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Para mi hija Rosa

        He revisado las páginas de Internet buscando algún comentario sobre la recién estrenada película Las trece rosas y he encontrado pocos que analicen su contenido, en cambio hay muchos que examinan los mediocres aspectos cinematográficos de la cinta. Para mí lo interesante en una película que no es de ficción, sino una historia que nos atañe, no son sus cualidades técnicas o artísticas, sino cómo se cuenta la historia y los efectos que produce en el espectador. Anteriormente ya se había hecho un documental sobre el fusilamiento de las trece chicas militantes de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) titulado Que mi nombre no se borre de la historia, dirigido por Verónica Vigil y José María Almela. Supongo que ahora se le ha dado un formato dramático/traumático para hacerla más asequible al gran público.

        No me preocupa que se inicie con la presentación de un Madrid teatral como un sainete bélico bastante artificioso, me preocupa lo que allí sucedió a vista y paciencia de un pueblo aterrorizado.

        Las situaciones de abuso favorecen el desarrollo de patologías sádicas. La dictadura de Franco, como todas, supo poner en puestos clave de la represión a verdaderos psicópatas de la crueldad que no desaparecieron a medida que se afianzó el nuevo régimen sino que se mantuvieron en sus puestos en comisarías y tribunales hasta 1975, mientras duró el despotismo franquista. Son personas morbosamente crueles que se ensañan desde posiciones autoritarias y seguras con los que no se pueden defender, verdaderos monstruos que difícilmente se clasifican dentro de categorías humanas pero que sin embargo se visten como los demás, peinan a sus hijos y algunos hasta son amantes de la música clásica como ocurría entre los oficiales nazis.

        Las trece rosas es un episodio más de la indignidad humana, en este caso provocada por la represión franquista de posguerra, donde el pánico y el odio de la población madrileña sirvió de caldo de cultivo para las denuncias, venganzas y todo tipo de bestialidades. Las trece chicas, siete de ellas menores de edad, fueron detenidas, vejadas y torturadas antes de ser condenadas a muerte.

        En la prisión hay escenas poco afortunadas donde las presentan haciendo bromas inocentes como si fueran orfelinas de las monjas, cosa que no se corresponde con el dramatismo del hacinamiento que compartían con otras cinco mil reclusas en la cárcel de Ventas, algunas de ellas madres con bebés que diariamente morían por inanición o falta de higiene. Se nos presenta a la población reclusa, muchas de ellas con el pelo rapado y marcas de las recientes torturas sufridas, comportándose con la misma despreocupación que si estuvieran celebrando una inocente fiesta escolar. Situaciones poco creíbles que hacen perder solidez a la historia y ponen de manifiesto un guión flojo y a veces aburrido. Hay tres escenas concretas que si el director hubiera sido un poco más autocrítico seguramente las habría suprimido: la arenga de las chicas al pueblo, el baile en el patio de la cárcel y la entrega de la carta de una de ellas a su niño.

        Dentro de la revisión de la memoria histórica que se está llevando a cabo bajo el actual gobierno democrático, es bueno recordar el fusilamiento de las trece chicas y cuarentaitrés muchachos en 1939, algunos de ellos eran sus parejas. No habían hecho otra cosa que trabajar en la clandestinidad repartiendo propaganda antifascista y oponiéndose al establecimiento del nuevo régimen de los vencedores. Durante el período que estuvieron detenidas se sospechó que unos miembros de las JSU habían sido los autores del asesinato del comandante Isaac Gabaldón y de su hija, encargado del "Archivo de Masonería y Comunismo" y alto cargo responsable de las detenciones y fusilamientos en Toledo. Es posible que los asesinos fueran amigos o familiares de las víctimas del odiado comandante. La reacción oficial fue inmediata: la represalia ciega en la carne de inocentes. Franco aplicaba las mismas técnicas primitivas que había utilizado en la guerra de Africa para escarmentar al enemigo: si mataban a un legionario se pasaba a cuchillo a varios centenares de prisioneros moros.

        Es imprescindible recordar este salvaje episodio de la represión franquista porque el tiempo torna los acontecimientos casi en inverosímiles y no se deben ignorar las cosas que realmente sucedieron por increíbles que parezcan y sobre todo porque por desgracia siguen repitiéndose actualmente en otras partes del planeta. Esta película pertenece al género traumático porque en situaciones normales son inimaginables sus escenas. La injusticia, el abuso, la brutalidad contra personas indefensas detenidas únicamente porque piensan de manera diferente mostradas en la película de Emilio Martínez-Lázaro no es muy distinta a la que en estos mismos instantes están sufriendo los presos de cualquier prisión tercermundista sin garantías legales. Tal vez un defecto de Las trece rosas sea exhibir la violencia de forma demasiado explícita, recurso fácil para provocar la emoción del público pero poco efectivo para una toma de conciencia más profunda. La sugerencia del ensañamiento al que las sometían es a veces mucho más efectivo que la visión de un puñetazo en el vientre o unos cigarrillos apagados en las partes más sensibles del cuerpo.

        La España de Franco perpetró un holocausto local, un genocidio por razones políticas, sin ni siquiera guardar las más mínimas garantías judiciales que demostraran que el condenado estaba implicado en lo que se le acusaba. Son conocidas las matanzas realizadas en determinados gremios por el sólo hecho de pertenecer a una profesión como por ejemplo las represalias masivas a maestros de escuela a los que se les aplicaba directamente la "presunción de culpabilidad" de ser "rojos" y ateos.

        En este contexto, fusilar a trece chicas por tener ideas políticas de izquierda entra dentro de la truculencia atroz que desencadena todo régimen tiránico para escarmentar a un determinado sector de la sociedad y crear la alarma social que genere pánico. Aunque estas acciones de los regímenes tiránicos puedan parecer crueldades gratuitas tienen un objetivo muy concreto: la ejecución de estas chicas, por ejemplo, hizo mucho más fácil para Pilar Primo de Rivera crear después la Sección Femenina de Falange Española con una juventud sumisa y medrosa, bajo la advocación de vírgenes y santos.

        No sé si salvajadas como las de la posguerra española se puedan evitar, pero por lo menos es fundamental saber que ocurrieron y poder reconocer el germen del fanatismo en muchas de las acciones policiales, militares, o simplemente burocráticas, aparentemente intrascendentes de la vida diaria.

        Haber vivido esa época podría provocar veinte o treinta años de depresión, como de hecho ocurrió. Afortunadamente verla en el cine sólo nos deprime un par de días, pero es suficiente para darnos cuenta de la magnitud de la barbarie.

Leopoldo de Trazegnies Granda

 

LAS TRECE ROSAS

Título original: Las trece rosas
Director: Emilio Martínez-Lázaro.
Guión: Ignacio Martínez de Pisón; basado en un argumento de Pedro Costa, Ignacio Martínez de Pisón y Emilio Martínez-Lázaro; inspirado en el libro "Trece rosas rojas" de Carlos Fonseca.
Reparto: Pilar López de Ayala (Blanca Brisac), Verónica Sánchez (Julia Conesa), Marta Etura (Virtudes González), Nadia de Santiago (Carmen), Gabriella Pession (Adelina García), Félix Gómez (Perico), Fran Perea (Teo), Enrico Lo Verso (Cánepa), Asier Etxeandía (Enrique), Alberto Ferreiro (Valentín), Adriano Giannini (Fontenla), Goya Toledo (Carmen Castro), Bárbara Lennie (Dionisia Manzanero), Secun de la Rosa (Satur), Luisa Martín (Dolores).
Productor: Pedro Costa y Enrique Cerezo.
Director fotografía: José Luis Alcaine.
Director artístico: Edou Hydallgo.
Montaje: Fernando Pardo.
Música: Roque Baños.
Vestuario: Lena Mossum.
Género: Drama histórico
País: España
Duración: 132 min.
Estreno en España: 19 Octubre 2007.

RESEÑAS DE OTRAS PELÍCULAS:
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PAGINA ACTUALIZADA EL 2/11/2007