Buenos días, mañanita prodigiosa

        Ese tembleque ansioso que me entra me tiene malita. Se habla de la erótica del poder y yo no se la encuentro. Erótica hay cuando el reojo de mi amado me desnuda echándole chispitas sus ojos y yo me ablando y me balanceo insinuante rogándole un rózame, cariño y más cosillas que son muy íntimas y no me gusta ni debo contarlas. Ahí sí que hay erótica, pero, ¿en el poder?. Y eso del poder qué es que a la gente la tiene loca. El encargado lo ejerce con el empleado, el jefe con el encargado, los dueños con el jefe, los bancos con los dueños, el maestro con los alumnos, el inspector con los colegios, los colegios con los padres, el parado ¿?, a éste no se le ve mucho poder, bueno, sí, quizá en la tabernilla pero, paso del tema; ¿erótica del poder? Y ahora puedo y no quiero y cuando quiero no puedo, ¿estará aquí el secretillo? ¿la junterilla entre poder y querer? ¿Con ella se despertará el deseo? El que puede y quiere, ¿qué desea? Puede joder o puede no joder. Ahí está. Ya lo sé. Por joder el poder se vuelve erótico.



BRAVAS MIEMBRAS

        Palabras son ideas, pero ¿y los actos?

        El "poyaque", ¿o deberé decir el "miembroque"?

        Hoy no me vale una palabra, no me la creo. Son los gestos. Alabo a la ministra por su gesto de usar la palabra "miembra". En ese foro, da en el culito a los machistas (hay intencionalidad en su uso). Es ahí donde creo que está la importancia, en la intencionalidad, en usar el recurso "palabra" para una acción concreta. Creo que ella misma estará harta de ver como las mujeres trabajadoras continúan fieles al "pues ya que" tengo un descansito, de paso compro los "HUEVOS", que me faltan para la cena de esta noche, no se lo dije a la asistentA que los compre. ¡Qué casualidad: son siempre mujeres las contratadas para que limpien las casas! Y esos "poyaques" les toca a las féminas de larga jornada laboral, sin vacaciones, pese a que estén insertas en el mundo laboral, pese a que aporten billetitos..., estas mismas mujeres tienen más trabajo en sus hogares, y de verdad, desconozco la razón, intuyo que es miedo a ¿?, pero de lo que soy testigo y me duele, es de observar como en la vida familiar no hay paridad. Quizás resuene aún en las cabecitas el consejo que nos daban: -"Calla, mujer. Hazlo. Él no sabe...". ¿Y saben dónde pueden comprobar que hay pocos actos que nos igualen? En la puerta de los colegios, en las reuniones de AMPAS, en los mercados y en los comercios donde se compran las prendas infantiles, en las peluquerías y en los centros de cuidado y belleza de cuerpo, gimnasios y otros, en las tiendas de juguetes por navidad y en los paseos cuando los niños sacan sus motos y las niñas sus cochecitos con bebés después del día de reyes, en los cortejos de los adolescentes, en los bares, en los acuerdos por separación o divorcio, en las personas que asumen la responsabilidad de cuidar a los ancianos, en los programas para tontainas de la tele, en la publicidad... Preguntárselo a los sociólogos y a los publicistas. NO OBSERVO GESTOS NI ACTOS que me induzcan a creer que existe una revolución de la auténtica, donde el respeto a la persona, haya nacido con los atributos sexuales que la genética le haya concedido y haya decidido su gusto sexual libremente sean palpable. No lo percibo. ¿Estaré ciega?

        Sí que hay un número de personas libres que asumen las consecuencias, pero hay mucho de "boquilla" y el despilfarro económico en estos asuntos no tiene perdón: las mujeres están sufriendo (en presente continuo lo afirmo).

        No me vale, no, ubicarme en el marketing. No, cuando todavía te miran mal por no ir bien depilada, por llevar la camisa arrugada, por llevar a los hijos con un descosido (y digo hijos ahora porque me conviene economizar palabras y usar el genérico). Por favor, más libertad y más actos de auténtica paridad que repercutan en la vida familiar, que es la que perpetua el machismo.

        Y por último, expreso un deseo: deseo que en los foros donde una palabra sea herramienta para ELIMINAR el machismo, allí SÍ hay que ser una desobediente sistemática de la RAE, aunque te insulten y te llamen "inculta".

        ¡Bravas miembras!