"La Regenta".
Leopoldo Alas (Clarín).
Daniel Cortezo y Cª, Biblioteca "Artes y Letras". Barcelona, 1884-1885.

Mapa Imaginario               
Mapa imaginario de España
VETUSTA

por Leopoldo de Trazegnies Granda

Vetusta         "La heroica ciudad dormía la siesta". Fermín de Pas, el Magistral, la observaba con un catalejo desde las azoteas de la catedral como si esas calles y esos caserones solariegos que él repasaba a través del anteojo constituyeran su coto privado de caza. En realidad era el máximo guardián de sus almas, el que cuidaba el redil, pero como todo pastor tenía la tentación secreta de convertirse algún día en lobo.

        Graduando bien el instrumento óptico el prelado llegaba a divisar hasta el Campo del Sol, barrio obrero apartado de la grey de donde provenían pocos feligreses. Más cerca estaba La Colonia, ese barrio de indianos ricos, presuntuosos y un poco libertinos llamados los "vespucios". Pero a sus pies, a partir de los propios lienzos de piedra catedralicios arrancaba Encimada, el casco antiguo de la señorial ciudad, habitada por distinguidas damas de la sociedad pequeño-burguesa local. Ana Ozores, llamada La Regenta, era una de las damas principales, joven y hermosa, casada con el ex Regente de la Audiencia don Víctor Quintanar, hombre mayor y despreocupado de su sensible esposa.

        Vetusta ocupa el espacio geográfico de Oviedo, en ella llueve intermitentemente como en la capital del principado, pero no es la misma. En Vetusta hay más pasiones por metro cuadrado, sin descontar las baldosas catedralicias ni los nobles suelos de los aposentos provincianos. La urbe vivía inmersa en una atmósfera de religiosidad y sexo típica de las ciudades españolas de siglos pasados, donde se mezclaban los olores místicos con los eróticos, el de la cera ardiente con el de los perfumes añejos que sugerían los finos encajes de lencería heredada.

        En las sociedades reprimidas como la vetustense el deseo de amor físico crece en proporción inversa a la falta de libertad. Lo sufren todos sus miembros por igual y surgen ridículos donjuanes y confundidas almas cristianas que terminan convirtiendo a sus célibes y atormentados confesores en confidentes de sus frustraciones sentimentales. Los diálogos de confesionario turban tanto a confesores como a confesadas en un clima de morboso encubrimiento, la falsa moral católica que en algunos casos llega a crear una férrea relación emocional entre beatas y curas. En Vetusta los frailes codiciaban a las pecadoras más ilustres y eran motivo de rivalidades e intrigas entre los prelados de la diócesis.

        En esa sociedad hipócrita y pacata, Ana Ozores se distingue como una mística soñadora que lucha por encontrar un equilibrio imposible entre los placeres mundanos que le propone Alvaro Mesía, el don Juan de turno, y la equívoca tranquilidad espiritual de su confesor Fermín de Pas.

        En el mapa imaginario de España hubo muchas Vetustas y Anas Ozores, pero ésta es la única que se encuentra perfectamente documentada.



El espacio geográfico de la ciudad de Oviedo ha sido uno de los más redefinidos en la geografía imaginaria de la literatura española:
Armando Palacio Valdés la llama Lancia en su novela La casa del Maestrante. También se refiere a Avilés como Nieva.
Andrés González Blanco la menciona como Ablanedo en su novela El veraneo de Luz Fanjul.

Otras muchas ciudades asturianas han sido rebautizadas en las obras literarias:
Ramón Pérez de Ayala sitúa en la costa asturiana a Pilares y Noreña. Igualmente menciona a Cienciella en su novela Luz de domingo y a Reicastro situada en el valle de Congosto.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 7/3/2006

     

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