos los años alternativamente a un escritor español y a uno de idioma español pero de Centro o Sudamérica. Entre otros, lo han recibido los mexicanos Octavio Paz y Carlos Fuentes, los argentinos Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares, los cubanos Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante. En 1999 se le otorgó al escritor chileno Jorge Edwards.

(6) Lo curioso es que Asturias estaba convencido que jamás recibiría el Nobel por sus posiciones anti-imperialistas y les confiaba a sus amigos: "Se lo darán a Borges porque es de derecha, a Neruda y a mí nunca porque somos de izquierda". ¡Hombres de poca fe!...

(7) Roberto Paoli, Borges y los escritores italianos, Liguori editore, 1997.

(8) Para nosotros casi totalmente desconocido, su única novela traducida es Ema la prigionera publicado por Bollati Boringhieri, pero en su tierra natal es considerado un autor de culto y recientemente ha sido reconocido también en España. En la novela Los misterios de Rosario donde un científico loco provoca unas perturbaciones microclimáticas con la consiguiente tormenta de nieve sobre una ciudad de clima semitropical, etiqueta a los personajes con los nombres y apellidos de sus críticos.

(9) Víctor Hurtado Oviedo, Padre nuestro, A diez años de la muerte de Borges, 1996.

(10) Como ha escrito Mario Vargas Llosa, otro de los dinosaurios de las letras hispanoamericanas: "El estilo borgeano es uno de los milagros estéticos del siglo que termina, un estilo que desinfló la lengua española de la elefantiasis retórica, del énfasis y la reiteración que la asfixiaban, que la depuró hasta casi la anorexia y obligó a ser luminosamente inteligente".
(Extraído de un artículo publicado en La Nación, 1999)

(11) "Diez años después de su muerte Borges emerge claramente como el único autor emblemático del siglo XX representante de los valores estéticos todavía esenciales para la supervivencia de la literatura universal."
Palabras de Harold Bloom, 1996.

(12) Y en el Prólogo de la edición de 1954 de la Historia universal de la infamia, casi veinte años después de su primera edición, escribía: "Se trata del irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias ".

(13) Giovanni Raboni, I bei tempi andati dei brutti libri, Transeuropa, 1988.

(14) Antonio Tabucchi, Borges veggente cieco. Appunti per un centenario, "Corriere della Sera" 18 agosto 1999.

N.T.:
Algunas de las obras publicadas sobre Borges con ocasión de su aniversario:

La eternidad de lo efímero. Juan Arana. Biblioteca Nueva (Madrid, 2000).
Correspondencia Macedonio-Borges. Carlos García. Corregidor. (Bs. Aires, 2000).
El joven Borges poeta. Carlos García. Corregidor. (Buenos Aires, 2000).
Jorge Luis Borges. Intervenciones sobre pensamiento y literatura. W. Rowe. Cl. Canaparo, A. Louis (editores). Paidós. (Buenos Aires, 2000).
Borges en Bruselas. Robin Lefere (editor). Visor. (Madrid, 2000).
Borges, la posesión póstuma. Juan Gasparini. Foca. (Madrid, 2000).

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17 haikus de Borges

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PAGINA ACTUALIZADA EL 14/2/2002