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LA FIESTA DEL CHIVO

AUTOR: Mario Vargas Llosa
Alfaguara. Lima, 2000.

URANIA EN "LA FIESTA DEL CHIVO"

María-Elvira Luna Escudero-Alie, Trinity College, Washington D.C.

*(Este artículo fue publicado por primera vez en El Patio, La Revista de la Cultura Hispano-Guineana, Número 70, junio-julio 2000)

"La Fiesta del Chivo" ( Lima, 2000) es la última novela de Mario Vargas Llosa, el eximio escritor peruano, nacionalizado español por motivos de fuerza mayor, y ciudadano del mundo para beneplácito de todos. Una vez más el gran Vargas Llosa nos ha sorprendido y deleitado con esta excelente novela. Confío plenamente en que "La Fiesta del Chivo" contribuya a convertir la entrega del Nobel de Literatura de este año, en una gran fiesta para los millones de lectores y admiradores del gran escritor, si acaso este octubre recibe el tan merecido premio, el único que le falta.

La presentación de "La Fiesta del Chivo" en el Auditorio de la Universidad de Lima, el pasado mayo, fue a todas luces un inmenso éxito. En su breve paso por Lima, Vargas Llosa fue aplaudido, asediado, fotografiado, comentado en revistas, periódicos, calles y plazas, y desde luego invitado a muchísimos programas de radio y televisión. Mario Vargas Llosa habló con su proverbial valentía de "La Fiesta del Chivo", novela sobre la dictadura de Rafael Trujillo, que asoló la República Dominicana desde 1930 hasta 1961. Vargas Llosa se refirió también al peligro de las dictaduras en general, y a las características de la dictadura peruana en particular. A su paso por México hizo lo propio; presentó su novela y llamó a las cosas por su nombre.

Como sabemos, el contexto político no ha variado en el Perú; tenemos por tercera vez a Fujimori en el Palacio de Gobierno; pero por lo menos en México han soplado vientos de esperanza y los setenta y un años del PRI han llegado a su fin.

Podría rellenar las próximas líneas comentado esta gran novela; o acaso refiriéndome a la coherencia política y responsabilidad histórica y ética que caracterizan a Vargas Llosa; empecinado defensor de la libertad y la justicia; pero necesitaría muchas páginas para hacerlo y no será posible esta vez. Comparto en cambio brevemente, algunas palabras sobre un sólo personaje de la novela; el más conmovedor para mí: Urania. La hija del doctor Agustín Cabral, Urania, no es un personaje histórico, como lo son por ejemplo los Trujillo, Joaquín Balaguer, Abbes García, y otros. Ella y su padre son seres de ficción. La pluma astuta y precisa de Vargas Llosa nos presenta los muchos estragos de la dictadura de Trujillo, a través de los ojos inteligentes de una mujer atormentada. Vargas Llosa nos dibuja primero una Urania independiente, profesional exitosa en un mundo competitivo, misteriosa, inteligente, inalcanzable en su ser más profundo; una mujer lejana que guarda un abrumador y doloroso secreto, acaso un trauma infantil tan execrable como el incesto, o tal vez sufre por un amor imposible, quizás una enfermedad incurable. No lo sabemos; pero ese misterio y esa ambigüedad contribuyen a crear un clima de tensión dramática a lo largo de la obra, que azuza nuestra curiosidad, nos envuelve, y estremece. Urania es una mujer de 49 años, profesional de éxito y soltera, que vive en un exilio auto infligido, en Estados Unidos, donde se ha re-inventado a sí misma. Ella decide volver a Santo Domingo después de 35 años debido a la enfermedad de su padre cuyas cartas no ha contestado jamás.

Al llegar a Santo Domingo sentimientos encontrados la asaltan; ama y odia su ciudad, atesora y repele sus memorias; llegó el momento de hacer frente a todos los "demonios" que lleva agazapados en el alma. Urania va reconstruyendo su propia historia a medida que sus recuerdos van cediendo a la severa represión mental que se ha impuesto como mecanismo de defensa para establecer una distancia frente al pasado, para ser capaz de vivir sin hundirse en un pozo de furiosa melancolía, para olvidar lo inolvidable. La enfermedad avanzada de su padre no es óbice para que Urania desahogue su odio acumulado, ni tampoco ocasión para derretir la muralla protectora que ha erigido entre ella y el mundo de su infancia.

La cuidadosa arquitectura narrativa de Vargas Llosa nos presenta como de costumbre una novela totalizadora, múltiples voces, juegos con el tiempo, datos escondidos, y discursos entretejidos. La Urania adulta que reflexiona y odia, se mezcla con la Urania niña y adolescente huérfana de madre, piadosa, y aplicada, que adora y cree ciegamente en su padre. Urania recuerda el tiempo en que el doctor Agustín Cabral, apodado "Cerebrito", era colaborador cercano y sincero admirador de Trujillo. Luego el padre se desdibuja ante la desesperación que lo embargó cuando sin saber por qué había caído en desgracia frente a su venerado jefe, el dictador.

Urania va hilando los trajinados caminos de su memoria para mostrarle al doctor Cabral su mundo antes del derrumbe de sus horizontes, antes del asalto a su inocencia, antes de la hecatombe. Luego en contraste, le recuerda detalladamente el momento en que ella se convierte en una víctima más de la inefable dictadura. Le descubre entonces sin piedad a su apoplético padre de ochenta y tres años, las paredes supuradas de su corazón envenenado por el odio, baldío de ilusiones. Urania obliga a su padre a enfrentarse también a sus propios "demonios"; a su cobardía insigne, a su absurda reverencia a un dios político y tirano que los arrastró a la desgracia.

Un personaje oportunista y abominable; Manuel Alfonso, será el encargado de manipular hacia lo inenarrable al perturbado doctor caído en desgracia :

'' -¿Sabes una cosa, Cerebrito ? Yo no hubiera vacilado ni un segundo. No para reconquistar su confianza, no para mostrarle que soy capaz de cualquier sacrificio por él. Simplemente, porque nada me daría más satisfacción, más felicidad, que el Jefe hiciera gozar a una hija mía y gozara con ella. No exagero, Agustín. Trujillo es de esas anomalías en la historia. Carlomagno, Napoleón, Bolívar: de esa estirpe. Fuerzas de la Naturaleza, instrumentos de Dios, hacedores de pueblos. Él es uno de ellos, Cerebrito. Hemos tenido el privilegio de estar a su lado, de verlo actuar, de colaborar con él. Eso no tiene precio." (p.343-344).

Urania culpa con razón a su padre de haberla echado a los leones; de haberla canjeado para granjearse nuevamente las simpatías del dictador. El doctor Cabral entrega a su hija al dictador, al macho cabrío, como otros colaboradores rastreros le entregan sin escrúpulos a sus esposas en una suerte de fiesta de masoquismo y degradación moral. La Urania adolescente, descubre entonces la traición, la corrupción, la humillación, el sexo, el ultraje y la violencia al mismo tiempo. La Urania adulta rechazará todo tipo de relación sentimental en su vida. Sí, vivirá con esa limitación, con esa amputación de su sensualidad, y de su confianza hacia los hombres. A diferencia de la Yerma de García Lorca, que es rechazada por su marido, Urania será la que rechace a todo aquel que intente aproximarse a la orilla de sus afectos.

Urania es entonces la Ifigenia mitológica que estuvo a punto de ser inmolada para aplacar la ira de la diosa Artemisa. Ifigenia fue rescatada por la misma Artemisa en el altar de los sacrificios y reemplazada por un ciervo, o por un oso según otras versiones de origen ático. El sacrificio de Urania no se consumó tampoco, a ella la salvó la impotencia de Trujillo, el otrora macho cabrío; pero la arrojó despiadadamente a la furia de éste por haber sido testigo de su oprobio. Ifigenia supo lo que Agamenón, su padre fue capaz de hacer, y Urania supo también a qué sórdidos extremos de servilismo había llegado Cabral. Así como Abraham que para probar su amor incondicional a Dios, está dispuesto a sacrificar en holocausto a su unigénito hijo Isaac en los montes de la tierra de Moriah, Agustín Cabral hundido en la desesperación, está decidido a hacer cualquier cosa para recobrar el favor del dictador Trujillo, incluso inmolar a su única hija, una niña de catorce años.

La novela empieza con el nombre de Urania y digresiones sobre el mismo:

" Urania. No le habían hecho un favor sus padres; su nombre daba la idea de un planeta, de un mineral, de todo, salvo de la mujer espigada y de rasgos finos, tez bruñida y grandes ojos oscuros, algo tristes, que le devolvía el espejo". ( p. 11). Urania nos recuerda de alguna manera al Zavalita de: "Conversación en la Catedral", (Barcelona, 1969) otra gran novela de dictaduras de Vargas Llosa. Urania, a diferencia del frustrado Zavalita, logra de alguna manera resolver el conflicto con su padre, al enfrentarlo y liberarse así de los "demonios" que la poblaban. En efecto, un pensamiento positivo y de reconciliación con la vida en general y la vida familiar en particular, cierra la obra: '''Si Marianita me escribe, le contestaré todas las cartas', decide." (p. 518).

Urania no es el único personaje fascinante de esta gran novela; pero es el único personaje femenino que trasciende su circunstancia.

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PAGINA ACTUALIZADA EL 21/5/2001